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Regla
1: gánese el respeto de su jefe
Conocí una
vez a un buen estudiante de posgrado que
solía aceptar ciegamente todas
las ideas de su jefe simplemente porque
carecía de confianza en sus propios
razonamientos. Lo cierto es que su jefe
estaba igualmente frustrado por la falta
de iniciativa de su pupilo. Debe saber
que uno no sólo se gana el respeto
de su tutor amasando muchos buenos resultados,
por muy importante que esto sea. En el
campo científico, uno siempre ha
de mostrar que es capaz de pensar de forma
independiente. Muchos doctorandos desarrollan
sus propias ideas pero desperdician oportunidades
de progresión profesional bien
porque las minusvaloran, bien porque no
tienen las agallas de comunicárselas
a otros. Si desarrolla el hábito
de hablar con su tutor cada vez que tiene
buenas hipótesis o sugerencias,
tendrá mucho más confianza
en sí mismo a la hora de redactar
trabajos y solicitudes de beca, o cuando
tenga que hablar en público en
el contexto de un nutrido congreso. Además,
su jefe comenzará a ver que está
desarrollándose como científico.
Naturalmente, sentirá que todo
es gracias a él, por ser tan buen
tutor. No le desinfle la burbuja. La clave
de la regla número cuatro es no
intentar "venderle" a su jefe
todas y cada una de las ideas que le vienen
a la cabeza. Si lo hace, pronto se cansará
de usted. ¿Por qué? Porque
todos somos humanos y pocos de nosotros
tenemos ideas realmente buenas más
de una vez cada quince días. Así
que esté preparado para morderse
la lengua y espere hasta que su vocecilla
interior le confirme que esa idea que
tiene vale realmente la pena.
Regla 5: exprésese
ante su jefe
Los doctorandos a
menudo se quejan de que son simplemente
esclavos: mano de obra barata. Es hasta
cierto punto un cliché y supongo
que todos los que somos o hemos sido estudiantes
de doctorado lo hemos dicho al menos una
vez. Mi respuesta es que no deberíamos
ser tan derrotistas. En mi experiencia,
muchos estudiantes no están habituados
a hacer llegar sus demandas a los que
están en puestos de autoridad y
terminan siendo, sin duda, demasiado sumisos.
Si aplican la regla cuatro, tendrá
la ventaja inmediata de estar en una posición
mucho más ventajosa en cualquier
regateo. ¿Por qué? Porque
su jefe le respeta. Recuerde que está
siendo formado para ser un científico
investigador independiente. Así
que olvídese de la vieja relación
estudiante - tutor; ahora está
ante algo nuevo. Comience a negociar todo
lo que le importe con su jefe: los objetivos
de su proyecto, su volumen de trabajo,
lo que sea. Si todavía no tiene
tablas a la hora de tratar con jefes,
no sea demasiado agresivo. Apúntese
a un curso de formación en asertividad.
Le mostrarán cómo escuchar
a su jefe y cómo tratarle de modo
que aumenten las posibilidades de obtener
un resultado favorable, o en otras palabras,
el resultado que necesita. Si es asertivo
en el sentido más puro de la palabra,
su jefe también sentirá
que obtiene lo que a él le conviene.
Una vez experimente la sensación
de que, gracias a su comportamiento, todo
salió bien para ambas partes, querrá
repetir.
Regla 6, la de
oro: escriba para su jefe
La regla de oro es
obvia. Si quiere tener una relación
fluida con su jefe debe ser proactivo
a la hora de escribir, y sobre todo cuando
se trate de escribir trabajos de investigación.
Fue su jefe el que solicitó la
financiación del proyecto en el
que está trabajando y fue él
el que le acogió dentro de su grupo
de trabajo, principalmente, que lo sepa,
para poder engrosar su propio listado
de trabajos y publicaciones. En última
instancia, es eso lo que su jefe quiere
de usted. Si su jefe ya le respeta y ya
está habituado a que usted se exprese
con confianza ante él, la entrega
puntual de trabajos de calidad le convencerá
de que vale la pena seguir invirtiendo
tiempo en usted. Así que tan pronto
vaya obteniendo resultados, haga lo posible
por ir redactándolos por escrito.
Puede parecer tarea difícil, pero
si se lo propone, en una semana puede
tener el esquema de un trabajo finalizado.
Cuando le entregué a mi jefe la
mejor parte de mi primer artículo,
parecía un perro con dos colas:
ya teníamos una muy buena relación
laboral, pero nunca le había visto
tan interesado en mi tarea hasta ese momento.
Sin lugar a dudas, nada atrae más
la atención de un científico
que la perspectiva de poder presentar
otro trabajo en el que aparezca su nombre.
La regla de oro es la de más difícil
aplicación pero también
es la que tiene los resultados más
sorprendentes. En primer lugar, su jefe
le adorará y de buena gana leerá
varios borradores de su tesis. En segundo
lugar, redactar y defender la tesis será
mucho más sencillo si parte del
trabajo ya ha sido presentado para su
publicación.
He aquí
el final de esta breve guía de
seis pasos para llegar a ser un experto
en su trato con su tutor. Siga cada una
de las reglas y aumentarán las
posibilidades de que se encuentre con
que su jefe también es su mejor
aliado.
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