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"Humanizando" la ingeniería

CRISTINA BONILLA
MADRID (ESPAÑA)

11/06/04

 

"Quizás estuviese equivocada; puede que éste no sea mi lugar...".

Así es como a veces nos hacen sentir a las mujeres que trabajamos en el mundo de la ingeniería. Tratándose de un área desarrollada casi exclusivamente por hombres, sus valores y características representan, naturalmente, la perspectiva masculina, y este hecho ha dificultado bastante la integración de las mujeres en la misma. La ambición, la competitividad y el anhelo de precisión y excelencia son, sin lugar a dudas, cualidades personales que debemos apreciar, pero no lo son todo. Los estudios y las carreras profesionales ingenieriles a menudo descuidan todo talento que no sea científico o técnico, aún cuando podría argumentarse que éstos - los "demás " talentos - deberían desempeñar un papel vital en cualquier sistema educativo progresista que se precie. A pesar de nuestra fascinación y pasión por la tecnología, nosotros, como ingenieros y estudiantes de ingeniería, no somos "máquinas", sino seres humanos. Sólo tras aceptar esta premisa podemos comenzar a profundizar y a examinar con más detalle determinados asuntos que las ingenieras percibimos como importantes.

"Me fascinaba todo lo magnético y eléctrico"

Soy una estudiante de tercero y último curso de ingeniería eléctrica de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid. Decidí matricularme en esta carrera porque, para empezar, siempre he querido estudiar algo relacionado con las ciencias. Incluso en mi infancia, me fascinaba todo lo magnético y eléctrico, y me moría de ganas por saber cómo funcionaban los distintos aparatos. Ahora tengo veintitrés años y, por supuesto, mi interés por mi campo de estudio va más allá que la simple curiosidad hacia estas "fuerzas mágicas"... Para mí, la ingeniería es una herramienta, la más útil, para poner en práctica los conocimientos científicos y, lo que es todavía más importante: la ingeniería me permite poner la ciencia al servicio de la sociedad.

A lo largo de mi estancia en esta universidad, he disfrutado con muchas asignaturas, especialmente con las prácticas, donde la teoría deviene algo tangible, por decirlo de alguna manera. He de decir, no obstante, que también me han embargado ciertos sentimientos negativos con respecto a algunos aspectos de mi carrera. Creo que se transmite una imagen recurrente de la ingeniería como una disciplina fría, con un ángulo de visión altamente especializado pero un tanto limitado. Y al ver la minoría de chicas que somos en clase (menos de un tercio del total del alumnado) no he podido evitar preguntarme si la ingeniería será, o no, una profesión para mujeres, después de todo.

Cada vez que una mujer llega a la conclusión de que no está hecha para ser ingeniera, el mundo ingenieril pierde, gota a gota, el poder que derivaría de una mano de obra más diversa. La diversidad puede ampliar los horizontes y el alcance de la ingeniería proporcionando puntos de vista alternativos, por no hablar de los tantos talentos, independientes del género, que muchas mujeres poseen. En base a mi experiencia, la mayoría de los estudiantes y profesores varones (aunque, por supuesto, hay excepciones) no son capaces de apreciar esto plenamente. Diría que las mujeres que se adentran en el campo de la ingeniería son aceptadas pero no tratadas como iguales, y por el momento no están lo suficientemente motivadas, ni tampoco en los puestos adecuados, para introducir cambios en sus lugares de trabajo.

En cualquier entorno profesional, los "modelos de conducta" tienen una importancia extrema. Las personas capaces de representar perspectivas no tradicionales del género pueden aportar una mentalidad más abierta al mundo de la ingeniería. El tutelaje también ha de ser fomentado. ¿Y cómo puede llevarse que cabo? Creo que, por ejemplo, se podrían lograr resultados mediante un enfoque pedagógico más amplio que contemplase la posibilidad de que los profesores pudiesen dedicar una parte de su tiempo de clases a compartir algunas de sus experiencias personales y profesionales. Esta dinámica ayudaría a crear un diálogo más abierto entre ingenieros establecidos y estudiantes, y un aprendizaje mutuo.

Así es como Christine Heller, profesora de ingeniería eléctrica de mi universidad, pasó a ser mi mentora. Me dio varias asignaturas, tanto teóricas como prácticas, de maquinaria eléctrica. En varias ocasiones, tuve la ocasión de charlar con ella sobre el sistema universitario y asuntos de género. Me di cuenta de que su visión de la ingeniería era más abierta, y para mí más humana, que las de todas las personas que conocía, hasta ese momento, en el mundo de la ingeniería. También me sorprendió descubrir que existen otras personas como ella que están trabajando activamente para ver estas nuevas ideas sobre la mesa.

El año pasado Christine Heller me dio una copia del informe de la Comisión Europea (sólo disponible en inglés) "Women in Industrial Research: A Wake Up Call for European Industry" [Mujeres en el campo de la investigación industrial: una llamada al despertar de la industria europea] y, desde ese momento, mi interés en los asuntos de género no ha dejado de crecer. Unos meses más tarde, me invitó a acompañarla al congreso de "Mujeres en el campo de la investigación industrial" (Women in Industrial Research Conference) que se celebró en Berlín en octubre del 2003 para que pudiese vivir un acontecimiento internacional y participar en una sesión sobre "Jóvenes investigadores: cómo conseguir que mujeres se decanten por carreras profesionales". La experiencia fue realmente extraordinaria y estimulante.

Todas estas vivencias me impulsaron a analizar, con más detalle, los factores que afectan las carreras profesionales de las ingenieras de hoy en día. Me di cuenta de que, junto con las dudas acerca de si se podrán identificar plenamente con el entorno profesional, las mujeres también tienden a sentir ansiedad ante la idea de tener que escoger entre avanzar en su profesión y fundar una familia.

La justicia de los contratos que se les ofrecen parece ser otro de los temas que más preocupan a las ingenieras. Un profesor de mi universidad (que no deja de ser una excepción a la regla, en cuanto a que aprecia el papel que desempeñan las mujeres en el mundo de la ingeniería) me contó el siguiente caso: una empresa contrató a un grupo de jóvenes profesionales españoles, entre los cuales había algunos ingenieros. Cuando se reunieron para firmar sus contratos, los hombres y las mujeres fueron dirigidos, respectivamente, a dos salas diferentes. La persona que dio la bienvenida al público femenino dijo algo en la línea de: "Les hemos seleccionado porque han superado al resto de los candidatos (ingenieros varones) por un 15%. Sin embargo, si desean aceptar sus puestos, tendrán que comprometerse a mantener su rendimiento y a no casarse ni tener hijos durantes los próximos años". Está claro que si existen contratos así, por muy injustos e ilegales que sean, es porque hay personas dispuestas a firmarlos. Pero ¿qué podían hacer estas mujeres, si querían y deseaban sus trabajos?

Estos son dilemas reales sobre los cuales he reflexionado y debatido mucho con el resto de mis compañeras de clase. Nosotras, estudiantes de ingeniería, necesitamos que compartan con nosotras no sólo historias como la relatada anteriormente; también anécdotas con final feliz. Los estudiantes jóvenes, con todo un futuro por delante, tienen que ser impulsados a tener la confianza necesaria para lograr sus ambiciones y dar rienda suelta a todo su potencial.

La responsabilidad social de los ingenieros

Al reflexionar acerca de los asuntos de género, caí en la cuenta de que hay otro aspecto importante de la ciencia que está infra-desarrollado en la ingeniería: la responsabilidad social. "¿Qué puedo ofrecer yo a la sociedad como resultado de mis esfuerzos en este campo?" es una pregunta que debería estar presente en las mentes de todos los ingenieros. Para que la tecnología se desarrolle de manera estrechamente ligada a las necesidades de la sociedad, y por su bien como fin último, creo que deberían de implementarse nuevos métodos docentes que estimulasen las consideraciones de carácter ético y una toma de conciencia de las implicaciones de los diversos avances tecnológicos. Éstos podrían presentarse en forma de asignaturas como ética, filosofía, arte..., materias que ayudarían a enfocar las necesidades y preocupaciones del ingeniero como ser humano, además de a estimular la creatividad y la innovación.

Ahora, creo que este es un punto de vista típicamente femenino. No quiero decir con esto que la sensibilidad o la conciencia social sean cualidades exclusivamente femeninas (ni que todas las mujeres las posean). No obstante, sí que es un hecho que hombres y mujeres a menudo tienen diferentes perspectivas y prioridades. Creo que unos estudios de ingeniería que también tuviesen en consideración la dimensión humana de la vida no sólo harían de la ingeniería una disciplina más ética, sino que también se lograría que más mujeres entrasen en el gremio, algo que - a largo plazo - beneficiaría a los dos sexos.

Hubo una época, nada más comenzar la carrera, cuando pensé en abandonar la ingeniería debido a todos esos aspectos negativos que trae consigo. Sin embargo, ahora puedo decir que he cambiado de opinión, porque me he dado cuenta de que puedo empoderarme, para mi propio beneficio y para el de los demás. Como yo misma me he visto muy agraciada teniendo a mi lado a personas como Christine, en el futuro también me gustaría ser un "modelo de conducta" para la próxima generación. Todavía no sé con exactitud en qué sector trabajaré, pero si algo tengo claro es que no quiero una profesión en la que sienta que sólo soy una parte más de una máquina que enriquece a una empresa. Puede que suene un poco idealista, pero de verdad espero que pueda compaginar bien mi responsabilidad social con mi futura vida profesional, y que ésta tenga lugar en un entorno de trabajo realmente diverso.

Nota del editor: El International Institute of Women in Engineering (IIWE) [Instituto Nacional de Mujeres en Ingeniería] está organizando un seminario de verano de tres semanas de duración titulado "Women Engineers: Pushing the Limits" [Ingenieras: Empujando los límites] en París, del 1 al 20 de julio de 2004. Para obtener más información, rogamos consulten la página web del IIWE.

 

 

 

 

 

 

 

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