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Su jefe de doctorado: ¿adversario temerario o súper tutor? 2º Parte

PHIL DEE
REINO UNIDO

20/07/01


 

Disfrutar de una buena relación con su tutor doctoral es esencial, pero, al igual que sucede con las citas románticas, existen una serie de "normas" para sacar lo mejor de ese su "ser querido" dentro del mundo académico. La primera de este artículo, publicado la semana pasada, consideraba las tres primeras reglas de base para su trato con su tutor, a saber, recordar que están de su parte, mantenerles informados de sus avances (o de su estancamiento) y averiguar qué es lo que les gusta. En esta columna analizaremos las tres reglas esenciales para desarrollar una relación estudiante-tutor mucho más dinámica.

Regla 1: gánese el respeto de su jefe

Conocí una vez a un buen estudiante de posgrado que solía aceptar ciegamente todas las ideas de su jefe simplemente porque carecía de confianza en sus propios razonamientos. Lo cierto es que su jefe estaba igualmente frustrado por la falta de iniciativa de su pupilo. Debe saber que uno no sólo se gana el respeto de su tutor amasando muchos buenos resultados, por muy importante que esto sea. En el campo científico, uno siempre ha de mostrar que es capaz de pensar de forma independiente. Muchos doctorandos desarrollan sus propias ideas pero desperdician oportunidades de progresión profesional bien porque las minusvaloran, bien porque no tienen las agallas de comunicárselas a otros. Si desarrolla el hábito de hablar con su tutor cada vez que tiene buenas hipótesis o sugerencias, tendrá mucho más confianza en sí mismo a la hora de redactar trabajos y solicitudes de beca, o cuando tenga que hablar en público en el contexto de un nutrido congreso. Además, su jefe comenzará a ver que está desarrollándose como científico. Naturalmente, sentirá que todo es gracias a él, por ser tan buen tutor. No le desinfle la burbuja. La clave de la regla número cuatro es no intentar "venderle" a su jefe todas y cada una de las ideas que le vienen a la cabeza. Si lo hace, pronto se cansará de usted. ¿Por qué? Porque todos somos humanos y pocos de nosotros tenemos ideas realmente buenas más de una vez cada quince días. Así que esté preparado para morderse la lengua y espere hasta que su vocecilla interior le confirme que esa idea que tiene vale realmente la pena.

Regla 5: exprésese ante su jefe

Los doctorandos a menudo se quejan de que son simplemente esclavos: mano de obra barata. Es hasta cierto punto un cliché y supongo que todos los que somos o hemos sido estudiantes de doctorado lo hemos dicho al menos una vez. Mi respuesta es que no deberíamos ser tan derrotistas. En mi experiencia, muchos estudiantes no están habituados a hacer llegar sus demandas a los que están en puestos de autoridad y terminan siendo, sin duda, demasiado sumisos. Si aplican la regla cuatro, tendrá la ventaja inmediata de estar en una posición mucho más ventajosa en cualquier regateo. ¿Por qué? Porque su jefe le respeta. Recuerde que está siendo formado para ser un científico investigador independiente. Así que olvídese de la vieja relación estudiante - tutor; ahora está ante algo nuevo. Comience a negociar todo lo que le importe con su jefe: los objetivos de su proyecto, su volumen de trabajo, lo que sea. Si todavía no tiene tablas a la hora de tratar con jefes, no sea demasiado agresivo. Apúntese a un curso de formación en asertividad. Le mostrarán cómo escuchar a su jefe y cómo tratarle de modo que aumenten las posibilidades de obtener un resultado favorable, o en otras palabras, el resultado que necesita. Si es asertivo en el sentido más puro de la palabra, su jefe también sentirá que obtiene lo que a él le conviene. Una vez experimente la sensación de que, gracias a su comportamiento, todo salió bien para ambas partes, querrá repetir.

Regla 6, la de oro: escriba para su jefe

La regla de oro es obvia. Si quiere tener una relación fluida con su jefe debe ser proactivo a la hora de escribir, y sobre todo cuando se trate de escribir trabajos de investigación. Fue su jefe el que solicitó la financiación del proyecto en el que está trabajando y fue él el que le acogió dentro de su grupo de trabajo, principalmente, que lo sepa, para poder engrosar su propio listado de trabajos y publicaciones. En última instancia, es eso lo que su jefe quiere de usted. Si su jefe ya le respeta y ya está habituado a que usted se exprese con confianza ante él, la entrega puntual de trabajos de calidad le convencerá de que vale la pena seguir invirtiendo tiempo en usted. Así que tan pronto vaya obteniendo resultados, haga lo posible por ir redactándolos por escrito. Puede parecer tarea difícil, pero si se lo propone, en una semana puede tener el esquema de un trabajo finalizado. Cuando le entregué a mi jefe la mejor parte de mi primer artículo, parecía un perro con dos colas: ya teníamos una muy buena relación laboral, pero nunca le había visto tan interesado en mi tarea hasta ese momento. Sin lugar a dudas, nada atrae más la atención de un científico que la perspectiva de poder presentar otro trabajo en el que aparezca su nombre. La regla de oro es la de más difícil aplicación pero también es la que tiene los resultados más sorprendentes. En primer lugar, su jefe le adorará y de buena gana leerá varios borradores de su tesis. En segundo lugar, redactar y defender la tesis será mucho más sencillo si parte del trabajo ya ha sido presentado para su publicación.

He aquí el final de esta breve guía de seis pasos para llegar a ser un experto en su trato con su tutor. Siga cada una de las reglas y aumentarán las posibilidades de que se encuentre con que su jefe también es su mejor aliado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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