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Mujeres en la industria: lo sublime y lo ridículo

KIRSTIE URQUHART
REINO UNIDO

7 DE FEBRERO, 2003

 

"Si los esfuerzos de algunas empresas por atraer y contratar a mujeres rozan lo sublime, en otras éstos son prácticamente inexistentes".

No sorprende oír que algunas empresas europeas hagan más que otras a la hora de emplear y promocionar a mujeres. Lo que sí que puede hacernos girar la cabeza es constatar que su selección y contratación parece que depende menos del sector industrial y más de la cultura de cada empresa individual. Ésta es la conclusión que alcanzaron los autores de un informe que acaba de hacer público la Comisión Europea: Women in Industrial Research: A Wake-up Call for European Industry, que analiza las cifras relativas a mujeres en puestos de gestión e investigación y desarrollo en el ámbito de la Unión Europea.

Tomemos el caso de Schlumberger, por ejemplo. Opera en dos sectores - petróleo y tecnologías de la información - que, tradicionalmente, se han caracterizado por la escasez de mano de obra femenina. Hace casi diez años, la compañía adoptó una medida diseñada para aumentar el número de mujeres en todos los niveles de la empresa (véase el recuadro 1), explica Pierre Bismuth, vicepresidente de Schlumberg de la sección de personal y miembro del grupo de expertos de alto nivel STRATA, encargado de redactar el citado informe comunitario.



Schlumberger - Un caso de estudio sobre diversidad

La multinacional de 81000 empleados, que ya cuenta con una política de diversidad que promueve la contratación de personal de diferentes países (en proporción al número de actividades desempeñadas por la empresa en cada uno de ellos), no aspiró a aumentar el ratio de mujeres trabajadoras de la noche a la mañana. "Queríamos llevar a cabo un cambio de raíz", afirma Pierre Bismuth, introduciendo a mujeres en los niveles más bajos y asegurándonos de que se van promocionando y "de que llegan a la cima de la pirámide de una forma normal", en lugar de reclutar a mujeres ejecutivas de fuera de la compañía.

Schlumberger encuentra mucha resistencia por parte de las universitarias a la idea de trabajar en empresas científicas y de ingeniería, así que se ha requerido mucho "para convencer a las mujeres de que tenemos oportunidades muy interesantes para ellas". Esto ha supuesto prestar una muy especial atención al lenguaje y a las imágenes empleadas por los seleccionadores de personal de la empresa además del lanzamiento de un programa de promoción en las universidades con el objetivo de transmitir el mensaje directamente a las estudiantes.

No obstante, la contratación en sí constituye sólo el primer obstáculo. "Es agradable ser un pionero", señala Bismuth, pero también es agotador. Es por ello que la empresa ha tomado la determinación de ir acumulando una "masa crítica" de mujeres en todos los niveles. "Una vez se tienen más de 10000 mujeres en la compañía, continuar en esa línea resulta mucho más sencillo", sugiere. Así, el cuerpo directivo de Schlumberger, que según Bismuth "solía ser parte de la resistencia", "ha tenido que demostrar su compromiso día tras día". La empresa ha decidido mostrar que comprende la necesidad de que exista un equilibrio entre el trabajo y lo demás y Bismuth declara que, hoy por hoy, todo análisis de la carrera profesional de cualquier empleado de Schlumberger incluye una conversación con el sujeto acerca de su vida privada y sus necesidades específicas. Después de todo, reconoce Bismuth, hay momentos en la vida en los consideramos que el trabajo es lo más importante y otros en los que la vida privada gana precedencia sobre todo lo demás.

Según Gabriel Marquette, Director de Coordinación Técnica de Schlumberger en Europa todo este proceso de transformación interna no ha requerido una aportación financiera adicional por parte de la empresa. Más bien, ha sido simplemente una cuestión de refocalización de los esfuerzos de contratación y de "dedicar más tiempo a la selección de la persona adecuada".

Schlumberger es lo que Teresa Rees, rapporteur tanto del informe citado como de otros dos anteriores, también de la Comisión (el informe ETAN, sobre la situación de las mujeres europeas en el ámbito de la ciencia académica y el informe del Grupo de Helsinki, que compara la situación de las mujeres en la ciencia en 30 países europeos), ha llamado "un modelo". Mientras que el informe ETAN "no encontró ninguna universidad que hiciese las cosas bien" y el Grupo Helsinki no destacó a ningún país por su promoción de la integración del género femenino en los ámbitos de la ciencia y la ingeniería, hay un número de empresas "que sí que están comenzando a cambiar su organización y su cultura", señala Rees. El hecho de "que tengamos ejemplos de los cuales aprender es toda una noticia para Europa", afirma. Y para asegurarse de que la buena nueva se extiende, la primera actividad de seguimiento, tras el informe STRATA, será la publicación de un folleto que destaque las mejores prácticas de un número de tales empresas.Esto es importante porque si los esfuerzos de algunas empresas por atraer y contratar a mujeres rozan lo sublime, en otras éstos son prácticamente inexistentes. Ante el reto de darle un seguimiento al buen trabajo realizado por el grupo STRATA hasta la fecha, su co-presidente, Helga Rübsamen-Waigmann, Directora de Investigación Anti-infectiva de Bayer AG, considera esencial "el implicar, proactivamente, a los directores ejecutivos".

Y también a los gobiernos nacionales; en particular a los de los países que, según el informe, tienen los números más bajos de mujeres en el sector industrial. "Tendrán que pensarse mucho sus políticas", afirma Rübsamen-Wigmann. "No existe otro remedio posible: las empresas y los gobiernos tienen que analizar minuciosamente lo que deben hacer en materia de atención a la infancia y a la tercera edad", declara con rotundidad. En la actualidad, subraya, las científicas europeas tienen más probabilidades de quedarse solteras y de tener menos hijos, si no ninguno, que sus hermanas no científicas. "Si los gobiernos no hacen lo que debieran, entonces las empresas tienen que compensar", señala Ragnhild Sohlberg, vicepresidente de Norsk Hydro y co-presidenta del grupo STRATA junto a su colega Rübsamen-Waigmann. "Y si las empresas no lo hacen, son las mujeres quienes tienen que resolver el problema". Sohlnerg sabe mucho de eso: su país, Noruega, que goza de excelentes prestaciones de atención a la infancia, se resiste a la imperante corriente europea. Allí, "la probabilidad de que una mujer con dos hijos tenga un tercero es superior entre las que trabajan que entre las que no", comenta.

Al final todo se reduce a un sentido del equilibrio. "Es muy importante que mujeres y hombres puedan equilibrar tres ámbitos", señala Sohlberg: el laboral, el privado y el relativo a su comunidad. Más aún, Rees cree que la ausencia de este equilibrio es cada vez más inaceptable en la sociedad. "Las nuevas generaciones simplemente no lo aceptan; buscan una mayor armonía", advierte. El ignorar esta tendencia les saldrá caro, tanto al sector público como al privado, debido a la necesidad de llevar a cabo más procesos de selecciones de personal y más formación y a la no-maximización del personal ya contratado.

Y hay otra razón más por la cual sería insensato, por parte de las empresas, no reaccionar ante las advertencias de la Comisión. Para Rübsamen-Waigmann, una de las principales sorpresas del informe fue el descubrimiento de que "el tener a un mayor número de mujeres en lo departamentos de investigación es una necesidad empresarial". La razón para ello: el creciente poder adquisitivo de las mujeres y su influencia, cada vez mayor, en la toma de decisiones. "El 80% de las necesidades médicas (recetas, etc.) que son prescritas, son prescritas por mujeres", indica Jenny Homen, Directora de Diversidad en Recursos Humanos de AstraZeneca y miembro del grupo STRATA.



Mujeres en la industria: lo bueno, lo malo y lo invisible

Porcentaje de científicas en investigación industrial (extraído del informe STRATA, tabla 3.3):

Irlanda 28.2%
Grecia 23.9%
Portugal 23.8%
Francia 20.6%
Dinamarca 19.6%
España 19.4%
Italia 18.5%
Finlandia 17.8%
Alemania 9.6%
Austria 9.0%

Todas las cifras se refieren al año 1999 excepto Austria (1998), Francia e Italia (2000) e Irlanda (2001).
No existen estadísticas con separación de géneros para Bélgica, Luxemburgo, Los Países Bajos, Suecia y el Reino Unido. En los Estados Unidos, el 19% de las investigadoras en el campo de la industria son mujeres. En Noruega, esta cifra ascienda al 19.6%.

De hecho, dice Holmes, hay una necesidad palpable de "llevar el tema de la diversidad más allá del de género", y no sólo porque, de otro modo, se puede llegar a alienar a la mitad de la población. Si, como pone de manifiesto el informe, "los individuos clonados producen ideas clonadas", una compañía tiene más probabilidades de éxito si piensa de forma diferente en sus prácticas de contratación. Y los hombres no tienen nada que temer de estos esfuerzos para aumentar la diversidad y mejorar el equilibrio entre el trabajo y la vida privada. Una de las moralejas más importantes de la experiencia de Schlumberger es que, cuando una empresa toma medidas para mejorar la situación de sus empleadas, "los primeros en beneficiarse son los hombres", afirma Bismuth.

Mientras tanto, dice Rübsamen-Waigmann, los directores ejecutivos deben darse cuenta de que si el 50% de los licenciados son mujeres pero sólo el 15% de su personal es mujer, es imposible que laplantilla sea de la más alta categoría.

El problema de la selección y contratación de mujeres en las carreras profesionales científicas es, en sí mismo, poliédrico y diverso, y no tiene una solución única. Los gobiernos, las empresas, los colegios, los individuos... todos tienen un papel importante que desempeñar. El problema, advierte Rübsamen-Waigmann, radica en que "mientras que todos esfuerzos permanezcan fragmentados, no vamos a llegar a donde necesitamos con la suficiente rapidez".


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