|
En la actualidad, Ruiz, de 34 años, es la directora deli-Science Centre for Interdisciplinary Science de la Universidad de Leicester (Reino Unido), y acaba de sacar a la luz el programa "SETting an Example: Women in Science, Engineering and Technology" [Dando ejemplo: Mujeres en las áreas de la ciencia, la ingeniería y la tecnología], un programa que aspira a proporcionar una red de apoyo a las estudiantes de ciencias, ingeniería y tecnología de la Universidad de Leicester. El objetivo del proyecto es que aumente la cifra de mujeres que se decanten por carreras de ciencias (véase el recuadro).
|
Las científicas en el Reino Unido
El centro de Ruiz pronto recibirá el apoyo del programa del gobierno británico conocido como el U.K. Resource Centre for Women in Science, Engineering, and Technology (UKRC) [Centro de Recursos del Reino Unido para las mujeres en las áreas de las ciencias, la ingeniería y la tecnología],creado en el 2004 para aumentar la participación y la posición de las féminas en estas tres áreas. Cuando comience a recibir financiación del UKRC en octubre del 2005, uno de los primeros proyectos que Ruiz quiere implementar es un sistema de tutelaje que llevará por título “Hermanas mayores”, en virtud del cual las estudiantes de tercero y cuarto curso de licenciatura tutelarán a las de primero y segundo. Las tutoras recibirán formación y serán las propias alumnas las que se emparejarán entre ellas. Conforme el programa se vaya desarrollando, está previsto que sean las estudiantes licenciadas las que ofrezcan apoyo y asesoramiento a las alumnas de tercero y cuarto de carrera. Todas las “hermanas” tendrán acceso online a su propia red virtual.
Ruiz estructuró este programa a imitación del “Espacio para mujeres” delHarvard-Smithsonian Center for Astrophysics. Con un elenco de actividades que incluirá ferias de empleo, seminarios, conferencias e incluso una nueva publicación, Ruiz y su equipo animarán a todavía más mujeres a adentrarse en el fascinante mundo científico.
|
Aunque Ruiz se hizo, efectivamente, astrónoma, la fase investigadora – estrictamente hablando - de su carrera científica duró relativamente poco. “Ya no soy científica investigadora como tal”, afirma. Del laboratorio, pasé a dar clases de ciencias en colegios, después me metí en el campo del software científico educativo, después en el de la comunicación científica en un museo, y ahora me dedico a gestión de programas científicos en el ámbito universitario. Todo lo que he hecho hasta ahora está relacionado con la ciencia, pero cada vez me estoy alejando más de la profesión de investigadora”.
La científica emergente
Ruiz nació en Nueva Jersey (Estados Unidos). Cuando le preguntan por sus padres, siempre dice: “Piensen en Lucy y Desi, los de la serie de TV “I love Lucy”. Así es mi familia”. Su padre es de origen hispánico, su madre una estadounidense pelirroja de ascendencia irlandesa. Su historia se deferencia de la de “Lucy” en un aspecto importante: sus padres se divorciaron cuando ella era pequeña, y vivió a galope entre ambas familias durante un buen número de años.
Ruiz considera que tuvo una infancia muy normal. Le encantaba el grupo de rock KISS, pasaba el rato con juegos Atari y leía mucho. Pero también se arrastraba por el lodo en busca de arañas y sapos y tenía cangrejos y una cucaracha como animalitos de compañía. “Sigo siendo una chica rara, que se dedica recoger los gusanos que se quedan perdidos en la acera, y a colocarlos en lugares más seguros”.
Ruiz fue, en conjunto, una buena estudiante, pero – según nos cuenta - la transición del colegio al instituto le costó un poquillo. “Tuve algunas dificultades con las matemáticas”, señala. “Con ello quiero decir que no sacaba todo sobresalientes; tuve no pocos notables y, en una ocasión, un bien. En un momento dado empecé a creer que carecía del talento necesario para ser científica. Pero me forcé a hincar los codos, ignoré estos pensamientos destructivos y me centré única y exclusivamente en mi meta”.
Universidades y economía
Con su sueño de llegar a ser astrónoma en mente, a la hora de escoger carreras, Ruiz limitó su listado de opciones a universidades con programas de licenciatura de astrofísica o astronomía. En un primer momento, puso su mirada en la Case Western Reserve University de Cleveland, por los telescopios gigantescos que este centro posee en Arizona. Pero cuando fue allá, a ser entrevistada, la encargada de admisiones le animó a que solicitase su admisión en las universidades estadounidenses de la “Ivy League” (el club de las universidades estadounidenses de más prestigio). Ruíz decidió probar suerte con la Cornell University, con la que se ilusionó mucho hasta que supo que Carl Sagan sólo daba clase allí muy de vez en cuando. Un amigo le convenció para que también solicitase su admisión en Harvard.
Las tres facultades le aceptaron, pero al final optó por trasladarse a Cambridge y estudiar en el Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics. “A diferencia de muchos de los alumnos de Harvard, yo realmente tuve que hacer un esfuerzo por permitirme estudiar en esta universidad. Tuve que sacrificar mi vida social, y mis notas, en gran medida, pero se me abrieron muchos caminos profesionales”.
Ruíz trabajó en un pequeño radio telescopio del Observatorio de Harvard, en el Space Telescope Science Institute de Baltimore, y en el Observatorio Maria Mitchell, en la isla Nantucket, en el estado de Massachusetts. Cada experiencia le fue aproximando más y más a su sueño de ser astrónoma. La investigación que realizó en uno de estos trabajos de temporada estival fue publicada en una revista científica; pero, para Ruíz, la mayor recompensa de estos empleos veraniegos fue, probablemente, poder conocer y trabajar codo a codo con Sam Palmer, un ingeniero del Observatorio de Harvard, y con Christine Jones, una astrofísica de la misma universidad. A día de hoy, ambos siguen siendo sus mentores.
Aunque sus veranos fueron un éxito rotundo, Ruíz siguió pasándolo más durante los cursos académicos, llegando incluso a suspender una asignatura de matemáticas. “Harvard me proporcionó muy poco apoyo en este sentido”, señala. Se preguntó incluso si no tendría algún trastorno de aprendizaje.
No obstante, a su lado estaban algunas personas que se encargaron de subrayarle que el hecho de haber suspendido una asignatura de matemáticas “no quería decir que era negada para esta materia”. Su habilidad estaba allí, presente, pero su fe necesitaba ser reavivada.
Una licenciada en un mundo de doctores
Ruíz recibió su título de licenciada por Harvard, pero según ella, en Estados Unidos, sin un doctorado, uno no puede aspirar a llegar muy lejos en el ámbito científico. “Así que me quedé sin saber hacia dónde tirar”. Tras dejar atrás la universidad, pasó a ser vicepresidenta de una punto.com. Uno de sus primeros proyectos consistió en hacerle una página web a Christine Jones.
La NASA estaba muy interesada, por aquel entonces, en ofrecer programas educativos relacionados con el espacio a colegiales, así que Ruíz acabó obteniendo una beca para formarse en pedagogía tanto dentro de la Space Science Office como en el Observatorio Chandra de esta institución. “Aprendí teoría de la educación y fisiología del aprendizaje, con el fin de poder elaborar curriculums de ciencias apropiados para cada grupo de niños”. Ruíz dedicó miles de horas a impartir docencia en colegios.
También fue profesora ayudante en los cursos nocturnos de astronomía de Harvard; desarrollo productos multimedia para espectáculos tales como “Reading Rainbow” y “Bear in the Big Blue House”, y trabajó en el Museo de Ciencias de Boston, donde organizó exposiciones, espectáculos en directo, retroproyecciones, vídeos, y otros proyectos promocionales y de producción. En un momento dado, no obstante, una serie de asuntos de naturaleza interpersonal comenzaron a pesarle. “Estaba acostumbrada a trabajar en el ámbito académico”, dice, “donde uno trabaja por amor al arte. Pero luego ves que hay personas que trabajan para ellas mismas, para obtener recompensas, alabanzas y poder. Detesto a este tipo de gente”. Decidió irse de Boston.
Trabajando al otro lado del océano
Las múltiples experiencias de Ruiz como mujer inmersa en el mundo científico vienen a constituir un bagaje utilísimo a la hora de ayudar a otras féminas a lograr sus propios objetivos. En Inglaterra, como en Estados Unidos, las mujeres y las personas pertenecientes a minorías también se ven, en muchas ocasiones, “en situación de inferioridad”, señala.
“Pero los mentores están, o pueden estar, por doquier”, señala Ruíz. “Basta tener el coraje de admitir que se necesita y se quiere uno. Creo que la gente, en general, no es consciente de lo mucho que pueden evolucionar personalmente si consiguen ponerse en contacto con personas que admiran”.
Star Lawrence es escritora freelance. Pueden ponerse en contacto con ella mediante el siguiente correo electrónico: jkellaw@aol.com.
|