| Entonces,
déjenme presentarles a
Jeff, mi tutor,
un hombre de treinta y tantos originario
del Sureste de Estados Unidos que acaba
de empezar su primer año como investigador
principal (IP). Está casado, sin
hijos, pero con un perro que arma buenos
líos de vez en cuando. En muchos
sentidos es como el resto de profesores
para los que he trabajado: intensamente
científico (como todos los investigadores
principales deberían serlo) y siempre
en búsqueda de respuestas y resultados.
No es tan familiar o alegre como otros,
pero tampoco es un aguafiestas. Le he
pillado cantando "Jingle Bells"
(y no era Navidad), y algún día
también le he visto disparatar
después de las 9 de la noche, pero
perdono estas indiscreciones porque algunas
veces nos trae alguna cosilla de comer
(es un gran cocinero). Jeff nos exige
un montón, incluyendo una semana
de 50 a 60 horas de trabajo si queremos
avanzar rápido en el programa.
También él le dedica mucho
tiempo, a menudo trabajando hasta muy
tarde o en el fin de semana, con el fin
de establecer su reputación. Me
agrada que sea fácil hablar con
él y que me dé la bienvenida
cuando voy a su despacho para darle el
parte de los últimos desarrollos
o simplemente para charlar.
Laura, la
"veterana" del laboratorio,
es la ayudante principal de Jeff. Cuando
me uní al laboratorio, me preocupaba
su relación -parecía que
nunca estuviesen de acuerdo- y cómo
afectaría ésta a mi relación
con Jeff. Ahora parece que han llegado
a un buen entendimiento. Fue un duro período
de ajuste, como los años de adolescencia.
Laura está casada. Su marido también
está haciendo el doctorado; hacen
muy buena pareja, la verdad (en fin...).
Ella ha sido de gran ayuda en las clases,
en los exámenes y en el laboratorio,
pero se queja demasiado de las horas que
dedica, de su trabajo, de sus gatos y
del programa de doctorado. Me resulta
muy difícil no preguntar: "Bueno,
¿y por qué estás
aquí entonces si tanto te desagrada?".
Pero cada uno con lo suyo.
La siguiente es Daphne,
una compañera de primer año
(como yo) y, del grupo, la adicta al trabajo.
Se afana como una posesa planeando su
boda para más adelante este mismo
año, yendo a clase y estudiando
para los próximos exámenes.
Ella es del tipo "Vine al programa
de doctorado para obtenerlo, no para hacer
vida social", y aunque respeto esto,
puede ser un poquillo brusca y desagradable
de vez en vez. Por el momento, creo que
Daphne parece la favorita de Jeff por
ser tan trabajadora. A veces pienso que
ella siente como si lo estuviese chafando
todo en el laboratorio, por eso de que
no tiene mucha experiencia. Pero es una
persona increiblemente organizada y es
ella la que se encarga de que el laboratorio
esté siempre limpio para que funcione
como una máquina bien engrasada.
Mientras seleccionaba
al grupo a principios de curso, Jeff pensó
que no podía formar el grupo sólo
con mujeres (parece ser que otros profesores
le gastan bromas sobre eso...), así
que también tenemos a Tim,
un "tío de California"
que parece la antítesis de Daphne.
Tim se toma todo con mucha calma; trabaja
de 8 ó 9 de la mañana a
5 de la tarde y nunca el fin de semana,
como el resto. Esto no ha provocado ningún
conflicto, todavía, pero es una
dinámica interesante. Es tranquilo
y está lleno de confianza, tampoco
parece tener mucha prisa por hacer algo,
pero sabe de lo que habla. No digo nada
de esto en su contra; yo sólo quiero
salir de aquí en menos de 5 años.
También tenemos
a dos estudiantes de licenciatura, Ben
y Brian, aunque apenas pasan por
el laboratorio por lo que no contribuyen
mucho a la atmósfera general.
Y finalmente estoy
yo, la única lúcida y equilibrada
(sí, claro...).
|
Las reglas
del juego: encontrar a la familia
ideal (en términos de laboratorio,
claro está)
Mientras que
nosotros, estudiantes, nos embarcamos
en la experiencia del doctorado,
muchos ya sabemos los proyectos
en los que queremos trabajar y los
modos en que nuestro éxito
cambiará el mundo científico.
Todo esto está muy bien,
estupendo, conforme se deja guiar
por las revistas especializadas
y solicita admisión en los
mejores departamentos a la vanguardia
de sus intereses. Pero una vez allí,
¿cómo mantener el
celo en el trabajo si tiene un compañero
o tutor que le hace la vida imposible?
Si se cuentas
entre los afortunados que han de
trabajar mucho en colaboración
con otros durante su trayectoria
de doctorado, le sugiero que escoja
con precaución para que no
termine por convertirte en un vampiro,
evitando todo contacto con el resto
de los miembros del grupo a menos
que lo haga obligatorio una reunión
de trabajo.
Si debe elegir
su grupo de laboratorio antes de
llegar a la universidad, consulte
a los más experimentados
veteranos del departamento (estudiantes,
no profesores) por medio del correo
electrónico y el teléfono.
Esto también se aplica a
quienes pueden observar y relacionarse
con sus posibles compañeros
antes de escogerlos.
He aprendido
que hay dos conjuntos de personas
con los que los estudiantes han
de lidiar cotidianamente: profesores
y compañeros de laboratorio.
La comprensión de las personalidades
con las que está tratando
y sus expectativas (tanto como las
suyas) le ayudará a decidir
qué familia afortunada le
acogerá.
Si le desagradan
las actividades lúdicas de
grupo y la vida social, tenga cuidado
con los grupos de investigación
que miran por encima del hombro
a los compañeros de laboratorio
que no se unen al resto a la hora
de comer. Y si necesita gente que
le acompañe cuando las presiones
de la investigación le aplasten,
el grupo antisocial puede dejarle
en completa insatisfacción.
Por supuesto, de estar muy enfrascado
con la investigación, nada
de esto importa (esta es la razón
de que lo primero sea completar
el trabajo), pero hay que asegurarse
de poder tratar con todos los factores
humanos implícitos.
Digamos, en
fin, que el grupo de investigación
no es el todo ni el fin de la experiencia
social en la época de doctorado.
Pero puede mejorar mucho la vida.
|
Encontrar un laboratorio al que se pueda
llamar casa es una tarea ingente para
los estudiantes de doctorado. Hay que
encontrar tanto un proyecto como personas
con las que se pueda convivir o pasarlo
bien durante 5 años o más.
Y con el tiempo, aunque los proyectos
evolucionan y los cambios traen nuevos
desafíos, a las personas les resulta
más difícil hacer esto (dependiendo
del nivel de autoconocimiento al que hayan
llegado. Tratar con todo ello aún
puede ser un desafío. Así,
el adicto al trabajo de hoy seguirá
siendo de ese modo mañana, los
seres sociales siguen siendo mariposas
que revolotean, y los vampiros -con sus
almas incomprendidas- sólo son
visibles después de las 9 de la
noche y no parece que vayan a ver la luz
del día a corto plazo - excepto
si hay sesiones con imágenes o
conferencias). Con todas las personalidades
y proyectos que hay por ahí, la
búsqueda de un encaje perfecto
es como buscar el perfecto par de pantalones
vaqueros. (Estoy segura de que muchos
de vosotros sabéis de qué
hablo).
Algunos hemos tenido
la buena suerte de escoger al tutor y
los grupos de laboratorio después
de entrar en el programa de doctorado,
mientras que otros han tenido que escogerlo
con anticipación. Después
de cuidadosas consideraciones (y de acudir
a todos los seminarios preceptivos impartidos
por el profesorado que admitía
estudiantes en sus laboratorios), escogí
a Jeff como tutor. Me pareció que
sus proyectos eran interesantes y me gustaba
como persona. El darme cuenta de que ésta
podría ser una de las decisiones
cruciales en mis estudios de doctorado,
me hizo ser cuidadosa a la hora de escoger,
un poco al azar, al tutor con los proyectos
más interesantes o la mejor personalidad.
Necesitaba una combinación de ambos.
No soy muy tolerante con gente que me
repugna socialmente, en particular con
esos individuos que necesitan constantemente
un filtro para todo lo que sale de su
boca. Tiendo también a ser observadora
de los demás, atenta a sus relaciones.
Si a un profesor le falta profesionalidad
y un poco de corrección política
cuando un grupo está en el ascensor,
incluso cuando está hablando con
otra persona, no lo considero demasiado
bueno. Aquellos con los que el profesor
ya tiene una relación de trabajo,
es decir, otros estudiantes, son buenas
fuentes de información sobre cómo
es el profesor o cómo puede llegar
a ser en determinadas circunstancias.
No se trata de que
sea preciso querer o incluso adorar al
tutor (o al grupo de laboratorio si a
eso vamos) para tener una buena relación
de trabajo, pero yo necesito quererles
lo suficiente como para querer invitarles
a cenar a mi casa. Creo que muchas veces
la gente no piensa demasiado en estas
decisiones que tanto afectarán
a su vida intelectual y emocional. Nadie
escogería a su pareja con arreglo
a tres encuentros en el mismo entorno,
entonces, ¿por qué alguien
habría de escoger a su grupo de
laboratorio de esa manera? Tal vez se
trate de modo holista de ver la vida.
La felicidad intelectual no garantiza
la satisfacción emocional o la
paz. ¿Por qué tenemos que
compartimentarlo todo? El estrés
en el laboratorio puede llevar a frustración
en cualquier lugar, así, ¿por
qué tener úlceras y dolores
de cabeza al no poder soportar el ambiente
de trabajo? Sólo trato de salir
de aquí con mi expectativa de 80
años intacta, y demasiado estrés
hay ya en el doctorado como para tener
que lidiar constantemente con personas
insensibles que no ven más allá
de sus experimentos.
Así que me
voy ya con mi parloteo y mi familia funcional
(por el momento) del laboratorio. Deséennos
genio experimental y buen karma, pues
no quiero tener que herir a nadie...
Pueden ponerse en contacto con la autora
escribiéndole a: Micella_Phoenix_deWhyse@hotmail.com.

Las aventuras
de Micella Phoenix DeWhyse en el programa
de Doctorado.
|