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Dejándose
aconsejar por uno de los administradores
de su universidad, Irish solicitó
al Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos
e Infartos (National Institute of Neurological
Disorders and Stroke) una "beca
de desarrollo profesional para situaciones
de retorno" (reentry career development
grant). Estas becas proporcionan un
salario y un margen para compra de material,
a científicos que deciden regresar
al laboratorio tras una temporada dedicada
a criar a un hijo o a cuidar a un familiar
enfermo. Su primera instancia fue rechazada,
pero tras asistir a un cursillo sobre
redacción de solicitudes, redactar
una propuesta de beca más centrada
y específica y obtener los consejos
de varios solicitantes experimentados,
Irish recibió una beca de 250.000
dólares anuales, por un periodo
de cuatro años, para cubrir su
salario y sus necesidades de equipamiento.
No obstante, cuando
llevaba tres años disfrutando de
la beca, Irish decidió abandonar
el laboratorio y comenzar una nueva carrera
profesional como administradora de becas
en un instituto de investigación
local. "Sólo me quedaba un
año de financiación y estaba
en ese punto de mi carrera en el que debía
comenzar a solicitar puestos independientes
y a redactar becas; tenía que tomar
una decisión", señala.
Las mujeres que compiten
por puestos permanentes en el ámbito
académico (véase el recuadro),
no lo tienen particularmente fácil
si se da el caso de que el principio de
su carrera profesional coincide con su
decisión de empezar a formar una
familia. "Yo reservo las noches y
los fines de semana para estar los míos,
así que no me quedo hasta tarde
en el laboratorio. Nuestros competidores
no-progenitores pasan más tiempo
en el trabajo", escribió Irish
en un boletín publicado por Women
in Neuroscience [Mujeres en Neurociencia].
"Cuando es una cuestión de
números de experimentos, publicaciones,
etc., el competidor no-progenitor siempre
gana la batalla".
Conscientes de las
dificultades que tienen las científicas
para encontrar un equilibrio entre trabajo
y familia, varias entidades de financiación
(véase el listado de Next Wave,
en inglés, de becas
para mujeres) se han centrado en ayudar
a científicos a retomar sus actividades
investigadoras tras un periodo sabático
consagrado a la familia. Aunque muchos
de estos programas estaban, inicialmente,
dirigidos exclusivamente hacia mujeres,
en las que todavía tiende a recaer
un porcentaje desproporcionado de las
responsabilidades familiares, trabajen
o no fuera del hogar, en la actualidad,
muchos también están dirigidos
a varones. En parte, las fundaciones están
reaccionando ante determinadas demandas
interpuestas en contra de los programas
de acción afirmativa que están
desarrollándose en el país;
pero también confían en
que la filosofía de inclusión
del varón repercuta positivamente
en las mujeres, aportando más validez
y visibilidad a los problemas de alcance
social hacia los que sus programas están
orientados.
Estas convocatorias,
no obstante, han tenido un éxito
que podríamos calificar de mixto.
Los programas de la Fundación Nacional
de la Ciencia (Nacional Science Foundation)
y la Fundación Sloan están
en transición, y dos programas
de los Institutos Nacionales de Salud
siguen estando infrautilizados. El programa
que se lleva más puntos es el que
ofrece la Daphne Jackson Trust,
del Reino Unido.
Ted Greenwood, de
la Fundación Sloan, dice: "Sabíamos
que los programas que sólo estuviesen
orientados hacia mujeres acabarían
marginándose y no serían
tomados en cuenta con seriedad".
El "programa de retorno tras baja
pre-titularidad" (pre-tenure
leave reentry program), abierto
tanto a mujeres como a varones, está
destinado a apoyar a los profesores universitarios
que deciden pedir una baja por asuntos
de índole familiar. El programa
exige a las instituciones patrocinadoras
que fijen en 20.000$ el estipendio por
becario.
Este programa, de
tres años de antigüedad, ha
tenido unos comienzos lentos: sólo
nueve personas (entre ellas, un padre
que deseaba involucrarse en la cría
de su hijo) han solicitado y recibido
la beca; y aunque la Fundación
Sloan invitó, en un primer momento,
a doce universidades a participar en el
programa, únicamente dos de ellas
estuvieron dispuestas a sostener a los
becarios. "El programa sólo
está comenzando a despegar ahora",
señala Greenwood.
Greenwood espera que el impacto del programa
aumente conforme llegue a los oídos
y atraiga la atención del cuerpo
docente y los decanos de las universidades
participantes. No obstante, el marcar
la diferencia en doce instituciones no
es suficiente: la Fundación Sloan
está tratando de cambiar el panorama
de las mujeres del ámbito universitario
a nivel nacional, y en la actualidad está
estudiando si este programa es, o no,
el mejor instrumento para alcanzar ese
objetivo. La fundación decidirá
en los próximos seis meses si expandir
esta convocatoria, aumentando el número
de universidades asociadas, o si por el
contrario, interrumpirla.
El apoyo a las mujeres
también está en alza en
la Fundación Nacional de la Ciencia
(NSF). En diciembre de 1999, la NSF aceptó
su última ronda de solicitudes
para su programa de becas "Oportunidades
Profesionales para Mujeres en Investigación
y Educación" (Professional
Opportunities for Women in Research and
Education, o POWRE), para el que cuentan
con un presupuesto de 13,7 millones de
dólares. El POWRE está destinado
a apoyar a mujeres que están en
"una fase crítica" de
sus carreras profesionales, inclusive
retornos a la investigación tras
un periodo prolongado. No obstante, aunque
las becas POWRE "pueden haber sido
muy importantes en las carreras de muchas
mujeres, a título individual, preocupaba
un poco el que las becas no tuviesen un
efecto más sistémico",
señala Alice Hogan, la encargada
del programa de la NSF, refiriéndose
al hecho de que fuesen muy pocas las mujeres
que lograsen alcanzar los rangos más
altos de la jerarquía académica.
Consecuentemente,
la NSF tiene programado anunciar un nuevo
programa (por el momento todo apunta a
que se conocerá como ADVANCE) que
concederá becas no para proyectos
de investigación sino para programas
institucionales que tengan como objetivo
la mejora de la situación de las
profesoras en las universidades. El 11
de mayo del 2000, el presidente Hill Clinton
se refirió al programa anunciando
una partida presupuestaria de veinte millones
de dólares para "becas para
universidades con el objeto de eliminar
los obstáculos en la progresión
profesional de científicas e ingenieras".
El programa "es importante por motivos
de justicia y ecuanimidad. También
es importante para nuestro liderazgo en
la economía global", señaló
el primer ministro.
Hogan preside
el comité creado ex professo desarrollar
el nuevo programa y es reacio a hablar
de los detalles de éste antes de
que estén finalizados. Lo que sí
que nos adelanta es que, a diferencia
de POWRE, el nuevo programa estará
abierto a tanto hombres como mujeres.
"Tiene todo el sentido que la NSF
amplie el programa. Las mujeres no van
a solucionar los problemas en solitario",
dice Hogan.
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¿Las
mujeres lo tienen mejor en la
industria?
¿Tienen las mujeres un
panorama más sombrío
(o menos claro) en el ámbito
académico que en la industria?
Los licenciados creen que sí,
afirma Ted Greenwood, de la Fundación
Sloan. Cuando Greenwood hizo un
tour por múltiples universidades
estadounidenses, para delimitar
qué podría hacer
desde su Fundación para
tratar la problemática
del desequilibrio de la mujer
en el mundo científico,
uno de los mensajes que, de forma
repetida, le transmitieron muchas
de las estudiantes con los que
habló fue que, de querer
tener una familia, era preferible
trabajar en el sector industrial.
Alice Hogan, de la
Fundación Nacional de la
Ciencia, está de acuerdo
con ello. "Los laboratorios
industriales son más dados
a ofrecer servicios de guardería
y horarios flexibles; se han dado
cuenta de que, simplemente, "el
problema" no puede ser ignorado",
dice. "El mundo académico,
en contraste, es más reticente
a llevar a la práctica cambios
sistémicos".
Tanto Working Mother Magazine
[Revista de la madre trabajadora]
como Working Women Magazine
[Revista de la mujer trabajadora]
recopilan listas de empresas con
políticas amistosas hacia
la mujer, pero Hogan señala
que no existe un análisis
semejante que compare departamentos
académicos. Las dos empresas
que obtienen la mayor puntuación
en la lista
de Working Mother son
la empresa farmacéutica Eli
Lilly y la química DuPont,
que ofrecen horarios de trabajo
flexibles, servicio de guardería
y la posibilidad de trabajar desde
casa. La página web de Lilly
incluye una base de datos interactiva
que ayuda a los empleados a localizar
a compañeros de trabajo con
quien compartir un trabajo determinado,
y DuPont ofrece campamentos de verano
para los hijos de los empleados.
"Tratamos de ponerle las cosas
fáciles a nuestros empleados,
para que puedan tener la mente en
el trabajo cuando estén en
el trabajo", señala
Lewis Shumaker, el jefe de relaciones
humanas de Dupont. Contratar y apoyar
a las mujeres no deja de ser una
buena decisión empresarial
y nada más, dice. "Siempre
puedes contratar a personas que
sean como tú, pero de ese
modo no se logrará jamás
una gran diversidad de pensamiento,
que es lo deseable".
LEA TAMBIÉN EL ANÁLISIS
DE KIRSTIE URQUHART'S, EN INGLÉS,
TITULADO JOBS
IN INDUSTRY VS ACADEMIA IN EUROPE.
Renuncia de responsabilidad: DuPont
es uno de los patrocinadores de
Next Wave, de Science. Ninguno de
sus empleados contribuyó
a la redacción de este artículo.
Tampoco tuvieron ocasión
de leerlo con anterioridad a su
publicación.
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La NSF pronto sacará
a la luz la convocatoria de un programa
(búsquelo este otoño), explícito
en cuanto a sus objetivos y abierto en
lo que respecta a los métodos.
"Confiamos en que se acerquen a nosotros
personas con ideas creativas para enfrentarse
al problema", dice Hogan. Una universidad
podría proponer una solución
para parejas de la misma profesión,
o un programa de retorno profesional para
personas que abandonaron sus puestos laborales
por motivos de índole familiar,
señala.
En los Institutos
Nacionales de Salud (NIH), la situación
todavía está menos definida.
Aunque cuentan con dos programas enfocados
hacia mujeres que desean recuperar sus
carreras científicas, los funcionarios
a cargo de cada programa, desconocían
la existencia del otro. Aunque ambos están
oficialmente en funcionamiento, ninguno
recibe muchas solicitudes.
Joyce Rudick, que
supervisa un programa que permite a los
becarios de los NIH solicitar un suplemento
para apoyar económicamente a una
persona de sus respectivos laboratorios
que esté retornando a sus actividades
investigadoras responde a una llamada
semanal en relación al programa,
pero recibe "tan sólo unas
cuatro solicitudes al año".
Los NIH también
ofrecen una beca de retorno, el Mentored
Research Scientist Development Award [Premio
de Desarrollo para Científicos
de Investigación Tutelada], que
los científicos, como Pati Irish,
pueden solicitar directamente. En 1995,
el premio fue combinado con premios que
permiten a científicos investigadores
formarse en un campo distinto, y otros
que permuten a profesores que pertenecen
a minorías obtener formación
tutelada adicional. En la actualidad,
muchas personas de tanto dentro como fuera
de los NIH, parecen no saber que el programa
existe. Y los NIH no tienen ningún
mecanismo para seguirle la pista a los
recipientes de las becas, conforme van
desarrollándose sus trayectorias
profesionales.
Uno de estos beneficiarios,
Alison Vigers, estuvo dos años
y medio fuera del laboratorio coincidiendo
con el nacimiento de su segundo hijo,
y reanudó sus actividades investigadoras
con la ayuda de una beca de retorno de
los NIH. Cuando se le acabe la financiación,
este mismo otoño, se supone que
ha de pasar a un puesto independiente,
pero no espera que la transición
sea sencilla. "Siento que no hago
muy bien ninguno de los dos trabajos",
dice. Compatibilizar trabajo y familia
"no es tarea de modo alguno fácil".
Ha solicitado a los NIH una extensión
de su beca a tiempo parcial y, en estos
momentos, espera recibir una respuesta.
La flexibilidad adicional
que otorga el trabajo a tiempo parcial
es algo que los becarios
Daphne Jackson dan por sentado.
Desde 1991, la Daphne Jackson Trust
ha ofrecido apoyo financiero a 72 mujeres
en el Reino Unido, la mayoría de
las cuales trabajó a tiempo parcial
durante los dos años de duración
de sus becas. (El programa también
está destinado a varones, pero
el puñado de hombres que solicitaron,
terminaron retirando sus solicitudes tras
recibir otras ayudas). El 95% de los recipientes
de estas becas han retomando con éxito
sus carreras en los campos de la ciencia,
la ingeniería y la tecnología,
señala Jennifer Wooley, quien añade
que proporcionar apoyo financiero para
trabajos a jornada completa no ayuda necesariamente
a los progenitores a compaginar familia
y trabajo adecuadamente.
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