| En
el periodo anterior al día de Acción
de Gracias me sentí verdaderamente
miserable. Tras años de trabajo en
laboratorios de varios campus universitarios
y de interacciones diversas con alumnos
de posgrado, digamos que tenía una
idea preconcebida acerca de cómo
sería mi vida como estudiante predoctoral.
Pero ni mi departamento ni mi facultad se
aproximaban ni lo más mínimo
a ese ideal. Me di de plazo hasta el final
del semestre de primavera para encontrar
algún motivo de alegría en
esa mi nueva vida.
Gradualmente, las
cosas comenzaron a mejorar. Todavía
asistía a clases y me esforzaba
en preparar otro examen eliminatorio más.
Mi investigación comenzaba a avanzar,
aunque no al ritmo que a mí me
hubiese gustado. También crecía
mi interés por mi proyecto de investigación.
Jeff (mi PI, o investigador principal)
estaba relativamente contento con mi progreso
y con mi habilidad para trabajar en el
laboratorio, aunque no extático.
(Creo que nunca se extasia por nada que
no sean resultados).
Presenté una
solicitud para una beca de investigación
en los Institutos Nacionales de Salud
(NIH), y al prepararlo todo avancé
bastante en la redacción de mi
memoria investigadora hasta la fecha.
Hice muchos amigos, con los que me uno
a menudo aunque sólo sea para comer
y disfrutar de la compañía
mutua. Encontré una iglesia en
la que me encontré verdaderamente
a gusto. Y mi madre vino a visitarme.
Mi vida parecía ir más o
menos por el buen camino...
Y luego - por supuesto,
este tipo de vicisitudes siempre tienen
lugar cuando uno por fin ha conseguido
que las cosas avancen en el sentido adecuado
- todo se fue al traste.
¿Puede alguien
decirme lo tonto que tienes que ser para
copiar no en uno, sino en dos exámenes
de hacer en casa? El segundo examen incluso
incluía una promesa de honor que
exigía que escribiésemos
nuestros nombres en un documento indicando
que no habíamos colaborado con
nadie ni pedido ayuda de ningún
tipo. Pero en mi clase hay algunas personas
con pocas luces, y por sus pecados todos
fuimos castigados.
Para resumir todo:
varias personas copiaron en el examen
que un profesor entregó para hacer
en casa, y se disponían a organizarse
para hacer lo mismo en un examen semejante
de otro profesor. Algunos de los estudiante
más cabales de la clase se enteraron
de estas violaciones a la honestidad académica
y decidieron comentárselo a los
profesores. Lamentablemente, el golpe
cayó sobre todos nosotros. Los
profesores implicados decidieron someternos
a todos a un nuevo examen, a libro
cerrado, de dos horas de duración.
¿Cuándo? Una hora después
del examen eliminatorio que en ese momento
estábamos preparando. Dijeron que
creían que los exámenes
entregados anteriormente no evaluaban
adecuadamente a los estudiantes del curso
(¿de verdad?) y que, por lo tanto,
todos recibiríamos un "incompleto"
como calificación para esa asignatura.
¿Y qué sucede entonces con
el título de Máster que
les mencioné que me había
ganado el mes pasado? Pues nos lo han
quitado hasta que recibamos las notas
de esta materia...
Olvidemos el simple
hecho de que si copias, una evaluación
justa es lo último que te mereces.
Simplemente, no comprendo al profesorado
que, castigando a todos, muestra tan poca
consideración hacia los alumnos
honestos y francos. Tampoco comprendo
por qué aquellos que cometieron
la infracción se han quedado sin
castigo. Básicamente, me siento
traicionada. La universidad en la que
me licencié no hubiese tolerado
algo así. Allí, los individuos
en cuestión podrían mostrar
su inocencia o su culpabilidad. Este modo
de proceder tan indiscriminado ofende
mi sensibilidad. Me enfurecí.
Todavía estoy
contrariada. Me estoy cuestionando seriamente
si quiero, o no, permanecer en este Departamento.
Simplemente no puedo creer que los profesores
me hayan castigado a mí por las
infracciones de otros. Me desconcierta
el que el profesorado fuese incapaz o
no quisiese encontrar y enfrentarse a
los presuntos tramposos.
Cuando fuimos a hablar
con el Dr. Moore, uno de los profesores
implicados, nos recibió con una
actitud extremadamente bondadosa. Deshaciéndose
en disculpas, nos dijo que el nuevo examen
final no era un castigo. Según
él, los profesores sólo
querían asegurarse de que todo
el mundo era "evaluado justamente",
y que, simplemente, no había otra
fecha y hora para hacer el examen. A continuación,
el Dr. Obviot, otro de los profesores
involucrados en el tema, nos dijo que
el Dr. Mooer había pedido que el
examen fuese puesto justo después
del examen eliminatorio.
Mentira y traición.
Esperaba más
del cuerpo docente de mi Departamento.
Creía que había justicia
en el mundo. Pero vivimos en una época
en la que Kenneth Lay y los ejecutivos
de Enron pueden huir con millones, dejando
a los empleados y a los accionistas con
nada más que un saco de mentiras.
¿Pero por qué seguía
yo esperando un comportamiento ético
en el mundo de la ciencia?
La integridad y la
honestidad constituyen la base sobre la
cual se construyen los descubrimientos
científicos. Se debe hacer lo posible
por cultivar la confianza entre alumnos
de posgrado y tutores, profesorado y agentes
de financiación, y dentro de la
comunidad científica. La confianza
nos permite fiarnos de lo que han hecho
otros y usar los resultados de otros en
nuestra propia investigación. La
investigación científica
no se desarrolla en el vacío. Cuando
salió a la luz nuestro escándalo,
Jeff me dio a leer un artículo
del New York Times sobre un incidente
que estaba siendo investigado en los laboratorios
de la empresa Bell, donde parece ser que
ciertos científicos usaron las
mismas tablas de datos en varias revistas
de investigación diferentes. Hablamos
sobre la importancia de la honestidad
en el contexto científico... de
cosas que realmente te dan que pensar...
Las reglas del
juego: qué hacer cuando se está
en problemas
Si le sucede una
locura como la mía, no se enfrente
a ella en solitario. Es la peor manera
de atacar tales conflictos y la forma
más rápida de conseguir
una úlcera. La familia, los amigos
y los tutores son las mejores personas
del mundo cuando las cosas se ponen duras,
pero siempre que se necesite a alguien
más "oficial", hay que
dejarse guiar por la siguiente cadena
de mando:
Los directores de
los programas de Doctorado y los jefes
de Departamento son las personas a las
que recurrir si siente que determinados
miembros del cuerpo docente le están
tratando injustamente. Si no se siente
cómodo acudiendo a estas personas
(por las razones que sean), siempre puede
hablar confidencialmente con el defensor
de los estudiantes, figura presente en
casi todos los campus universitarios.
No sufra en silencio; los alumnos de posgrado
tienen sus derechos. Algunos profesores
quizás no quieran que recordemos
que nosotros (los estudiantes) somos la
fuerza que lleva a cabo su trabajo. Sí,
es cierto: puede que ellos se lleven el
dinero, pero nosotros somos las abejas
obreras.
Hable abiertamente
y honestamente con sus profesores. Puede
que algunos estén de su lado. El
Dr. Obviot, uno de los profesores implicados
en el examen, sabía que yo no había
copiado. A pesar de que no podía
eximirme del examen, se tomó su
tiempo para escucharme expresar mi decepción
ante el modo de proceder del profesorado.
Puede que no haya cambiado nada directamente,
pero sin duda me tranquilizó. También
hablé con Jeff, mi propio jefe,
y le dije que yo no estaba implicada en
el asunto. Me mostró un apoyo increíble,
que sólo hubiese esperado de un
profesor novato, pero no trató
de acusar a nadie, ni de predicar, ni
nada. Me quedo, al respecto de todo esto,
con una frase que pronunció la
Dr. Patricia Locklear. Me dijo que, de
niña, sus profesores le dijeron:
"Patricia debe preocuparse de Patricia".
Este consejo, dijo ella, me lo puedo aplicar
yo misma. Los que copiaron algún
día obtendrán lo que se
merecen. A ver si es cierto...
Además de
todo lo dicho, benefíciese de la
"maquinaria de apoyo" que tenga
a su alrededor. Aunque puede que no todo
el mundo se identifique con usted, hablar
con amigos comprensivos siempre tranquiliza.
De vez en cuando, haga lo posible por
escapar de la situación - vaya
a ver una película o cene con algún
amigo, por ejemplo. El estar dándole
vueltas, continuamente, a una situación
desagradable que uno mismo no puede solucionar
constituye una pérdida de tiempo,
y va en contra de la sensatez y la cordura.
Entonces, volviendo al corazón
del asunto, ¿qué puedo hacer?
¡Yo no copié!!!
Llamé al defensor
del estudiante de mi campus, además
de a otro que conocí en mi etapa
de estudiante de licenciatura. Ambos me
aconsejaron que escribiese cartas solicitando
una revisión de los exámenes
originales y la exención del nuevo
examen.
A continuación,
leí una vez más la carta
que todos recibimos de nuestros profesores.
La carta en ningún lugar acusa
a nadie de haber hecho trampas. Decía
que teníamos una doble opción:
podíamos o bien volver a hacer
el examen u obtener una calificación
de cero en el 50% de la asignatura, hubiésemos
sido o no partícipes de la infracción.
El margen de reacción que inteligentemente
nos dieron fue mínimo: realmente
nos vimos obligados a elegir si estudiar
el eliminatorio y el nuevo examen o, por
el contrario, luchar por la causa. El
dedicarse a ambos bandos no era factible.
El que diga que los
estudios de posgrado no tienen mucho de
política en esta sociedad tan pleiteadora
como la nuestra miente.
Hablé con
mucha gente en el periodo en el que luchaba
por tranquilizarme. Mi principal problema
era que me sentía rebajada. (Nunca
llegué a sentirme ni la mitad de
exaltada en relación a mi trabajo
- pero hablaré de esto en futuros
capítulos). Básicamente,
no necesitaba esta causa extra de irritación.
Uno de mis mentores, el Dr. Malford, me
preguntó por qué creía
que los estudiantes de posgrado iban a
ser diferentes al resto de los seres humanos.
Tiene razón. Estoy exigiendo demasiado
a mis compañeros y profesores.
También me dijo que si abandonaba
el programa en el que estaba inscrita
y me matriculaba en otro (que no estuviese
relacionado con la ciencia y la ingeniería),
me resultaría más difícil
avanzar en el área que más
me interesa (la política) porque
no tendría el prestigio y el peso
que acompaña a un Doctorado en
ciencias. Aparte, me dijo que pensase
en este periodo académico "como
si se tratase de un depósito bancario":
ahora pongo el tiempo y el esfuerzo, y
ya retiraré los fondos más
adelante.
Otra de mis mentoras,
Dña. Lenore, me dijo que se alegraba
de que hubiese presenciado todo eso en
una etapa tan temprana de mi vida profesional.
Comentó que espera que nunca lo
olvide, para que no sea como algunos de
mis colegas y profesores. Añadió
que estaba convencida de que, a partir
de ahora, tendría más cuidado
a la hora de entablar relaciones interpersonales,
ya que uno no se puede fiar de todo el
mundo.
Dicho todo esto,
todavía sigo aquí, agarrándome
bien fuerte al mástil y tratando
de preservar mi cordura y de enfrentarme
a mis frustraciones. ¡Ah!, por cierto,
existe un fondo denominado: "Un saco
de arena de boxeo para Micella".
¿Alguien desea contribuir? Deséenme
suerte; voy a necesitarla.
Pueden ponerse en
contacto con Micella escribiéndole
a: Micella_Phoenix_deWhyse@hotmail.com.

Las aventuras
de Micella Phoenix DeWhyse en el programa
de Doctorado.
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