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Las aventuras de Micella Phoenix DeWhyse en el programa de Doctorado.

Capítulo 9: Un año después...


MICELLA PHOENIX DeWHYSE
ESTADOS UNIDOS

27 DE SEPTIEMBRE, 2002


"Ahora, un año después, me sorprende lo poco que tales acontecimientos han afectado a mi vida diaria. A menudo me siento apartada de todo lo que sucede a mi alrededor".

Después de un año y de ocho capítulos sobre mi vida como estudiante de doctorado, me pregunto acerca de mi lugar en el mundo. Alguien podría pensar que permanecer en lo más alto de mi investigación hubiera alejado de mi mente cualquier pensamiento más allá de mis actuales perspectivas de empleo. Pero ¡ay!, no puedo ser tan miope.

Hay un vínculo inseparable entre el inicio de mis estudios de doctorado y "los acontecimientos" de septiembre de 2001. El pasado otoño estuvo lleno de inicios para mí: mis estudios de doctorado, mi busca de identidad, mi sensibilizada percepción de la política y de los acontecimientos internacionales, y mi papel como ciudadana estadounidense respecto a tales asuntos. Con todo lo que pasó el año pasado (y ni siquiera me estoy refiriendo a los dramas azarosos que se revelan en los capítulos que van del primero al octavo), me veo a mí misma preguntándome dónde, si hay tal lugar, encaja mi camino actual en el esquema general de las cosas.

En la mañana del 11 de septiembre de 2001, yo estaba en clase cuando el mundo se derrumbó a mi alrededor. No fue hasta la segunda clase de la mañana que supimos lo sucedido. En el laboratorio de ordenadores, mis compañeros y yo nos abrimos camino a golpe de ratón entre imágenes de película y fuimos testigos del infierno de humo y llamas una y otra vez.

Pensé en lo afortunada que era: yo podía haber estado en cualquiera de esos aviones. He vivido tanto en Washington D. C. como en el oeste de Boston; he volado desde el aeropuerto Logan infinidad de veces, he cogido diariamente el autobús en el Pentágono y he transbordado en Newark más veces de las que puedo recordar. Mi corazón estaba con todos los niños que habían perdido a sus padres y con todos los padres que habían perdido a sus hijos. Todos sabemos el shock que sufrimos.

Ahora, un año después, me sorprende lo poco que tales acontecimientos han afectado a mi vida diaria. A menudo me siento apartada de todo lo que sucede a mi alrededor. La burbuja aislante del programa de doctorado me mantiene centrada sólo en los problemas inmediatos que he de afrontar: la lucha cotidiana para conseguir resultados que apacigüen a Jeff. Todo esa "vuelta a la normalidad" de la que habla todo el mundo parece haber sucedido realmente para quienes no fuimos afectados personalmente por la pérdida de algún ser querido. Nuestros proyectos siguen adelante y el mundo sigue girando. Algunas veces me siento rara por no estar tan afectada como creo que debería (o no tan profundamente como los medios de comunicación me dicen que debería estarlo).


Las reglas del juego: pensar globalmente, actuar localmente

Les pediré algo este mes: presten más atención a lo que sucede a su alrededor.

No podemos simplemente aceptar lo que vemos en el telediario como lo único sucedido en el mundo. ¡Despierten! Dense cuenta de lo afortunados que son. No les bombardean con regularidad. Su ciudad no está sitiada. No viven bajo el dominio de un dictador que podría ejecutarle por sus acciones o incluso por sus pensamientos. Y aunque pueda estar sin un duro, sabe de dónde saldrá la próxima comida. Piensen con tiempo y dedicación acerca de lo que tienen y den gracias.

Además, como estudiante de doctorado se tienen excelentes oportunidades para conocer a gentes de las más diversas culturas. Estos tiempos son los más propicios, cultural e internacionalmente, de nuestra vida. Así pues, ¿por qué no aprovechar la oportunidad de aprender de la gente a nuestro alrededor? Hay que hablar con los miembros del grupo de laboratorio, enterarse de dónde son y qué hacen, qué esperanzas y sueños tienen, por qué vinieron al programa de doctorado; y si no son estadounidenses, qué les trajo aquí desde el otro extremo del mundo. Hay que preguntarles qué les espera cuando vuelvan a sus países de origen. ¿Cuándo tendremos otra oportunidad como ésta para colaborar con gente de contextos tan diferentes? Aprecien esas diferencias; amplíen sus horizontes; y, como reza el dicho, "piense global, actúe local"

Pero he cambiado. Soy mucho más consciente del mundo a mi alrededor. En general, siempre he sido consciente de eso, pero estos días me centro en las tertulias radiofónicas y los sitios Web de noticias (tanto mayoritarios como alternativos) para saber qué sucede en el mundo. Mientras que el gobierno de Bush prosigue su guerra contra el terrorismo con mínima oposición, yo me siento más preocupada por mi gobierno que por los impredecibles actos terroristas.

Pero mi mundo más inmediato continúa notablemente sin cambios. En términos económicos, el programa de doctorado es la mejor garantía de trabajo que podría haber conseguido, aunque la paga no sea extraordinaria. Algunos de mis amigos de los tiempos de licenciatura han sufrido despidos conforme la economía se hunde más y más en las alcantarillas, pero yo a menudo me siento tan pancha y a salvo que me preocupa... Mi cabeza está repleta de preguntas y, entre ellas, la más importante es: ¿en qué medida han contribuido la ciencia y la tecnología a esta tragedia internacional? ¿Sabían quienes inventaron los pesticidas que ciertos cambios en el proceso de fabricación podían convertir estas sustancias en armas para la guerra química? ¿En qué pensaban los inventores de la bomba atómica o quienes "convirtieron en arma" el ántrax? ¿Alguien me escucha?

Lo que ahora me sorprende y me asusta es que el avance de la ciencia y la tecnología ha acarreado tanto mucho bien como mucho mal. También me choca que el material peligroso se haga, se compre, se venda y se intercambie entre todos los países del mundo, incluyendo Estados Unidos. ¿Alguna vez se pregunta alguien cómo Saddam ha llegado a poseer algunas de las sustancias que tiene? Yo sí.

Conversando con mis compañeros de doctorado, veo que algunos de ellos están completamente despreocupados. Otros sólo desean destruir a cualquier enemigo de los Estados Unidos. A menudo encuentro mucha ignorancia y apatía. Algunos no comprenden por qué la gente que no aprecia a Estados Unidos no puede olvidarlo. No comprenden por qué las acciones unilaterales seguramente no sean la mejor línea de acción. No comprenden por qué la estabilidad en Oriente Medio es tan importante. No comprenden el conflicto entre Israel y Palestina. No se enteran de que el colonialismo llevó el caos a los países en desarrollo. Y yo no tengo tiempo para explicarlo todo. Tengo trabajo que hacer y un título que ganar.

También he hablado con personas preocupadas porque la tecnología en la que trabajan se usará militarmente y eso no les hace mucha gracia. No me malinterpreten; yo estoy por el avance de la tecnología. ¿Pero a qué precio? ¿Quién o qué será dañado por algo que hizo uno de nosotros?

Y esto me lleva de vuelta a tres preguntas: ¿cuál es mi papel en todo esto? ¿Qué es un científico socialmente responsable? Y ¿cómo llegar a ser ese científico socialmente responsable, uno que piense más allá de la próxima beca o proyecto y perciba que lo hecho hoy afecta a lo que sucederá mañana?

Si alguien tiene respuestas para cualquiera de estas preguntas, ¡soy toda oídos!


Pueden ponerse en contacto con la autora escribiéndole a: Micella_Phoenix_deWhyse@hotmail.com.

Las aventuras de Micella Phoenix DeWhyse en el programa de Doctorado.


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