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“Los científicos son hombres”.
- Anónimo, alumno de 2º curso de Educación Primaria (1995).
“Estoy aburrida a más no poder de todo ese rollo del género. Dejemos de hablar del tema. No es necesario, y con ello sólo conseguimos crear un problema todavía mayor”.
- Rosa, doctoranda (2000).
En el fondo de la problemática de “las mujeres en las ciencias” radica una paradoja muy sencilla: la discriminación y el abuso todavía siguen siendo lugares comunes pero, sin embargo, la mayoría de la gente – inclusive la mayor parte de las mujeres – rehúsan a hablar de ello. ¿Debería sorprendernos el que estas situaciones denigrantes sigan estando de actualidad? La verdad es que no. ¿Son estos problemas, por otra parte, tan obvios, tan aparentes, como en la era de las feministas empedernidas y los machos chauvinistas? En absoluto. En la actualidad, estos males se manifiestan de maneras más sutiles e insidiosas. ¿Ha mejorado, en líneas generales, el estatus de la mujer científica? Sin lugar a dudas. ¿Deberíamos estar satisfechos, pues, con la situación actual de la mujer en el ámbito científico? Lamentablemente, no.
En una época en la que columnistas y comentadores pontifican sobre las herramientas investigadoras utilizadas por Julia Roberts en Erin Brockovich y sobre el papel de la violencia en la evolución humana, ¿nos sorprende que la cultura de la ciencia siga siendo un ágora complicada para las mujeres? No, porque aunque nos cueste horrores admitirlo, la cultura de la ciencia refleja lo que sucede en el resto de la sociedad. ¿Pero por qué?, quizás se pregunten. Pues por dos razones principales: la cultura de la ciencia está poblada de personas normales y corrientes con sus presuposiciones y prejuicios típicos; y por otra parte, el proceso de creación de cambios substanciales dentro de cualquier institución o cultura es siempre largo y pródigo en dificultades varias.
En este artículo, reflexionaré acerca de esos prejuicios que subyacen a la problemática de la mujer científica, y compartiré algunas estrategias para combatirlos.
No sabría decir por qué estoy escribiendo este texto. Más de una mujer me ha dicho que, haciéndolo, estoy colocándome en un pedestal a lo menos frágil. Quizás la palabra “precipicio” sea más adecuada. Lo que sé es que raramente evito ofrecer un canal público a asuntos importantes que generalmente sólo se discuten en la intimidad. El hecho de que, de facto, se den estos debates privados significa que los asuntos tratados están todo menos resueltos. Lo mismo diría que sucede con esta problemática en torno a la mujer en las ciencias.
El potencial y la realidad
No creo que nadie me rebata la afirmación de que las “luchas” de las mujeres científicas no tienen nada que ver ni con grados de interés ni con una mayor o menor falta de predisposición o habilidad. A modo de ejemplo, esto es lo que escribió Lauren tras participar en una actividad de fisiología que organicé en su clase de 5º de Primaria: “Me encantó aprender cosas acerca de los pulmones. Tan pronto llegué a casa esa noche, monté unos cuantos experimentos muy divertidos”. Este pasado mes de abril, formé parte del jurado de la Feria de Ciencia e Ingeniería de Colorado (Estados Unidos); de los 279 virtuosos infantes que participaron, un 54% eran niñas.
Pero con el tiempo, ¿qué sucede conforme estas chiquillas empiezan a dar más y más pasitos académicos y profesionales, en aras de perseguir su pasión por la ciencia? Las cifras van disminuyendo. En 1998, sólo un 35% de los títulos de Doctor que se concedieron en los Estados Unidos fueron a caer en manos de mujeres. Asimismo, únicamente un 18% del total de propuestas de investigación recibidas por la National Science Foundation ese mismo año fueron presentadas por féminas. En el Massachusetts Institute of Technology, incluso después de la realización de un estudio piloto acerca del estatus de la mujer en la ciencia, todavía no hay ni una jefa (con “a”) de departamento en toda la Facultad de Ciencias. Dentro de la comunidad científica, en su sentido más amplio, también es habitual que la mujer no logre ocupar puestos editoriales ni ningún otro escaño que entrañe responsabilidad y poder.
En los peldaños más altos de la escalera, ¿podría justificarse la ausencia de las féminas en la medida en que son sobre todo éstas las que tienen que hacer más malabarismos para conciliar lo personal, lo familiar y lo profesional? Según algunas mujeres que llegaron a la cima, y que publicaron sugerencias para científicas junior sobre cómo lograrlo, la respuesta es afirmativa. Pero yo me resisto a creerlo; creo que la problemática va más allá: después de todo, los hombres separados o solteros que tienen la custodia de sus hijos también se ven obligados a prestar la misma atención a este trío de demandas en conflicto. Tras leerle un informe con consejos prácticos acerca de cómo llevar mejor esta conciliación de intereses y obligaciones, una compañera de trabajo afirmó sentirse “asqueada”: “No menciona ninguno de los verdaderos asuntos que las mujeres han de abordar si quieren llegar a ser algo en la jerarquía científica”.
Si no se trata de interés ni de aptitudes, ni tampoco la necesidad de armonizar vida personal, familiar y profesional, entonces ¿cuáles son los caballos de batalla a los que mujeres – y hombres – se han de enfrentar para que todas las mujeres virtuosas puedan triunfar en la ciencia si se lo proponen y lo desean? Me pregunto...
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Me pregunto...
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Me pregunto por qué la mayoría de la gente no admite públicamente que entre hombres y mujeres hay diferencias genuinas, fundamentales, tanto en personalidad como en perspectiva. Me pregunto por qué la mayoría de la gente minusvalora o no tiene en cuenta estas diferencias, en lugar de reconocerlas y aceptarlas.
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Me pregunto por qué la mayoría de las mujeres no se aprovechan de los recursos diseñados para ayudarles a ir avanzando en el ámbito científico. Me pregunto por qué la mayor parte de las mujeres ni siquiera preguntan si, de hecho, existen recursos a los que pueden echar mano.
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Me pregunto por qué algunas mujeres evolucionan hasta convertirse en abejas reinas, mujeres que desean preservar su estatus académico impidiendo o destruyendo la progresión en las trayectorias de mujeres más jóvenes. Me pregunto si estas abejas reinas son conscientes de lo que hacen. Me pregunto si no sería posible que desempeñasen, en su lugar, el papel de mentoras / compañeras.
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Me pregunto si las profesoras les dirán a sus estudiantes varones que de ningún modo podrían comprender las matemáticas o que no deberían leer libros aparte de los de texto, ya que esos libros sólo conseguirían confundirles.
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Me pregunto por qué la mayoría de los hombres se refieren a sus colegas utilizando fórmulas determinadas por el género: el Dr. Científico Varón y Patricia. Me pregunto por qué estos hombres argumentan que no pueden hacerlo de otro modo. Me pregunto su estos hombres tampoco son capaces de responsabilizarse de su comportamiento en otros aspectos de sus vidas.
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Me pregunto por qué la mayoría de los hombres tienen problemas con las mujeres asertivas y seguras de sí mismas. Me pregunto por qué estos hombres piensan que el problema está en la mujer.
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Me pregunto por qué la mayoría de los hombres ven a las mujeres como hijas o como mujeres, en lugar de como científicas, que coincide que también son mujeres.
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Me pregunto por qué tantos hombres se le insinuan a mujeres, a sabiendas de que no están interesadas. Me pregunto por qué muchas de estas mujeres sienten que tienen que tragar este comportamiento depredador. Me pregunto si las mujeres en puestos junior contemplan, de hecho, la existencia de alguna vía de escape para este tipo de situaciones.
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Me pregunto si las políticas pro-maternidad, que supuestamente están hechas para no bloquear ni castigar las justas aspiraciones de las mujeres en sus trayectorias científicas, son “cosméticas” o reales.
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Me pregunto por qué sólo una mujer (frente a trece hombres) pronunció una conferencia en el congreso Experimental Biology 2000, organizado por la American Physiological Society. Me pregunto qué mensaje transmite esta realidad a los estudiantes de pre- y post-grado de ambos sexos.
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El éxito en las ciencias: un juego de estrategi
Al igual que el proceso de publicación, el éxito en las ciencias no deja de ser un juego, tanto para hombres como para mujeres. El objetivo del juego es escalar hasta la cima del logro y la responsabilidad científicas. Si usted es mujer, es muy probable que su escalada se vea dificultada por determinadas condiciones. La noción de que el éxito en la ciencia es un juego también está en el fondo de la cuestión.
Desde la perspectiva del que a menudo ha hecho cosas para luchar contra este status quo, les ofrezco las siguientes estrategias para ayudarles a triunfar en este juego científico.
- No se permita ser una víctima. Si se encuentra en una situación desagradable o incorrecta, documéntelo todo. Actúe: hable si puede; enfréntese al problema si debe. Pero hago algo. Y hágalo con el apoyo de las personas que estén de su lado.
- Acepte que la mayoría de los hombres tienen problemas con las mujeres. En el trabajo, no se mezcle con estos hombres. Es de nobles pensar que puede cambiarlos, pero no se haga vanas ilusiones. Sepa dos cosas: el hecho de que estos hombrestengan problemas a la hora de trabajar con usted no es su problema; lo que sí es su problema es aprender a trabajar al lado de estos hombres a pesar de su problema. Si los hombres en cuestión semejan confundidos, recuérdeles que su relación con ellos es estrictamente profesional. Es posible que tenga que hacer esto a menudo: algunos hombres son realmente idiotas en su trato con las mujeres. Para centrarse en estrategias que funcionen entre estos hombres, hágase la siguiente pregunta: ¿quiero volverme loca, o deseo ser eficaz?
- Responsabilícese de su educación y de su carrera profesional. Nadie lo hará por usted. Decida qué quiere hacer, y después averigüe como hacerlo. Hable con las personas que pueden ayudarle a saber qué cosas debería estar haciendo, y que pueden ayudarle a ponerse con las manos en la masa. Hable con miembros del profesorado de su universidad o con científicos senior. Pídale a algún compañero que le revise su solicitud de beca antes de entregarla. Asista a cursillos de gestión y de liderazgo.
- Céntrese en actividades académicas que le ayuden a progresar en su trayectoria científica. El día sólo da para tanto. Por mucho que lo desease, es simplemente imposible que haga todo, para todos. Sea realista: defina sus prioridades y sea selectivo. El formar parte de un determinado comité puede ser muy altruista por su parte, pero si es algo totalmente supérfluo dentro de su carrera, busque una manera diplomática de eludir esta responsabilidad. Triunfe, ármese, y después sea generoso con su tiempo.
- Hágase bien visible para establecer su presencia. Ofrézcase voluntario para dar una presentación. Ofrézcase para formar parte de un grupo de estudio de un tema concreto: se beneficiará de ello de maneras inimaginables.
- Encuentre aliados personales y defensores profesionales. Identifique a personas (no necesariamente, en absoluto, de su departamento o institución) a las que les importe, y con las que pueda hablar de ciencia, del mundo académico y de la vida, en general. Recuerde que puede sacarle mucho provecho a sus conversaciones con cualquier mentor bueno. A menudo, sus mejores aliados pueden ser hombres con hijas.
- Si piensa que necesita ayuda, pídala. Es signo de confianza y fortaleza. Aparte, a la mayoría de la gente le gusta que le pidan ayuda. Deles la oportunidad. Saldrá beneficiado.
- Practique. Recuérdelo: éste es un juego en el que quiere salir vencedor. ¿O no? Así que practique los comportamientos y las técnicas – la mayoría de las cuales no tienen nada que ver con la ciencia, como tal – que le ayudarán a triunfar.
Consideraciones finales
Tratar de modificar la inercia de una cultura cuesta y a menudo duele. Lo mismo sucede con este asunto que nos atañe, el de las científicas. Pero si las mujeres practican estrategias para triunfar en las ciencias, y si todos nosotros – hombre y mujeres – hablamos abiertamente sobre los obstáculos que bloquean ese éxito, veremos como un día, la cultura de la ciencia otorgará a las mujeres el mismo salario, el mismo reconocimiento y el mismo acceso a la información, a los recursos y la responsabilidad, que a los hombres. Como tiene que ser y como siempre tendría que haber sido.
Agradecimientos
A Mary Golladay y a Vernon Ross, por su información cuantitativa. Al siguiente grupo de mujeres: Nicole Bliss, Coleman Cooper, Kim Edgar, Karen "Kaz'' Purre, Kim Barrett, Mary Clutter, Penny Hansen, Laurel Harken, Robin Harvan, Toby Horn, Shirley Malcom, Marsha Lakes Matyas, Mary Potter, Dee Silverthorn y Patti Thureen, por sus ideas y su tiempo.
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Algunas referencias y recursos de interés:
- American Association of University Women
- Association for Women in Science
- R. C. Barnett, P. Carr, A. D. Boisnier, A. Ash, R. H. Friedman, M. A. Moskowitz y L. Szalacha, "Relationships of gender and career motivation to medical faculty members' production of academic publications", Acad. Med. 73, 180-186 (1998).
- M. Carnes, "Balancing family and career: advice from the trenches", Ann. Intern. Med. 125, 618-620 (1996).
- Committee on Women Faculty in the School of Science, "A study on the status of women faculty in science at MIT," MIT Faculty Newsletter, 11 (1999).
- K. Dickersin, L. Fredman, K. M. Flegal, J. D. Scott y B. Crawley, "Is there a sex bias in choosing editors?" JAMA 280, 260-264 (1998).
- Doctorate Recipients from United States Universities: Summary Report 1998.
H. Etzkowitz, C. Kemelgor, M. Neuschatz, B. Uzzi y J. Alonzo, "The paradox of critical mass for women in science", Science 266, 51-54 (1994).
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