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Cambiando la cultura de las matemáticas

EDNA FRANCISCO

ESTADOS UNIDOS

16/09/05

En el banquete veraniego anual del grupo EDGE (Enhancing Diversity in Graduate Education – Por la diversidad en la educación universitaria de Tercer Ciclo), la noticia de que Farrah Jackson se había doctorado en matemáticas fue acogida con júbilo y estruendosos aplausos. “Parecía que estábamos en un partido de baloncesto”, recuerda Sylvia Bozeman, catedrática de matemáticas del Spelman College de Atlanta, y co-directora de EDGE. “Fue simplemente maravilloso ver como el resto de las alumnas estaban emocionadas, ya no sólo por el logro de Farrah; también anticipando sus propios logros futuros”.

Desde 1998, EDGE ha estado ayudando a mujeres, y especialmente a mujeres de minorías poco representadas (afroamericanas, hispanas, amerindias e isleñas del Pacífico), en su transición a programas de postgrado en el área de las matemáticas. El doctorado de Jackson, por la North Carolina State University, es un hito dentro de la corta historia de EDGE: Jackson es la primera afroamericana de este programa que consigue el ansiado título de doctora.

EDGE – diversificación de vanguardia

EDGE tiene, sin lugar a dudas, un objetivo bien definido. Cuando se fundó, en 1998, el Sondeo Anual de Ciencias Matemáticas publicado por la American Mathematical Society reveló que, de los 586 ciudadanos estadounidenses que se doctoraron en EE.UU. entre el 1 de julio de 1997 y el 30 de junio de 1998, hubo un total de 163 mujeres, de las cuales dos eran indoamericanas; cinco, afroamericanas; seis, latinas o hispanas; y ninguna isleña del Pacífico.

Fueron estas cifras tan reducidas de féminas en el campo de las matemáticas las que motivaron a Bozeman, a Rhonda Hugues y a Helen Herrmann a crear el programa EDGE. A lo largo de sus trayectorias académicas y profesionales, tanto Boseman como Hugues fueron testigos de como muchas mujeres y estudiantes de minorías abandonaban sus estudios antes de finalizarlos. Las directoras de EDGE atribuyen este ratio tan alto de fracaso a un sistema que, según ellas, ha permeabizado a muchos departamentos de matemáticas durante décadas. “En general, se piensa que sólo los más inteligentes pueden estudiar matemáticas ”, dice Bozeman. “Se espera que tengas un talento especial, innato”. En este contexto, a los estudiantes de postgrado se les deja poco margen de error, y se acaban desanimando y yendo en el momento en el que se le presentan dificultades”.

Para las mujeres y las personas pertenecientes a minorías, el llegar a demostrar que son iguales de buenos/as que sus compañeros de clase constituye una labor todavía más complicada. Estos alumnos, especialmente aquellos provenientes de universidades pequeñas e instituciones específicas para estudiantes de minorías, tienen, según las dos directoras de EDGE, dificultades a la hora de adentrarse en el campo de las matemáticas. Suelen estar habituados a centro universitarios pequeños y acogedores, y les cuesta integrarse en departamentos de matemáticas grandes con apenas un par de mujeres, entre el alumnado, y ningún profesor perteneciente a una minoría. Además, muchas vienen de universidades en las que no se ofrecen asignaturas de matemáticas de nivel avanzado; consecuentemente, comienzan sus estudios de postgrado con una preparación académica limitada, añade Hughes.

Según Bozeman, EDGE prepara a las mujeres y a las minorías para los estudios predoctorales, tanto mediante formación matemática como con apoyo psicológico. “Hemos visto como muchas mujeres [y personas de minorías étnicas] triunfaban con el paso de los años, y sabemos que no hay que ser un genio para ser matemático. La habilidad matemática se puede desarrollar”.

EDGE – a favor de la atribución de poder a la mujer

Cda programa, financiado por la Fundación Andrew W. Mellon, comienza con un curso de verano de cuatro semanas de duración para 8 – 14 personas. Todas las asistentes son mujeres: la mitad de color, la otra mitad de raza caucásica. Cada participante tiene que haber sido aceptada en un programa de postgrado en matemáticas, o bien haber completado el primer año de doctorado de un programa en esta disciplina.

Este programa de verano se organiza en un college diferente cada año, y ofrece a las mujeres una especie de aperitivo de la vida de postgrado: un cursillo intensivo de dos asignaturas básicas: álgebra abstracta y análisis. A las participantes también se les enseña a lidiar con el estrés académico, sacándole provecho a la figura del mentor.A la hora de hacer los deberes, se insta a las estudiantes a trabajar en equipo.

El programa de verano también ofrece otras actividades adicionales de supervivencia. Durante un fin de semana, las participantes acogen a las estudiantes EDGE del año anterior, quienes comparten con las más novatas sus experiencias en la universidad. EDGE también ofrece un seminario, impartido por un psicólogo o sociólogo, para ayudar a las estudiantes a manejar sus diferencias individuales, además de otros asuntos de género y el tema complejo de la diversidad.

Finalmente, a las participantes se les da la ocasión de conocer a matemáticos senior, quienes se ponen a su disposición para hablan de salidas profesionales e investigadoras. Una vez terminado el programa de verano, EDGE organiza para cada asistente un programa de tutelaje de un año de duración con un miembro del profesorado de la institución en la que estudia o va a estudiar. Las mujeres pueden acudir a EDGE, en búsqueda de apoyo y asistencia, en cualquier momento del futuro.

Se nota ... la diferencia

Hasta la fecha, tres participantes EDGE han recibido sus doctorados, y más de cincuenta y ocho están en ello. Treinta y tres han o bien abandonado el programa predoctoral, u optado por obtener el título de Master en su lugar. Los directores de EDGE no consideran que los recipientes de Masters hayan fracasado. “Confiamos en que muchas de las mujeres que optan por abandonar los estudios de postgrado con la maestría bajo el brazo continúen sus estudios doctorales más adelante”, dice Hughes. “Hemos visto ya muchos casos de mujeres que retoman el doctorado pasado un tiempo”, señala Bozeman; el matrimonio y los hijos suelen ser dos de los motivos por los cuales las mujeres prolongan más de lo habitual su etapa predoctoral.

Aunque son pocas las participantes EDGE que han llevado su doctorado a término, EDGE ha sido influyente a la hora de lavarle la cara a las matemáticas. Según sus directoras, EDGE ha evitado que muchos estudiantes abandonasen los estudios, y animado a otras a que se cambiasen a programas de postgrado más adecuados, cuando la situación así lo requería. Y en el proceso, han conseguido que los departamentos de matemáticas de varias universidades se diesen cuenta de como determinadas cosas que solían decir o hacer tenían un impacto negativo sobre el alumnado femenino.

En el caso de Farrah Jackson, en la actualidad profesora ayudante de matemáticas en la Universidad de Carolina del Norte, en Wilmington, la red de EDGE le ayudó a mantenerse a flote durante su etapa predoctoral. “Yo era la única mujer de mi promoción”, dice. “Aunque las otras participante del programa EDGE de mi año estaban en universidades distintas, el saber que podía hablar con ellas y que estaban en una situación semejante a la mía, me ayudó mucho”.

Bozeman y Hughes confían en que EDGE continúe alterando la cultura de las matemáticas. “Queremos que los departamentos presten atención al hecho de que están, de facto, perdiendo estudiantes, y que comiencen a averiguar qué es lo que pueden hacer para cambiar el rumbo de las cosas... Lo que queremos es intentar compartir nuestra “sabiduría” con estos departamentos que quieren mejorar sus tasas de retención del alumnado femenino”, indica Bozeman.

Edna Francisco es escritora colaboradora de MiSciNet. Pueden ponerse en contacto con ella a través del siguiente correo electrónico: eofrancisco@nasw.org.


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