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Las aventuras de Micella Phoenix DeWhyse en el programa de Doctorado

Capítulo 5: ¿Profesores? ¿Conferenciantes? ¿Charlatanes? ¡Los catedráticos!

MICELLA PHOENIX DeWHYSE
ESTADOS UNIDOS

24 DE MAYO, 2002


Ahora que, por fin, he llegado al final de mi último semestre de clases (¡aleluya!) y que he obtenido mi título de Máster (¡síííííí!), siento que debo contarles un poco acerca de mis dos últimos semestres. Si tuviese que resumir todo en una palabra diría que este curso ha sido un verdadero torbellino. Tuve cuatro asignaturas el primer semestre y cuatro el segundo - ¡cualquiera diría que fuese una alumna de licenciatura! Y pensar que creía que el Doctorado me iba a ofrecer más enseñanza individualizada... Invertí muchas horas en clases, tratando de no dormirme, escuchando monólogos aburridos y luchando, sola y en grupo, por comprender lo que debería haber sido, en palabras de nuestros profesores, "intuitivamente obvio". (Ésta es una de las expresiones más exasperantes que he oído en toda mi vida. Si algo es intuitivo, no es obvio; y si es obvio, no tendría por qué ser intuitivo. A veces creo que ésta es, simplemente, la forma que tienen algunas personas de decirte que si no comprendes algo, es que eres burro. Yo no lo veo así: ¡yo creo que el burro es el que no ha sabido explicar las cosas mejor! En fin, ya me he desahogado...).

Me permitiré un paréntesis al respecto. La buena docencia, como tal, ya sea en el campo de las ciencias o el de las letras, parece ser una idea escurridiza para la mayoría de los profesores con los que me he topado en mi camino como estudiante de posgrado. Antes de comenzar mi diatriba, déjenme decirles que creo que los profesores (al igual que los padres) están entre las personas más importantes del mundo. Nos ofrecen su conocimiento y nos empujan para que aspiremos a la excelencia; a menudo, son capaces de inclinar la balanza a favor de que comencemos a adorar, o a odiar, una determinada materia. Lamentablemente, cuando son magníficos, no reciben todo el reconocimiento que se merecen, y solemos apresurarnos demasiado para criticarlos cuando no son "perfectos".

Entonces, mi pregunta es la siguiente: cuando he llegado a este escalón tan alto en mi vida académica, ¿cómo es que los profesores me siguen tratando como si tuviese cinco años? Algunos nos entregan folios y más folios de notas escritas a mano de forma descuidada o poco menos de un centenar de hojas de apuntes mecanografiados (¡ecologistas!), sin apenas organización, y luego nos las leen en clase como si no pudiésemos hacerlo nosotros mismos. Una minoría de mis profesores son realmente buenos a la hora de transmitir sus respectivos mensajes; algunos lo intentan pero, en mi opinión, necesitan ayuda desesperadamente. Otros parece que dan clase sólo para oírse a sí mismos. Yo lo denomino "darse de conferenciantes", porque para mi "la docencia" me involucra y me ayuda a aprender algo nuevo. No tiene nada que ver con el desperdiciar mi tiempo, sintiéndome obligada a escuchar recitales que se van por las ramas.

A finales del semestre pasado, el jefe del Departamento (otro que de vez en cuando se pone a divagar en clase) nos dio un pequeño sermón y nos dijo que deberíamos estar agradecidos a los profesores por el hecho de que dedican parte de su tiempo a impartirnos su sabiduría. "Ellos no tienen que enseñaros", dijo. Y continuó: "En mi etapa predoctoral, estudiábamos para los examen y luego los hacíamos. Sólo una vez aprobado todo comenzábamos a investigar. Deberíais apreciar el hecho de que estas personas están dándoles una parte de su tiempo".

Me da la sensación de que parte del profesorado sentía que la promoción de primer año de Doctorado estaba dando muestras de irresponsabilidad y desagradecimiento entregando los trabajos tarde, faltando a clase y obteniendo calificaciones pobres en los exámenes. Reconozco que éste era el caso de algunos de mis compañeros, pero para nada de todos. Aparte, esta apelación a la culpabilidad no funciona en un contexto en el que los propios profesores, y los antiguos alumnos, nos dicen que "las notas de clase no importan".

Una parte de mi pensó: "Vaya, pues parece que les importamos...". Otra parte dijo: "Ya soy mayorcita; puedo hacerme cargo de mis responsabilidades sin que me estéis controlando cada minuto...". Una tercera parte de mí todavía piensa que algunos de mis profesores se dedican simplemente a ponerse delante de nosotros y a contarnos historietas con el pretexto de compartir con nosotros la anécdota ocasional que acaricie sus respectivos egos. Pues que lo sepáis...: me importan poco vuestros viajes a Europa (salvo que, por supuesto, tengan algún tipo de relación con lo explicado en clase).

Muchos de mis profesores son individuos genuinamente agradables. Otros no lo son. Algunos nos dicen que los estudiantes de posgrado somos aburridos (¿acaso no es esto del mal gusto?). A la mayoría de mis profesores no sólo no les importa sino que animan a que se les haga preguntas antes, durante o después de las clases. Algunos nos menosprecian por no hacer los trabajos tan bien como, según ellos, deberíamos. ¿Pero de qué van? Que sepáis que tengo muchas otras clases, además de mis horas de investigación, y que ya no estoy en el instituto, así que ¡aire!

¿Así que desde cuando están los profesores preocupados ÚNICAMENTE por la investigación y demasiado ocupados como para preocuparse por que sus estudiantes reciban enseñanza de calidad? ¿Acaso no son ellos los que ponen las normas y nos obligan a asistir a clase con la esperanza de que "aprendamos" algo?

Me pregunto si su tiempo (y el mío) no estaría mejor aprovechado en sesiones de debate. Acepto: denme sus apuntes de clase, las obras de referencia y los ejercicios de práctica relevantes y yo, en mi propio tiempo, me organizaré para trabajarlos y regresar con todas mis dudas y preguntas a su despacho. ¿Por qué seguir luchando contra mi narcolepsia clase tras clase? Ellos se cansan de hablar y yo de escuchar. ¡Venga! ¿No somos todos adultos? Aparte, creo que, en cualquier caso, a la mayoría de los profesores se les dan mejor las conversaciones con una sola persona o con un grupo pequeño. Puedo hacer preguntas y obtener respuestas más directas, y el contexto me ayuda a entablar relaciones interpersonales. ¿Y qué les parece la idea de crear también sesiones de refuerzo?

Y antes de que ustedes, lectores, me pregunten eso de: "Bueno..., ¿y usted ha enseñado alguna vez?", les diré que sí - más o menos. Estuve a cargo de un grupo de refuerzo de química en mi último año de carrera. Preparaba originales boletines de apuntes para mis alumnos y los veía dos veces a la semana durante un total de dos horas (sin contar las horas de tutoría). Sé que enseñar, y enseñar bien, puede ser todo un desafío. Recuerdo lo extenuada que me quedaba después de aquellas sesiones de revisión de dos horas de duración en las que me esforzaba por que todos los estudiantes participasen. Les animaba a que viniesen a verme en las horas de tutoría, calificaba exámenes y tablas de ejercicios y, felizmente, sólo uno de mis alumnos obtuvo tan sólo una C (lo que equivaldría a un "bien") como calificación. El grupo era trabajador, así que eso facilitó un poco mi tarea.

Sí, lo reconozco: no estaba a cargo de ninguna materia troncal para la que tuviese que crear un programa coherente. Tampoco era yo la responsable de su contenido. Pero sí que tenía la responsabilidad de obtener una gran cantidad de resultados y, siendo sinceros, incluso cuando el contenido es extraordinario, los resultados producidos cuentan. Nadie quiere que su pizza le llegue fría, y nadie quiere que las clases sean experiencias soporíferas . Por lo que sí: la respuesta a la pregunta es que sí que he "enseñado", y he disfrutado con ello.

Creo que eso es, precisamente, otra parte del problema. Dudo que muchos de mis profesores disfruten con la docencia. No sé si a alguno de ellos se les enseñó a enseñar. Para unos cuantos, parece ser un verdadero sufrimiento. Casi nunca hablan de su investigación, aunque algunos - por otra parte - están dale que te dale sobre su tesis o sobre su trabajo posdoctoral cuando deberían estar enseñando otra cosa.

Gracias a Dios, éste ha sido el último semestre de mi vida en el que tendré que asistir a clases. ¿Se pueden imaginar lo aliviada que me siento?

¿Acaso no es posible encontrar un punto intermedio en el que todos estemos contentos? ¿O puede que se trate sólo de los profesores de mi Departamento?



Las reglas del juego - ¡NO MUESTRES TEMOR!

Cuando eres el alumno nuevo del Departamento, o si estás yendo a una clase fuera de tu Departamento, existen una serie de interacciones interpersonales que se forjan, necesariamente, día tras día. Le conviene que los profesores le conozcan y que les caiga bien. Son ellos los que redactarán y calificarán sus exámenes de promoción, los que llevan a cabo esa investigación que en un futuro puede ser de su interés y los que forman parte de los comités de posgrado. El tener interacciones positivas con los profesores (incluso con los que odia) puede ayudarle a lo largo de toda su trayectoria como estudiante.

Le guste o no, la experiencia doctoral es de naturaleza política. El Departamento tiene el poder de protegerle en su seno o de, por el contrario, pedirle que ahueque el ala sin un diploma debajo del brazo. A la hora de pedir firmas, solicitar cartas de recomendación o de buscar material de investigación, los profesores son siempre las personas a las que recurrir, le agrade la idea o no. A continuación les paso algunos consejos para que estos encuentros con los profesores tengas más gozos que sombras:

  • No se haga el sabihondo. Así de sencillo. Le cueste o no creerlo, ni yo ni usted lo sabemos todo (y tampoco nuestros profesores) y ese comportamiento de "yo soy más inteligente que usted", o peor aún, la crítica pública y despiadada de la manera de dar clase de un profesor, no es nada agradable, especialmente cuando éste, o alguno de sus colegas, está lo suficientemente cerca como para oír.
  • ¡Estudie! ¡Inténtelo! Sus profesores se darán cuenta de ello y apreciarán el hecho de que se está tomando las cosas en serio.
  • No copie. Tuvimos algunos problemas con este apartado en nuestro primer año de Doctorado. Dejando a un lado asuntos como la integridad y la honestidad académica, ¿acaso no le parece penoso que le pillen y que sus profesores se enteren?
  • Haga preguntas. No hay nada malo en no saber una respuesta o en no comprender algo perfectamente. A menudo, a los profesores se les da mejor explicar cosas individualmente, porque en este contexto es más fácil saber qué es lo que la persona sabe y lo que no, en lugar de explicar homogéneamente a todos los alumnos de la clase, sea cual fuere su nivel. Aparte, la curiosidad forma parte de la naturaleza intrínseca de la etapa doctoral, así que pregunte sin miedo.
  • Benefíciese del horario de tutorías. Si los profesores están poniendo parte de su tiempo a su disposición para poder responder sus preguntas, no lo desperdicie. Aproveche la oportunidad para conocer a los profesores fuera del aula y para que ellos le conozcan a usted. No hay nada que odiase más en mi etapa como profesora que tener horas de tutorías y que ningún alumno viniese a visitarme.
  • Asista a las clases y a los laboratorios. Puede que las odie, puede que le seden cual tranquilizante, puede que las considere una pérdida de su precioso tiempo, puede que considere que puede aprenderlo todo en casa, sin ayuda... Pero una cosa es cierta: cuanto más esté uno expuesto a un tema, mayores son las probabilidades de retenerlo. Aparte, los profesores (por muy despistados que parezcan algunos de ellos) se fijan siempre en quién está en clase y quién no.
  • Compártase a usted mismo. Sus profesores le conocen mejor de lo que se imagina. Hablan de usted en las reuniones del profesorado, observan su comportamiento en clase... y toda esta información se va acumulando en sus cerebros. A algunos de mis compañeros les sorprendió el que ciertos profesores supiesen sus nombres cuando les llamaron en clase.
  • Sonría y salude. Sí, lo sé..., algunas personas pueden ser ocasionalmente extrañas, desagradables, cerradas... Pero, ¿hay algo malo en esforzarse por iniciar una conversación? Pregunte cosas: qué tal va un proyecto en particular, cómo están los niños... cualquier cosa que haga saber a los profesores que tanto usted como ellos están vivos.
  • Muestre y espere respeto. Cuando muestra respeto hacia los demás, tiene muchas más probabilidades de recibir respeto cuando se lo merece.


Puede ponerse en contacto con Micella en la siguiente dirección: Micella_Phoenix_deWhyse@hotmail.com

 

Las aventuras de Micella Phoenix DeWhyse en el programa de Doctorado.

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