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Las aventuras de Micella Phoenix DeWhyse en el programa de Doctorado

Capítulo 6: Trampa, traición, negación y mentira.

MICELLA PHOENIX DeWHYSE
ESTADOS UNIDOS

28 DE JUNIO, 2002

La telenovela de mi vida como doctoranda continúa implacable. Ojalá me estuviese inventando todo... pero los episodios melodramáticos se van sucediendo de forma alarmante. No les culpo si no se los creen.

En el periodo anterior al día de Acción de Gracias me sentí verdaderamente miserable. Tras años de trabajo en laboratorios de varios campus universitarios y de interacciones diversas con alumnos de posgrado, digamos que tenía una idea preconcebida acerca de cómo sería mi vida como estudiante predoctoral. Pero ni mi departamento ni mi facultad se aproximaban ni lo más mínimo a ese ideal. Me di de plazo hasta el final del semestre de primavera para encontrar algún motivo de alegría en esa mi nueva vida.

Gradualmente, las cosas comenzaron a mejorar. Todavía asistía a clases y me esforzaba en preparar otro examen eliminatorio más. Mi investigación comenzaba a avanzar, aunque no al ritmo que a mí me hubiese gustado. También crecía mi interés por mi proyecto de investigación. Jeff (mi PI, o investigador principal) estaba relativamente contento con mi progreso y con mi habilidad para trabajar en el laboratorio, aunque no extático. (Creo que nunca se extasia por nada que no sean resultados).

Presenté una solicitud para una beca de investigación en los Institutos Nacionales de Salud (NIH), y al prepararlo todo avancé bastante en la redacción de mi memoria investigadora hasta la fecha. Hice muchos amigos, con los que me uno a menudo aunque sólo sea para comer y disfrutar de la compañía mutua. Encontré una iglesia en la que me encontré verdaderamente a gusto. Y mi madre vino a visitarme. Mi vida parecía ir más o menos por el buen camino...

Y luego - por supuesto, este tipo de vicisitudes siempre tienen lugar cuando uno por fin ha conseguido que las cosas avancen en el sentido adecuado - todo se fue al traste.

¿Puede alguien decirme lo tonto que tienes que ser para copiar no en uno, sino en dos exámenes de hacer en casa? El segundo examen incluso incluía una promesa de honor que exigía que escribiésemos nuestros nombres en un documento indicando que no habíamos colaborado con nadie ni pedido ayuda de ningún tipo. Pero en mi clase hay algunas personas con pocas luces, y por sus pecados todos fuimos castigados.

Para resumir todo: varias personas copiaron en el examen que un profesor entregó para hacer en casa, y se disponían a organizarse para hacer lo mismo en un examen semejante de otro profesor. Algunos de los estudiante más cabales de la clase se enteraron de estas violaciones a la honestidad académica y decidieron comentárselo a los profesores. Lamentablemente, el golpe cayó sobre todos nosotros. Los profesores implicados decidieron someternos a todos a un nuevo examen, a libro cerrado, de dos horas de duración. ¿Cuándo? Una hora después del examen eliminatorio que en ese momento estábamos preparando. Dijeron que creían que los exámenes entregados anteriormente no evaluaban adecuadamente a los estudiantes del curso (¿de verdad?) y que, por lo tanto, todos recibiríamos un "incompleto" como calificación para esa asignatura. ¿Y qué sucede entonces con el título de Máster que les mencioné que me había ganado el mes pasado? Pues nos lo han quitado hasta que recibamos las notas de esta materia...

Olvidemos el simple hecho de que si copias, una evaluación justa es lo último que te mereces. Simplemente, no comprendo al profesorado que, castigando a todos, muestra tan poca consideración hacia los alumnos honestos y francos. Tampoco comprendo por qué aquellos que cometieron la infracción se han quedado sin castigo. Básicamente, me siento traicionada. La universidad en la que me licencié no hubiese tolerado algo así. Allí, los individuos en cuestión podrían mostrar su inocencia o su culpabilidad. Este modo de proceder tan indiscriminado ofende mi sensibilidad. Me enfurecí.

Todavía estoy contrariada. Me estoy cuestionando seriamente si quiero, o no, permanecer en este Departamento. Simplemente no puedo creer que los profesores me hayan castigado a mí por las infracciones de otros. Me desconcierta el que el profesorado fuese incapaz o no quisiese encontrar y enfrentarse a los presuntos tramposos.

Cuando fuimos a hablar con el Dr. Moore, uno de los profesores implicados, nos recibió con una actitud extremadamente bondadosa. Deshaciéndose en disculpas, nos dijo que el nuevo examen final no era un castigo. Según él, los profesores sólo querían asegurarse de que todo el mundo era "evaluado justamente", y que, simplemente, no había otra fecha y hora para hacer el examen. A continuación, el Dr. Obviot, otro de los profesores involucrados en el tema, nos dijo que el Dr. Mooer había pedido que el examen fuese puesto justo después del examen eliminatorio.

Mentira y traición.

Esperaba más del cuerpo docente de mi Departamento. Creía que había justicia en el mundo. Pero vivimos en una época en la que Kenneth Lay y los ejecutivos de Enron pueden huir con millones, dejando a los empleados y a los accionistas con nada más que un saco de mentiras. ¿Pero por qué seguía yo esperando un comportamiento ético en el mundo de la ciencia?

La integridad y la honestidad constituyen la base sobre la cual se construyen los descubrimientos científicos. Se debe hacer lo posible por cultivar la confianza entre alumnos de posgrado y tutores, profesorado y agentes de financiación, y dentro de la comunidad científica. La confianza nos permite fiarnos de lo que han hecho otros y usar los resultados de otros en nuestra propia investigación. La investigación científica no se desarrolla en el vacío. Cuando salió a la luz nuestro escándalo, Jeff me dio a leer un artículo del New York Times sobre un incidente que estaba siendo investigado en los laboratorios de la empresa Bell, donde parece ser que ciertos científicos usaron las mismas tablas de datos en varias revistas de investigación diferentes. Hablamos sobre la importancia de la honestidad en el contexto científico... de cosas que realmente te dan que pensar...

Las reglas del juego: qué hacer cuando se está en problemas

Si le sucede una locura como la mía, no se enfrente a ella en solitario. Es la peor manera de atacar tales conflictos y la forma más rápida de conseguir una úlcera. La familia, los amigos y los tutores son las mejores personas del mundo cuando las cosas se ponen duras, pero siempre que se necesite a alguien más "oficial", hay que dejarse guiar por la siguiente cadena de mando:

Los directores de los programas de Doctorado y los jefes de Departamento son las personas a las que recurrir si siente que determinados miembros del cuerpo docente le están tratando injustamente. Si no se siente cómodo acudiendo a estas personas (por las razones que sean), siempre puede hablar confidencialmente con el defensor de los estudiantes, figura presente en casi todos los campus universitarios. No sufra en silencio; los alumnos de posgrado tienen sus derechos. Algunos profesores quizás no quieran que recordemos que nosotros (los estudiantes) somos la fuerza que lleva a cabo su trabajo. Sí, es cierto: puede que ellos se lleven el dinero, pero nosotros somos las abejas obreras.

Hable abiertamente y honestamente con sus profesores. Puede que algunos estén de su lado. El Dr. Obviot, uno de los profesores implicados en el examen, sabía que yo no había copiado. A pesar de que no podía eximirme del examen, se tomó su tiempo para escucharme expresar mi decepción ante el modo de proceder del profesorado. Puede que no haya cambiado nada directamente, pero sin duda me tranquilizó. También hablé con Jeff, mi propio jefe, y le dije que yo no estaba implicada en el asunto. Me mostró un apoyo increíble, que sólo hubiese esperado de un profesor novato, pero no trató de acusar a nadie, ni de predicar, ni nada. Me quedo, al respecto de todo esto, con una frase que pronunció la Dr. Patricia Locklear. Me dijo que, de niña, sus profesores le dijeron: "Patricia debe preocuparse de Patricia". Este consejo, dijo ella, me lo puedo aplicar yo misma. Los que copiaron algún día obtendrán lo que se merecen. A ver si es cierto...

Además de todo lo dicho, benefíciese de la "maquinaria de apoyo" que tenga a su alrededor. Aunque puede que no todo el mundo se identifique con usted, hablar con amigos comprensivos siempre tranquiliza. De vez en cuando, haga lo posible por escapar de la situación - vaya a ver una película o cene con algún amigo, por ejemplo. El estar dándole vueltas, continuamente, a una situación desagradable que uno mismo no puede solucionar constituye una pérdida de tiempo, y va en contra de la sensatez y la cordura.

Entonces, volviendo al corazón del asunto, ¿qué puedo hacer? ¡Yo no copié!!!

Llamé al defensor del estudiante de mi campus, además de a otro que conocí en mi etapa de estudiante de licenciatura. Ambos me aconsejaron que escribiese cartas solicitando una revisión de los exámenes originales y la exención del nuevo examen.

A continuación, leí una vez más la carta que todos recibimos de nuestros profesores. La carta en ningún lugar acusa a nadie de haber hecho trampas. Decía que teníamos una doble opción: podíamos o bien volver a hacer el examen u obtener una calificación de cero en el 50% de la asignatura, hubiésemos sido o no partícipes de la infracción. El margen de reacción que inteligentemente nos dieron fue mínimo: realmente nos vimos obligados a elegir si estudiar el eliminatorio y el nuevo examen o, por el contrario, luchar por la causa. El dedicarse a ambos bandos no era factible.

El que diga que los estudios de posgrado no tienen mucho de política en esta sociedad tan pleiteadora como la nuestra miente.

Hablé con mucha gente en el periodo en el que luchaba por tranquilizarme. Mi principal problema era que me sentía rebajada. (Nunca llegué a sentirme ni la mitad de exaltada en relación a mi trabajo - pero hablaré de esto en futuros capítulos). Básicamente, no necesitaba esta causa extra de irritación. Uno de mis mentores, el Dr. Malford, me preguntó por qué creía que los estudiantes de posgrado iban a ser diferentes al resto de los seres humanos. Tiene razón. Estoy exigiendo demasiado a mis compañeros y profesores. También me dijo que si abandonaba el programa en el que estaba inscrita y me matriculaba en otro (que no estuviese relacionado con la ciencia y la ingeniería), me resultaría más difícil avanzar en el área que más me interesa (la política) porque no tendría el prestigio y el peso que acompaña a un Doctorado en ciencias. Aparte, me dijo que pensase en este periodo académico "como si se tratase de un depósito bancario": ahora pongo el tiempo y el esfuerzo, y ya retiraré los fondos más adelante.

Otra de mis mentoras, Dña. Lenore, me dijo que se alegraba de que hubiese presenciado todo eso en una etapa tan temprana de mi vida profesional. Comentó que espera que nunca lo olvide, para que no sea como algunos de mis colegas y profesores. Añadió que estaba convencida de que, a partir de ahora, tendría más cuidado a la hora de entablar relaciones interpersonales, ya que uno no se puede fiar de todo el mundo.

Dicho todo esto, todavía sigo aquí, agarrándome bien fuerte al mástil y tratando de preservar mi cordura y de enfrentarme a mis frustraciones. ¡Ah!, por cierto, existe un fondo denominado: "Un saco de arena de boxeo para Micella". ¿Alguien desea contribuir? Deséenme suerte; voy a necesitarla.

Pueden ponerse en contacto con Micella escribiéndole a: Micella_Phoenix_deWhyse@hotmail.com.



Las aventuras de Micella Phoenix DeWhyse en el programa de Doctorado.

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