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Mujeres y científicas: ¿plantea el género alguna problemática en los mundos laborales de la ciencia y la ingeniería?

JAN PETERS

JEFE DEL PROMOTING SET FOR WOMEN UNIT
MINISTERIO DE COMERCIO E INDUSTRIA DEL GOBIERNO BRITÁNICO
REINO UNIDO

02/06/00

 

Cada vez son más las mujeres que van a la universidad, así que ¿no deberíamos estar presenciando un incremento en el número de mujeres que se van promocionando en el ámbito académico hasta obtener cátedras y puestos titulares? Sin embargo, en el área específica - por poner un ejemplo - de las ciencias biológicas, carrera universitaria en la que se licencian un alto porcentaje de féminas, menos de un 10% del profesorado universitario está constituido por mujeres. Se impone la necesidad de examinar las políticas de igualdad de oportunidades, tanto en el mundo académico como en el industrial, y de evaluar las prácticas de empleo y los procesos de ascenso laboral.

El que el género constituya o no un problema depende de cada cual: del perfil personal, de las experiencias previas, de la etapa de la trayectoria laboral en la que cada uno se encuentre y, quizás, del campo profesional en el que se trabaje. Muchos de nosotros creemos fervientemente que las cosas han tenido que evolucionar con respecto a "los viejos tiempos", que los hombres han cambiado y que los empleadores tampoco son lo que eran. Las parejas se apoyan entre sí, las empresas practican la igualdad de oportunidades y cualquiera puede aprovechar las posibilidades que se le ponen delante. Y sin embargo, las estadísticas muestran que las mujeres están infra-remuneradas. En el ámbito académico, el salario anual de un profesor universitario de Gran Bretaña es unas 6.000 libras esterlinas más alto que el de una profesora del mismo nivel. Las mujeres están supra-representadas en los contratos a corto plazo y pocas son las que se presentan ante los organismos de asesoramiento del programa Marco de la Unión Europea. Estudios recientes de la Wellcome Trust y de varios consejos de investigación muestran que menos mujeres que hombres solicitan fondos de investigación, a pesar de que, cuando lo hacen, sus solicitudes disfrutan de similares tasas de aceptación. ¿Somos nosotras nuestro peor enemigo? ¿O son el mercado y la cultura laboral los que está haciendo un flaco servicio a la mujer?

Si me hubiesen preguntado, hace tan solo unos años, acerca del posible sexismo propio del ámbito laboral científico, no dudo de que lo habría cuestionado. Me imagino habiendo dicho algo en la línea de "las mujeres que no consigan avanzar en sus puestos, que dejen de quejarse" o "si no pueden aguantar el calor, que vuelvan a la cocina". No lo voy a negar: yo también he tenido mi ración de "experiencias" - tuve que soportar los chistes malos de los técnicos sobre talento desperdiciado y "¿para cuándo los bebés?"... En retrospectiva, diría que esas bromas barriobajeras sobre trabajos para chicas frente a trabajos para chicos siempre han sido algo sutilmente persistente en mi vida laboral. Yo lo comparo con un continuo frotamiento del brazo con un dedo. No duele, ni deja huella, pero con el paso de tiempo, empieza a escocer. Mina la auto-confianza y agota. Sólo recientemente - gracias a mis conversaciones con muchas mujeres científicas e ingenieras, juniors y seniors - me he dado cuenta de que estas experiencias son tanto habituales como inaceptables. Emocionalmente desgastadoras, no deberían en ningún caso constituir ese plus que parece que se añade, por defecto, al estrés típico de cualquier trabajo.

Dejando estos problemas concretos a un lado, existen una serie de temas prácticos que pueden afectar a la promoción y al ascenso de la mujer:

" Entrar: ¿Los tribunales de las entrevistas son mixtos?
" Avanzar: ¿Son transparentes los comités que deciden los ascensos? ¿Y los procesos de evaluación?
" Regresar: Si las mujeres se toman bajas profesionales y, más adelante, quieren retomar sus carreras profesionales científicas, es importante que tengan acceso a programas de formación y desarrollo, y que los sistemas establecidos les permitan recuperar el acceso a sus lugares de trabajo de forma que tanto hombres como mujeres puedan compatibilizar profesión y familia.

Comencé a involucrarme en la Women's Engineering Society a las pocas semanas de haber comenzado el doctorado. Alguien dio una pequeña presentación sobre esta asociación en la universidad y, a posteriori, ayudé a establecer un grupo en nuestro campus. Organizamos un programa formativo-comunitario de visitas a colegios y centros. Mi especialidad, siempre popular, era la de las energías renovables. Quería asegurarme de que otras jóvenes tenían acceso a información que yo sentía no había estado a mi alcance. Mi interés por la redacción científica me llevó a trabajar en la revista de la asociación y a asistir al congreso anual. Allí pude conocer a algunos personajes maravillosos: mujeres independientes, llenas de vida, que habían disfrutado una amplia variedad de experiencias a lo largo de sus trayectorias profesionales y que colaboraban en varios proyectos (creo recordar que había uno sobre el modelaje del habla en humanos, otro relacionado con investigación hidrogeológica en Liberia y otro relacionado con la construcción de vehículos submarinos llevados por el hombre) que me parecieron impresionantes.

Nunca me propuse tal activismo en la promoción de la ciencia y la ingeniería, hasta el punto de dedicarme a ello profesionalmente. Mi puesto actual es más el resultado de poner en práctica toda mi experiencia y mis habilidades adquiridas a lo largo de los años en un área donde quizás logre cambiar un poco las cosas. A menudo, las actividades son llevadas a cabo por voluntarios, ingenieros y científicos voluntarios y mujeres ocupadísimas, a cargo de sus familias y de puestos de gran responsabilidad. El tiempo y el dinero son escasos y si tenemos que enfrentarnos tanto a la causa como al efecto de que haya pocas mujeres que contribuyan a la economía británica, entonces todos debemos unir nuestras fuerzas. El departamento del Ministerio de Comercio e Industria británico para la promoción de las mujeres en las áreas de la ciencia, la ingeniería y la tecnología (conocido como el SET, acrónimo de Science, Engineering and Technology) trata de ayudar a conseguirlo a través de:

  • El desarrollo de imágenes positivas, divertidas y atractivas de carreras profesionales para niñas en los campos de la ciencia, la ingeniería y la tecnología.
  • El desarrollo de herramientas de gestión profesional, entre las que incluiríamos el manual de planificación profesional Cracking It!, dirigido a mujeres que ya han escogido, o consideran la posibilidad de escoger, carreras profesionales en las áreas de la ciencia, la ingeniería y la tecnología..
  • Facilitar las actividades organizadas por las múltiples asociaciones, gestionadas fundamentalmente por voluntarios, orientadas hacia la promoción de las carreras profesionales de ciencias, ingeniería y tecnología; y hacia la creación de redes de contactos de utilidad para aquellos interesados en introducirse en este gremio. Entre estas actividades se incluye el desarrollo de una base de datos de ponentes relevantes que pudiesen dar presentaciones en colegios, y la supervisión de un programa de tutelaje para mujeres con carreras profesionales en los campos que nos conciernen.
  • Trabajar para mejorar la infraestructura británica que permita que las mujeres puedan contribuir más y mejor a la economía basada en el conocimiento.

Gracias a mi experiencia tanto en el ámbito académico, como investigadora, como en el campo de la industria y el marketing, hoy estoy en posesión de una serie de destrezas y habilidades que me ayudan a alcanzar los objetivos del Departamento SET.

Así que, sí, existen conflictos vinculados al género en los puestos de trabajo de las áreas de la ciencia, la ingeniería y la tecnología. No voy a negarlo. Hay compañeros de trabajo y jefes que, probablemente si darse cuenta, guardan expectativas acerca del papel de la mujer y su contribución. También hay políticas concretas que no están siendo puestas en práctica. Los sistemas que hoy tenemos están desarrollados por hombres para hombres, y sobre ellos se han ido desarrollando el entorno y la cultura de trabajo que imperan. Y por supuesto, también nosotras tenemos parte de la culpa. Si hemos de defender la valiosísima contribución que las mujeres están llamadas a hacer en el Reino Unido, en las áreas de la ciencia, la ingeniería y la tecnología, tenemos que trabajar duro para desarrollar prácticas y entornos de trabajo que realmente acojan a la mujer y que hagan que sean más las que persigan las carreras profesionales tan gratificantes que muchas ya hemos disfrutado.

 

 

 

 

 

 

 

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