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Becas para mujeres: hoy por hoy, un asunto de familia

MELISSA M. MERTL
ESTADOS UNIDOS

02/06/00

 

 

Pati Irish estaba en el segundo año de su postdoctorado cuando decidió dejar de trabajar durante cinco años para criar a sus cuatro hijos. Pasado este tiempo, quiso regresar al mundo académico y trabajó dos años como técnica antes de encontrar otro puesto postdoctoral en la Universidad de Washington, en Seattle (EE.UU.), donde estaba establecida su familia.

Dejándose aconsejar por uno de los administradores de su universidad, Irish solicitó al Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos e Infartos (National Institute of Neurological Disorders and Stroke) una "beca de desarrollo profesional para situaciones de retorno" (reentry career development grant). Estas becas proporcionan un salario y un margen para compra de material, a científicos que deciden regresar al laboratorio tras una temporada dedicada a criar a un hijo o a cuidar a un familiar enfermo. Su primera instancia fue rechazada, pero tras asistir a un cursillo sobre redacción de solicitudes, redactar una propuesta de beca más centrada y específica y obtener los consejos de varios solicitantes experimentados, Irish recibió una beca de 250.000 dólares anuales, por un periodo de cuatro años, para cubrir su salario y sus necesidades de equipamiento.

No obstante, cuando llevaba tres años disfrutando de la beca, Irish decidió abandonar el laboratorio y comenzar una nueva carrera profesional como administradora de becas en un instituto de investigación local. "Sólo me quedaba un año de financiación y estaba en ese punto de mi carrera en el que debía comenzar a solicitar puestos independientes y a redactar becas; tenía que tomar una decisión", señala.

Las mujeres que compiten por puestos permanentes en el ámbito académico (véase el recuadro), no lo tienen particularmente fácil si se da el caso de que el principio de su carrera profesional coincide con su decisión de empezar a formar una familia. "Yo reservo las noches y los fines de semana para estar los míos, así que no me quedo hasta tarde en el laboratorio. Nuestros competidores no-progenitores pasan más tiempo en el trabajo", escribió Irish en un boletín publicado por Women in Neuroscience [Mujeres en Neurociencia]. "Cuando es una cuestión de números de experimentos, publicaciones, etc., el competidor no-progenitor siempre gana la batalla".

Conscientes de las dificultades que tienen las científicas para encontrar un equilibrio entre trabajo y familia, varias entidades de financiación (véase el listado de Next Wave, en inglés, de becas para mujeres) se han centrado en ayudar a científicos a retomar sus actividades investigadoras tras un periodo sabático consagrado a la familia. Aunque muchos de estos programas estaban, inicialmente, dirigidos exclusivamente hacia mujeres, en las que todavía tiende a recaer un porcentaje desproporcionado de las responsabilidades familiares, trabajen o no fuera del hogar, en la actualidad, muchos también están dirigidos a varones. En parte, las fundaciones están reaccionando ante determinadas demandas interpuestas en contra de los programas de acción afirmativa que están desarrollándose en el país; pero también confían en que la filosofía de inclusión del varón repercuta positivamente en las mujeres, aportando más validez y visibilidad a los problemas de alcance social hacia los que sus programas están orientados.

Estas convocatorias, no obstante, han tenido un éxito que podríamos calificar de mixto. Los programas de la Fundación Nacional de la Ciencia (Nacional Science Foundation) y la Fundación Sloan están en transición, y dos programas de los Institutos Nacionales de Salud siguen estando infrautilizados. El programa que se lleva más puntos es el que ofrece la Daphne Jackson Trust, del Reino Unido.

Ted Greenwood, de la Fundación Sloan, dice: "Sabíamos que los programas que sólo estuviesen orientados hacia mujeres acabarían marginándose y no serían tomados en cuenta con seriedad". El "programa de retorno tras baja pre-titularidad" (pre-tenure leave reentry program), abierto tanto a mujeres como a varones, está destinado a apoyar a los profesores universitarios que deciden pedir una baja por asuntos de índole familiar. El programa exige a las instituciones patrocinadoras que fijen en 20.000$ el estipendio por becario.

Este programa, de tres años de antigüedad, ha tenido unos comienzos lentos: sólo nueve personas (entre ellas, un padre que deseaba involucrarse en la cría de su hijo) han solicitado y recibido la beca; y aunque la Fundación Sloan invitó, en un primer momento, a doce universidades a participar en el programa, únicamente dos de ellas estuvieron dispuestas a sostener a los becarios. "El programa sólo está comenzando a despegar ahora", señala Greenwood.

Greenwood espera que el impacto del programa aumente conforme llegue a los oídos y atraiga la atención del cuerpo docente y los decanos de las universidades participantes. No obstante, el marcar la diferencia en doce instituciones no es suficiente: la Fundación Sloan está tratando de cambiar el panorama de las mujeres del ámbito universitario a nivel nacional, y en la actualidad está estudiando si este programa es, o no, el mejor instrumento para alcanzar ese objetivo. La fundación decidirá en los próximos seis meses si expandir esta convocatoria, aumentando el número de universidades asociadas, o si por el contrario, interrumpirla.

El apoyo a las mujeres también está en alza en la Fundación Nacional de la Ciencia (NSF). En diciembre de 1999, la NSF aceptó su última ronda de solicitudes para su programa de becas "Oportunidades Profesionales para Mujeres en Investigación y Educación" (Professional Opportunities for Women in Research and Education, o POWRE), para el que cuentan con un presupuesto de 13,7 millones de dólares. El POWRE está destinado a apoyar a mujeres que están en "una fase crítica" de sus carreras profesionales, inclusive retornos a la investigación tras un periodo prolongado. No obstante, aunque las becas POWRE "pueden haber sido muy importantes en las carreras de muchas mujeres, a título individual, preocupaba un poco el que las becas no tuviesen un efecto más sistémico", señala Alice Hogan, la encargada del programa de la NSF, refiriéndose al hecho de que fuesen muy pocas las mujeres que lograsen alcanzar los rangos más altos de la jerarquía académica.

Consecuentemente, la NSF tiene programado anunciar un nuevo programa (por el momento todo apunta a que se conocerá como ADVANCE) que concederá becas no para proyectos de investigación sino para programas institucionales que tengan como objetivo la mejora de la situación de las profesoras en las universidades. El 11 de mayo del 2000, el presidente Hill Clinton se refirió al programa anunciando una partida presupuestaria de veinte millones de dólares para "becas para universidades con el objeto de eliminar los obstáculos en la progresión profesional de científicas e ingenieras". El programa "es importante por motivos de justicia y ecuanimidad. También es importante para nuestro liderazgo en la economía global", señaló el primer ministro.

Hogan preside el comité creado ex professo desarrollar el nuevo programa y es reacio a hablar de los detalles de éste antes de que estén finalizados. Lo que sí que nos adelanta es que, a diferencia de POWRE, el nuevo programa estará abierto a tanto hombres como mujeres. "Tiene todo el sentido que la NSF amplie el programa. Las mujeres no van a solucionar los problemas en solitario", dice Hogan.

 

¿Las mujeres lo tienen mejor en la industria?

¿Tienen las mujeres un panorama más sombrío (o menos claro) en el ámbito académico que en la industria? Los licenciados creen que sí, afirma Ted Greenwood, de la Fundación Sloan. Cuando Greenwood hizo un tour por múltiples universidades estadounidenses, para delimitar qué podría hacer desde su Fundación para tratar la problemática del desequilibrio de la mujer en el mundo científico, uno de los mensajes que, de forma repetida, le transmitieron muchas de las estudiantes con los que habló fue que, de querer tener una familia, era preferible trabajar en el sector industrial.

Alice Hogan, de la Fundación Nacional de la Ciencia, está de acuerdo con ello. "Los laboratorios industriales son más dados a ofrecer servicios de guardería y horarios flexibles; se han dado cuenta de que, simplemente, "el problema" no puede ser ignorado", dice. "El mundo académico, en contraste, es más reticente a llevar a la práctica cambios sistémicos".
Tanto Working Mother Magazine [Revista de la madre trabajadora] como Working Women Magazine [Revista de la mujer trabajadora] recopilan listas de empresas con políticas amistosas hacia la mujer, pero Hogan señala que no existe un análisis semejante que compare departamentos académicos. Las dos empresas que obtienen la mayor puntuación en la lista de Working Mother son la empresa farmacéutica Eli Lilly y la química DuPont, que ofrecen horarios de trabajo flexibles, servicio de guardería y la posibilidad de trabajar desde casa. La página web de Lilly incluye una base de datos interactiva que ayuda a los empleados a localizar a compañeros de trabajo con quien compartir un trabajo determinado, y DuPont ofrece campamentos de verano para los hijos de los empleados. "Tratamos de ponerle las cosas fáciles a nuestros empleados, para que puedan tener la mente en el trabajo cuando estén en el trabajo", señala Lewis Shumaker, el jefe de relaciones humanas de Dupont. Contratar y apoyar a las mujeres no deja de ser una buena decisión empresarial y nada más, dice. "Siempre puedes contratar a personas que sean como tú, pero de ese modo no se logrará jamás una gran diversidad de pensamiento, que es lo deseable".

LEA TAMBIÉN EL ANÁLISIS DE KIRSTIE URQUHART'S, EN INGLÉS, TITULADO JOBS IN INDUSTRY VS ACADEMIA IN EUROPE.

Renuncia de responsabilidad: DuPont es uno de los patrocinadores de Next Wave, de Science. Ninguno de sus empleados contribuyó a la redacción de este artículo. Tampoco tuvieron ocasión de leerlo con anterioridad a su publicación.


La NSF pronto sacará a la luz la convocatoria de un programa (búsquelo este otoño), explícito en cuanto a sus objetivos y abierto en lo que respecta a los métodos. "Confiamos en que se acerquen a nosotros personas con ideas creativas para enfrentarse al problema", dice Hogan. Una universidad podría proponer una solución para parejas de la misma profesión, o un programa de retorno profesional para personas que abandonaron sus puestos laborales por motivos de índole familiar, señala.

En los Institutos Nacionales de Salud (NIH), la situación todavía está menos definida. Aunque cuentan con dos programas enfocados hacia mujeres que desean recuperar sus carreras científicas, los funcionarios a cargo de cada programa, desconocían la existencia del otro. Aunque ambos están oficialmente en funcionamiento, ninguno recibe muchas solicitudes.

Joyce Rudick, que supervisa un programa que permite a los becarios de los NIH solicitar un suplemento para apoyar económicamente a una persona de sus respectivos laboratorios que esté retornando a sus actividades investigadoras responde a una llamada semanal en relación al programa, pero recibe "tan sólo unas cuatro solicitudes al año".

Los NIH también ofrecen una beca de retorno, el Mentored Research Scientist Development Award [Premio de Desarrollo para Científicos de Investigación Tutelada], que los científicos, como Pati Irish, pueden solicitar directamente. En 1995, el premio fue combinado con premios que permiten a científicos investigadores formarse en un campo distinto, y otros que permuten a profesores que pertenecen a minorías obtener formación tutelada adicional. En la actualidad, muchas personas de tanto dentro como fuera de los NIH, parecen no saber que el programa existe. Y los NIH no tienen ningún mecanismo para seguirle la pista a los recipientes de las becas, conforme van desarrollándose sus trayectorias profesionales.

Uno de estos beneficiarios, Alison Vigers, estuvo dos años y medio fuera del laboratorio coincidiendo con el nacimiento de su segundo hijo, y reanudó sus actividades investigadoras con la ayuda de una beca de retorno de los NIH. Cuando se le acabe la financiación, este mismo otoño, se supone que ha de pasar a un puesto independiente, pero no espera que la transición sea sencilla. "Siento que no hago muy bien ninguno de los dos trabajos", dice. Compatibilizar trabajo y familia "no es tarea de modo alguno fácil". Ha solicitado a los NIH una extensión de su beca a tiempo parcial y, en estos momentos, espera recibir una respuesta.

La flexibilidad adicional que otorga el trabajo a tiempo parcial es algo que los becarios Daphne Jackson dan por sentado. Desde 1991, la Daphne Jackson Trust ha ofrecido apoyo financiero a 72 mujeres en el Reino Unido, la mayoría de las cuales trabajó a tiempo parcial durante los dos años de duración de sus becas. (El programa también está destinado a varones, pero el puñado de hombres que solicitaron, terminaron retirando sus solicitudes tras recibir otras ayudas). El 95% de los recipientes de estas becas han retomando con éxito sus carreras en los campos de la ciencia, la ingeniería y la tecnología, señala Jennifer Wooley, quien añade que proporcionar apoyo financiero para trabajos a jornada completa no ayuda necesariamente a los progenitores a compaginar familia y trabajo adecuadamente.

 

 

 

 

 

 

 

 

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