| En
la mañana del 11 de septiembre de
2001, yo estaba en clase cuando el mundo
se derrumbó a mi alrededor. No fue
hasta la segunda clase de la mañana
que supimos lo sucedido. En el laboratorio
de ordenadores, mis compañeros y
yo nos abrimos camino a golpe de ratón
entre imágenes de película
y fuimos testigos del infierno de humo y
llamas una y otra vez.
Pensé en lo
afortunada que era: yo podía haber
estado en cualquiera de esos aviones.
He vivido tanto en Washington D. C. como
en el oeste de Boston; he volado desde
el aeropuerto Logan infinidad de veces,
he cogido diariamente el autobús
en el Pentágono y he transbordado
en Newark más veces de las que
puedo recordar. Mi corazón estaba
con todos los niños que habían
perdido a sus padres y con todos los padres
que habían perdido a sus hijos.
Todos sabemos el shock que sufrimos.
Ahora, un año
después, me sorprende lo poco que
tales acontecimientos han afectado a mi
vida diaria. A menudo me siento apartada
de todo lo que sucede a mi alrededor.
La burbuja aislante del programa de doctorado
me mantiene centrada sólo en los
problemas inmediatos que he de afrontar:
la lucha cotidiana para conseguir resultados
que apacigüen a Jeff. Todo esa "vuelta
a la normalidad" de la que habla
todo el mundo parece haber sucedido realmente
para quienes no fuimos afectados personalmente
por la pérdida de algún
ser querido. Nuestros proyectos siguen
adelante y el mundo sigue girando. Algunas
veces me siento rara por no estar tan
afectada como creo que debería
(o no tan profundamente como los medios
de comunicación me dicen que debería
estarlo).
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Las reglas del juego: pensar globalmente,
actuar localmente
Les pediré
algo este mes: presten más
atención a lo que sucede
a su alrededor.
No podemos
simplemente aceptar lo que vemos
en el telediario como lo único
sucedido en el mundo. ¡Despierten!
Dense cuenta de lo afortunados
que son. No les bombardean con
regularidad. Su ciudad no está
sitiada. No viven bajo el dominio
de un dictador que podría
ejecutarle por sus acciones o
incluso por sus pensamientos.
Y aunque pueda estar sin un duro,
sabe de dónde saldrá
la próxima comida. Piensen
con tiempo y dedicación
acerca de lo que tienen y den
gracias.
Además,
como estudiante de doctorado se
tienen excelentes oportunidades
para conocer a gentes de las más
diversas culturas. Estos tiempos
son los más propicios,
cultural e internacionalmente,
de nuestra vida. Así pues,
¿por qué no aprovechar
la oportunidad de aprender de
la gente a nuestro alrededor?
Hay que hablar con los miembros
del grupo de laboratorio, enterarse
de dónde son y qué
hacen, qué esperanzas y
sueños tienen, por qué
vinieron al programa de doctorado;
y si no son estadounidenses, qué
les trajo aquí desde el
otro extremo del mundo. Hay que
preguntarles qué les espera
cuando vuelvan a sus países
de origen. ¿Cuándo
tendremos otra oportunidad como
ésta para colaborar con
gente de contextos tan diferentes?
Aprecien esas diferencias; amplíen
sus horizontes; y, como reza el
dicho, "piense global, actúe
local"
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Pero he cambiado.
Soy mucho más consciente del mundo
a mi alrededor. En general, siempre he
sido consciente de eso, pero estos días
me centro en las tertulias radiofónicas
y los sitios Web de noticias (tanto mayoritarios
como alternativos) para saber qué
sucede en el mundo. Mientras que el gobierno
de Bush prosigue su guerra contra el terrorismo
con mínima oposición, yo
me siento más preocupada por mi
gobierno que por los impredecibles actos
terroristas.
Pero mi mundo más
inmediato continúa notablemente
sin cambios. En términos económicos,
el programa de doctorado es la mejor garantía
de trabajo que podría haber conseguido,
aunque la paga no sea extraordinaria.
Algunos de mis amigos de los tiempos de
licenciatura han sufrido despidos conforme
la economía se hunde más
y más en las alcantarillas, pero
yo a menudo me siento tan pancha y a salvo
que me preocupa... Mi cabeza está
repleta de preguntas y, entre ellas, la
más importante es: ¿en qué
medida han contribuido la ciencia y la
tecnología a esta tragedia internacional?
¿Sabían quienes inventaron
los pesticidas que ciertos cambios en
el proceso de fabricación podían
convertir estas sustancias en armas para
la guerra química? ¿En qué
pensaban los inventores de la bomba atómica
o quienes "convirtieron en arma"
el ántrax? ¿Alguien me escucha?
Lo que ahora me sorprende
y me asusta es que el avance de la ciencia
y la tecnología ha acarreado tanto
mucho bien como mucho mal. También
me choca que el material peligroso se
haga, se compre, se venda y se intercambie
entre todos los países del mundo,
incluyendo Estados Unidos. ¿Alguna
vez se pregunta alguien cómo Saddam
ha llegado a poseer algunas de las sustancias
que tiene? Yo sí.
Conversando con mis
compañeros de doctorado, veo que
algunos de ellos están completamente
despreocupados. Otros sólo desean
destruir a cualquier enemigo de los Estados
Unidos. A menudo encuentro mucha ignorancia
y apatía. Algunos no comprenden
por qué la gente que no aprecia
a Estados Unidos no puede olvidarlo. No
comprenden por qué las acciones
unilaterales seguramente no sean la mejor
línea de acción. No comprenden
por qué la estabilidad en Oriente
Medio es tan importante. No comprenden
el conflicto entre Israel y Palestina.
No se enteran de que el colonialismo llevó
el caos a los países en desarrollo.
Y yo no tengo tiempo para explicarlo todo.
Tengo trabajo que hacer y un título
que ganar.
También he
hablado con personas preocupadas porque
la tecnología en la que trabajan
se usará militarmente y eso no
les hace mucha gracia. No me malinterpreten;
yo estoy por el avance de la tecnología.
¿Pero a qué precio? ¿Quién
o qué será dañado
por algo que hizo uno de nosotros?
Y esto me lleva de
vuelta a tres preguntas: ¿cuál
es mi papel en todo esto? ¿Qué
es un científico socialmente responsable?
Y ¿cómo llegar a ser ese
científico socialmente responsable,
uno que piense más allá
de la próxima beca o proyecto y
perciba que lo hecho hoy afecta a lo que
sucederá mañana?
Si alguien tiene
respuestas para cualquiera de estas preguntas,
¡soy toda oídos!
Pueden ponerse en contacto con la autora
escribiéndole a: Micella_Phoenix_deWhyse@hotmail.com.

Las aventuras
de Micella Phoenix DeWhyse en el programa
de Doctorado.
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