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Las aventuras de Micella Phoenix DeWhyse en el programa de Doctorado

Capítulo 4: Les presento a la familia potencialmente (dis)funcional: mi laboratorio


MICELLA PHOENIX DeWHYSE
ESTADOS UNIDOS

26 DE ABRIL, 2002

"Con todas las personalidades y proyectos que hay por ahí, la búsqueda de un encaje perfecto es muy parecida a buscar el perfecto par de pantalones vaqueros".

Ha llegado el momento de que les presente a alguno de los coloridos personajes del pequeño juego llamado "mi vida en el doctorado": mi tutor y mis compañeros de laboratorio. Mientras pienso cómo puedo presentar mejor al elenco, me ha venido a la cabeza la idea de una familia funcionalmente disfuncional. Pienso en cómo está dispuesto ese grupo de laboratorio azaroso y fortuito, y en la funcionalidad o disfuncionalidad que se sigue de las personalidades de los individuos. Por el momento somos relativamente funcionales, pero la disfunción puede surgir en cualquier momento. Ya saben, la familia cuyos miembros se llevan lo suficientemente bien como para ir tirando, a pesar de que cada uno ellos tenga sus particulares problemillas con el resto. En nuestro caso es más divertido porque no estamos emparentados, con lo que la sangre no llega al río.

Entonces, déjenme presentarles a…

Jeff, mi tutor, un hombre de treinta y tantos originario del Sureste de Estados Unidos que acaba de empezar su primer año como investigador principal (IP). Está casado, sin hijos, pero con un perro que arma buenos líos de vez en cuando. En muchos sentidos es como el resto de profesores para los que he trabajado: intensamente científico (como todos los investigadores principales deberían serlo) y siempre en búsqueda de respuestas y resultados. No es tan familiar o alegre como otros, pero tampoco es un aguafiestas. Le he pillado cantando "Jingle Bells" (y no era Navidad), y algún día también le he visto disparatar después de las 9 de la noche, pero perdono estas indiscreciones porque algunas veces nos trae alguna cosilla de comer (es un gran cocinero). Jeff nos exige un montón, incluyendo una semana de 50 a 60 horas de trabajo si queremos avanzar rápido en el programa. También él le dedica mucho tiempo, a menudo trabajando hasta muy tarde o en el fin de semana, con el fin de establecer su reputación. Me agrada que sea fácil hablar con él y que me dé la bienvenida cuando voy a su despacho para darle el parte de los últimos desarrollos o simplemente para charlar.

Laura, la "veterana" del laboratorio, es la ayudante principal de Jeff. Cuando me uní al laboratorio, me preocupaba su relación -parecía que nunca estuviesen de acuerdo- y cómo afectaría ésta a mi relación con Jeff. Ahora parece que han llegado a un buen entendimiento. Fue un duro período de ajuste, como los años de adolescencia. Laura está casada. Su marido también está haciendo el doctorado; hacen muy buena pareja, la verdad (en fin...). Ella ha sido de gran ayuda en las clases, en los exámenes y en el laboratorio, pero se queja demasiado de las horas que dedica, de su trabajo, de sus gatos y del programa de doctorado. Me resulta muy difícil no preguntar: "Bueno, ¿y por qué estás aquí entonces si tanto te desagrada?". Pero cada uno con lo suyo.

La siguiente es Daphne, una compañera de primer año (como yo) y, del grupo, la adicta al trabajo. Se afana como una posesa planeando su boda para más adelante este mismo año, yendo a clase y estudiando para los próximos exámenes. Ella es del tipo "Vine al programa de doctorado para obtenerlo, no para hacer vida social", y aunque respeto esto, puede ser un poquillo brusca y desagradable de vez en vez. Por el momento, creo que Daphne parece la favorita de Jeff por ser tan trabajadora. A veces pienso que ella siente como si lo estuviese chafando todo en el laboratorio, por eso de que no tiene mucha experiencia. Pero es una persona increiblemente organizada y es ella la que se encarga de que el laboratorio esté siempre limpio para que funcione como una máquina bien engrasada.

Mientras seleccionaba al grupo a principios de curso, Jeff pensó que no podía formar el grupo sólo con mujeres (parece ser que otros profesores le gastan bromas sobre eso...), así que también tenemos a Tim, un "tío de California" que parece la antítesis de Daphne. Tim se toma todo con mucha calma; trabaja de 8 ó 9 de la mañana a 5 de la tarde y nunca el fin de semana, como el resto. Esto no ha provocado ningún conflicto, todavía, pero es una dinámica interesante. Es tranquilo y está lleno de confianza, tampoco parece tener mucha prisa por hacer algo, pero sabe de lo que habla. No digo nada de esto en su contra; yo sólo quiero salir de aquí en menos de 5 años.

También tenemos a dos estudiantes de licenciatura, Ben y Brian, aunque apenas pasan por el laboratorio por lo que no contribuyen mucho a la atmósfera general.

Y finalmente estoy yo, la única lúcida y equilibrada (sí, claro...).

Las reglas del juego: encontrar a la familia ideal (en términos de laboratorio, claro está)

Mientras que nosotros, estudiantes, nos embarcamos en la experiencia del doctorado, muchos ya sabemos los proyectos en los que queremos trabajar y los modos en que nuestro éxito cambiará el mundo científico. Todo esto está muy bien, estupendo, conforme se deja guiar por las revistas especializadas y solicita admisión en los mejores departamentos a la vanguardia de sus intereses. Pero una vez allí, ¿cómo mantener el celo en el trabajo si tiene un compañero o tutor que le hace la vida imposible?

Si se cuentas entre los afortunados que han de trabajar mucho en colaboración con otros durante su trayectoria de doctorado, le sugiero que escoja con precaución para que no termine por convertirte en un vampiro, evitando todo contacto con el resto de los miembros del grupo a menos que lo haga obligatorio una reunión de trabajo.

Si debe elegir su grupo de laboratorio antes de llegar a la universidad, consulte a los más experimentados veteranos del departamento (estudiantes, no profesores) por medio del correo electrónico y el teléfono. Esto también se aplica a quienes pueden observar y relacionarse con sus posibles compañeros antes de escogerlos.

He aprendido que hay dos conjuntos de personas con los que los estudiantes han de lidiar cotidianamente: profesores y compañeros de laboratorio. La comprensión de las personalidades con las que está tratando y sus expectativas (tanto como las suyas) le ayudará a decidir qué familia afortunada le acogerá.

Si le desagradan las actividades lúdicas de grupo y la vida social, tenga cuidado con los grupos de investigación que miran por encima del hombro a los compañeros de laboratorio que no se unen al resto a la hora de comer. Y si necesita gente que le acompañe cuando las presiones de la investigación le aplasten, el grupo antisocial puede dejarle en completa insatisfacción. Por supuesto, de estar muy enfrascado con la investigación, nada de esto importa (esta es la razón de que lo primero sea completar el trabajo), pero hay que asegurarse de poder tratar con todos los factores humanos implícitos.

Digamos, en fin, que el grupo de investigación no es el todo ni el fin de la experiencia social en la época de doctorado. Pero puede mejorar mucho la vida.



Encontrar un laboratorio al que se pueda llamar casa es una tarea ingente para los estudiantes de doctorado. Hay que encontrar tanto un proyecto como personas con las que se pueda convivir o pasarlo bien durante 5 años o más. Y con el tiempo, aunque los proyectos evolucionan y los cambios traen nuevos desafíos, a las personas les resulta más difícil hacer esto (dependiendo del nivel de autoconocimiento al que hayan llegado. Tratar con todo ello aún puede ser un desafío. Así, el adicto al trabajo de hoy seguirá siendo de ese modo mañana, los seres sociales siguen siendo mariposas que revolotean, y los vampiros -con sus almas incomprendidas- sólo son visibles después de las 9 de la noche y no parece que vayan a ver la luz del día a corto plazo - excepto si hay sesiones con imágenes o conferencias). Con todas las personalidades y proyectos que hay por ahí, la búsqueda de un encaje perfecto es como buscar el perfecto par de pantalones vaqueros. (Estoy segura de que muchos de vosotros sabéis de qué hablo).

Algunos hemos tenido la buena suerte de escoger al tutor y los grupos de laboratorio después de entrar en el programa de doctorado, mientras que otros han tenido que escogerlo con anticipación. Después de cuidadosas consideraciones (y de acudir a todos los seminarios preceptivos impartidos por el profesorado que admitía estudiantes en sus laboratorios), escogí a Jeff como tutor. Me pareció que sus proyectos eran interesantes y me gustaba como persona. El darme cuenta de que ésta podría ser una de las decisiones cruciales en mis estudios de doctorado, me hizo ser cuidadosa a la hora de escoger, un poco al azar, al tutor con los proyectos más interesantes o la mejor personalidad. Necesitaba una combinación de ambos. No soy muy tolerante con gente que me repugna socialmente, en particular con esos individuos que necesitan constantemente un filtro para todo lo que sale de su boca. Tiendo también a ser observadora de los demás, atenta a sus relaciones. Si a un profesor le falta profesionalidad y un poco de corrección política cuando un grupo está en el ascensor, incluso cuando está hablando con otra persona, no lo considero demasiado bueno. Aquellos con los que el profesor ya tiene una relación de trabajo, es decir, otros estudiantes, son buenas fuentes de información sobre cómo es el profesor o cómo puede llegar a ser en determinadas circunstancias.

No se trata de que sea preciso querer o incluso adorar al tutor (o al grupo de laboratorio si a eso vamos) para tener una buena relación de trabajo, pero yo necesito quererles lo suficiente como para querer invitarles a cenar a mi casa. Creo que muchas veces la gente no piensa demasiado en estas decisiones que tanto afectarán a su vida intelectual y emocional. Nadie escogería a su pareja con arreglo a tres encuentros en el mismo entorno, entonces, ¿por qué alguien habría de escoger a su grupo de laboratorio de esa manera? Tal vez se trate de modo holista de ver la vida. La felicidad intelectual no garantiza la satisfacción emocional o la paz. ¿Por qué tenemos que compartimentarlo todo? El estrés en el laboratorio puede llevar a frustración en cualquier lugar, así, ¿por qué tener úlceras y dolores de cabeza al no poder soportar el ambiente de trabajo? Sólo trato de salir de aquí con mi expectativa de 80 años intacta, y demasiado estrés hay ya en el doctorado como para tener que lidiar constantemente con personas insensibles que no ven más allá de sus experimentos.

Así que me voy ya con mi parloteo y mi familia funcional (por el momento) del laboratorio. Deséennos genio experimental y buen karma, pues no quiero tener que herir a nadie...


Pueden ponerse en contacto con la autora escribiéndole a: Micella_Phoenix_deWhyse@hotmail.com.

Las aventuras de Micella Phoenix DeWhyse en el programa de Doctorado.


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