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Así
es como a veces nos hacen sentir a las
mujeres que trabajamos en el mundo de
la ingeniería. Tratándose
de un área desarrollada casi exclusivamente
por hombres, sus valores y características
representan, naturalmente, la perspectiva
masculina, y este hecho ha dificultado
bastante la integración de las
mujeres en la misma. La ambición,
la competitividad y el anhelo de precisión
y excelencia son, sin lugar a dudas, cualidades
personales que debemos apreciar, pero
no lo son todo. Los estudios y las carreras
profesionales ingenieriles a menudo descuidan
todo talento que no sea científico
o técnico, aún cuando podría
argumentarse que éstos - los "demás
" talentos - deberían desempeñar
un papel vital en cualquier sistema educativo
progresista que se precie. A pesar de
nuestra fascinación y pasión
por la tecnología, nosotros, como
ingenieros y estudiantes de ingeniería,
no somos "máquinas",
sino seres humanos. Sólo tras aceptar
esta premisa podemos comenzar a profundizar
y a examinar con más detalle determinados
asuntos que las ingenieras percibimos
como importantes.
"Me fascinaba
todo lo magnético y eléctrico"
Soy una estudiante
de tercero y último curso de ingeniería
eléctrica de la Universidad Pontificia
Comillas de Madrid. Decidí matricularme
en esta carrera porque, para empezar,
siempre he querido estudiar algo relacionado
con las ciencias. Incluso en mi infancia,
me fascinaba todo lo magnético
y eléctrico, y me moría
de ganas por saber cómo funcionaban
los distintos aparatos. Ahora tengo veintitrés
años y, por supuesto, mi interés
por mi campo de estudio va más
allá que la simple curiosidad hacia
estas "fuerzas mágicas"...
Para mí, la ingeniería es
una herramienta, la más útil,
para poner en práctica los conocimientos
científicos y, lo que es todavía
más importante: la ingeniería
me permite poner la ciencia al servicio
de la sociedad.
A lo largo de mi
estancia en esta universidad, he disfrutado
con muchas asignaturas, especialmente
con las prácticas, donde la teoría
deviene algo tangible, por decirlo de
alguna manera. He de decir, no obstante,
que también me han embargado ciertos
sentimientos negativos con respecto a
algunos aspectos de mi carrera. Creo que
se transmite una imagen recurrente de
la ingeniería como una disciplina
fría, con un ángulo de visión
altamente especializado pero un tanto
limitado. Y al ver la minoría de
chicas que somos en clase (menos de un
tercio del total del alumnado) no he podido
evitar preguntarme si la ingeniería
será, o no, una profesión
para mujeres, después de todo.
Cada vez que una
mujer llega a la conclusión de
que no está hecha para ser ingeniera,
el mundo ingenieril pierde, gota a gota,
el poder que derivaría de una mano
de obra más diversa. La diversidad
puede ampliar los horizontes y el alcance
de la ingeniería proporcionando
puntos de vista alternativos, por no hablar
de los tantos talentos, independientes
del género, que muchas mujeres
poseen. En base a mi experiencia, la mayoría
de los estudiantes y profesores varones
(aunque, por supuesto, hay excepciones)
no son capaces de apreciar esto plenamente.
Diría que las mujeres que se adentran
en el campo de la ingeniería son
aceptadas pero no tratadas como iguales,
y por el momento no están lo suficientemente
motivadas, ni tampoco en los puestos adecuados,
para introducir cambios en sus lugares
de trabajo.
En cualquier entorno
profesional, los "modelos de conducta"
tienen una importancia extrema. Las personas
capaces de representar perspectivas no
tradicionales del género pueden
aportar una mentalidad más abierta
al mundo de la ingeniería. El tutelaje
también ha de ser fomentado. ¿Y
cómo puede llevarse que cabo? Creo
que, por ejemplo, se podrían lograr
resultados mediante un enfoque pedagógico
más amplio que contemplase la posibilidad
de que los profesores pudiesen dedicar
una parte de su tiempo de clases a compartir
algunas de sus experiencias personales
y profesionales. Esta dinámica
ayudaría a crear un diálogo
más abierto entre ingenieros establecidos
y estudiantes, y un aprendizaje mutuo.
Así es como
Christine Heller, profesora de ingeniería
eléctrica de mi universidad, pasó
a ser mi mentora. Me dio varias asignaturas,
tanto teóricas como prácticas,
de maquinaria eléctrica. En varias
ocasiones, tuve la ocasión de charlar
con ella sobre el sistema universitario
y asuntos de género. Me di cuenta
de que su visión de la ingeniería
era más abierta, y para mí
más humana, que las de todas las
personas que conocía, hasta ese
momento, en el mundo de la ingeniería.
También me sorprendió descubrir
que existen otras personas como ella que
están trabajando activamente para
ver estas nuevas ideas sobre la mesa.
El año pasado
Christine Heller me dio una copia del
informe de la Comisión Europea
(sólo disponible en inglés)
"Women
in Industrial Research: A Wake Up Call
for European Industry" [Mujeres
en el campo de la investigación
industrial: una llamada al despertar de
la industria europea] y, desde ese momento,
mi interés en los asuntos de género
no ha dejado de crecer. Unos meses más
tarde, me invitó a acompañarla
al congreso de "Mujeres en el campo
de la investigación industrial"
(Women
in Industrial Research Conference)
que se celebró en Berlín
en octubre del 2003 para que pudiese vivir
un acontecimiento internacional y participar
en una sesión sobre "Jóvenes
investigadores: cómo conseguir
que mujeres se decanten por carreras profesionales".
La experiencia fue realmente extraordinaria
y estimulante.
Todas estas vivencias
me impulsaron a analizar, con más
detalle, los factores que afectan las
carreras profesionales de las ingenieras
de hoy en día. Me di cuenta de
que, junto con las dudas acerca de si
se podrán identificar plenamente
con el entorno profesional, las mujeres
también tienden a sentir ansiedad
ante la idea de tener que escoger entre
avanzar en su profesión y fundar
una familia.
La justicia de los
contratos que se les ofrecen parece ser
otro de los temas que más preocupan
a las ingenieras. Un profesor de mi universidad
(que no deja de ser una excepción
a la regla, en cuanto a que aprecia el
papel que desempeñan las mujeres
en el mundo de la ingeniería) me
contó el siguiente caso: una empresa
contrató a un grupo de jóvenes
profesionales españoles, entre
los cuales había algunos ingenieros.
Cuando se reunieron para firmar sus contratos,
los hombres y las mujeres fueron dirigidos,
respectivamente, a dos salas diferentes.
La persona que dio la bienvenida al público
femenino dijo algo en la línea
de: "Les hemos seleccionado porque
han superado al resto de los candidatos
(ingenieros varones) por un 15%. Sin embargo,
si desean aceptar sus puestos, tendrán
que comprometerse a mantener su rendimiento
y a no casarse ni tener hijos durantes
los próximos años".
Está claro que si existen contratos
así, por muy injustos e ilegales
que sean, es porque hay personas dispuestas
a firmarlos. Pero ¿qué podían
hacer estas mujeres, si querían
y deseaban sus trabajos?
Estos son dilemas
reales sobre los cuales he reflexionado
y debatido mucho con el resto de mis compañeras
de clase. Nosotras, estudiantes de ingeniería,
necesitamos que compartan con nosotras
no sólo historias como la relatada
anteriormente; también anécdotas
con final feliz. Los estudiantes jóvenes,
con todo un futuro por delante, tienen
que ser impulsados a tener la confianza
necesaria para lograr sus ambiciones y
dar rienda suelta a todo su potencial.
La responsabilidad
social de los ingenieros
Al reflexionar acerca
de los asuntos de género, caí
en la cuenta de que hay otro aspecto importante
de la ciencia que está infra-desarrollado
en la ingeniería: la responsabilidad
social. "¿Qué puedo
ofrecer yo a la sociedad como resultado
de mis esfuerzos en este campo?"
es una pregunta que debería estar
presente en las mentes de todos los ingenieros.
Para que la tecnología se desarrolle
de manera estrechamente ligada a las necesidades
de la sociedad, y por su bien como fin
último, creo que deberían
de implementarse nuevos métodos
docentes que estimulasen las consideraciones
de carácter ético y una
toma de conciencia de las implicaciones
de los diversos avances tecnológicos.
Éstos podrían presentarse
en forma de asignaturas como ética,
filosofía, arte..., materias que
ayudarían a enfocar las necesidades
y preocupaciones del ingeniero como ser
humano, además de a estimular la
creatividad y la innovación.
Ahora, creo que este
es un punto de vista típicamente
femenino. No quiero decir con esto que
la sensibilidad o la conciencia social
sean cualidades exclusivamente femeninas
(ni que todas las mujeres las posean).
No obstante, sí que es un hecho
que hombres y mujeres a menudo tienen
diferentes perspectivas y prioridades.
Creo que unos estudios de ingeniería
que también tuviesen en consideración
la dimensión humana de la vida
no sólo harían de la ingeniería
una disciplina más ética,
sino que también se lograría
que más mujeres entrasen en el
gremio, algo que - a largo plazo - beneficiaría
a los dos sexos.
Hubo una época,
nada más comenzar la carrera, cuando
pensé en abandonar la ingeniería
debido a todos esos aspectos negativos
que trae consigo. Sin embargo, ahora puedo
decir que he cambiado de opinión,
porque me he dado cuenta de que puedo
empoderarme, para mi propio beneficio
y para el de los demás. Como yo
misma me he visto muy agraciada teniendo
a mi lado a personas como Christine, en
el futuro también me gustaría
ser un "modelo de conducta"
para la próxima generación.
Todavía no sé con exactitud
en qué sector trabajaré,
pero si algo tengo claro es que no quiero
una profesión en la que sienta
que sólo soy una parte más
de una máquina que enriquece a
una empresa. Puede que suene un poco idealista,
pero de verdad espero que pueda compaginar
bien mi responsabilidad social con mi
futura vida profesional, y que ésta
tenga lugar en un entorno de trabajo realmente
diverso.
Nota del
editor: El International Institute
of Women in Engineering (IIWE) [Instituto
Nacional de Mujeres en Ingeniería]
está organizando un seminario de
verano de tres semanas de duración
titulado "Women Engineers: Pushing
the Limits" [Ingenieras: Empujando
los límites] en París, del
1 al 20 de julio de 2004. Para obtener
más información, rogamos
consulten la página
web del IIWE.
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