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Hace
dos años también asumí
el cargo de directora gerente de la Fundación
de Investigación Ernst Schering.
Se trata de una organización sin
ánimo de lucro que apoya la ciencia
básica en los campos de la biología,
la química y la medicina mediante
actividades variadas, tales como seminarios,
clases y convocatorias de becas pre- y
post-doctorales.
Por lo general, he
de decir que, a lo largo de mi carrera
profesional, jamás he sentido ningún
tipo de prejuicio por el hecho de ser
mujer, ni en la universidad ni en la industria.
Pienso que la clave del éxito consiste
en tener entusiasmo hacia el trabajo y
en crear un entorno de trabajo positivo
e inspirador.
Sin embargo, cuando
se es mujer y se está comprometida
con el trabajo, al llegar a una cierta
edad, la cuestión de la maternidad
surge de forma inevitable. Desde el punto
de vista profesional, el momento nunca
era el adecuado. Así que llegué
a la conclusión de que si realmente
quería tener hijos, había
que tenerlos y punto. Ahora mismo, mi
niña tiene un año y ni mi
marido ni yo querríamos perdérnosla
por nada del mundo.
No obstante, desde
el comienzo de mi embarazo, comencé
a pensar en cómo podría
compatibilizar dos trabajos y a la vez
encontrar tiempo para estar con mi niña
y mi marido. Me pareció que sólo
podría desempeñar todas
mis obligaciones mediante un enfoque flexible
e individualizado. Desarrollé un
modelo y mis jefes y la empresa me ayudaron
mucho. Obtuve un poco de ayuda en el laboratorio,
que se tradujo en que, durante un año,
otro científico se responsabilizó
de parte de mis proyectos de investigación.
Mis tareas de gestión de la Fundación
de Investigación Ernst Schering
me otorgaron una mayor flexibilidad, ya
que podía hacer parte de mi trabajo
desde casa; pero también supuso
largas horas de trabajo por las noches
(una vez acostada mi hija) y los fines
de semana, cuando la niña quedaba
a cargo de mi marido. Él me apoyo
y todavía me apoya de muchas maneras
diferentes, ya que mis obligaciones con
Schering exigen, a menudo, que trabaje
por las tardes y que esté ausente
de casa por viajes de negocios.
En resumen, me gustaría
señalar que nunca me he arrepentido
de mi decisión de tener hijos.
También subrayar el que todavía
disfrute mucho de mi trabajo. No obstante,
combinar un trabajo exigente y una familia
exige un alto nivel de organización,
flexibilidad, creatividad y, por supuesto,
trabajo duro. Sin el apoyo de mis jefes,
compañeros de trabajo, y especialmente
de mi marido, no hubiese sido posible
encontrar una solución con la que
todos estuviésemos contentos.
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