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Las aventuras de Micella Phoenix DeWhyse en el programa de Doctorado

Capítulo 28:

Comunicación (2º parte)



MICELLA PHOENIX DeWHYSE
ESTADOS UNIDOS

28/06/04

 

 

 

Aquí estoy de vuelta, con la segunda parte de mi diatriba sobre comunicación interpersonal, y sobre como la falta de ésta nos dificulta, a muchos, el tránsito por la etapa predoctoral. He recibido no pocos correos electrónicos de lectores que me cuentan sus propias experiencias al respecto. Será un verdadero placer leer más. También recibí unos cuantos mensajes de personas que me dan las gracias por el último capítulo de este diario. Deduzco que he tocado una fibra sensible...


Algunas de mis “lecciones” las he aprendido sola, a lo largo del camino. Otras me las han trasmitido mis tutores y compañeros. Una máxima fundamental que pienso que debo recalcar a todos los estudiantes de doctorado es la siguiente:

 

No tiene nada que ver con usted

 

Lo sé: usted creía que la etapa predoctoral iba ser una gran aventura de aprendizaje personal, de descubrimientos y publicaciones, de conquista del mundo científico... Y lo es, pero sólo una vez consiga deshacerse de las malas hierbas de las que nadie le habla. De todas formas, es importante que sepa que muchas de las brechas en la comunicación, que tantos agravios le causan, no tienen nada que ver con usted a título personal.

 

Como estudiantes, debemos recordar que no dejamos de ser la mano de obra de un magno proyecto que tiene como objetivo la obtención de fondos para investigación, lo que a su vez deriva en puntos “pro-titularidad” para nuestro supervisor (o bien su ascenso o más fondos de investigación). Y así es como va girando el mundo… Por lo que, al final del día, “no se trata de nosotros”. Se trata de los datos que producimos, del proyecto en el que trabajamos y de nuestras publicaciones y presentaciones. Se trata de esa propuesta de beca, y de si es o no es renovada cada año, y de los egos que salen beneficiados o perjudicados de todo ello.

 

Su supervisor quiere datos, y quiere que formule experimentos y presente sus conclusiones bajo un formato aceptable en el mundo exterior. ¿Por qué? Porque usted – y sobre todo, el trabajo que usted realiza – es parte de su descendencia, su carta de presentación; el trabajo que desarrolla, y el modo en que lo representa, es, a fin de cuentas, un reflejo de él. No obstante, muchos de nosotros no analizamos las cosas desde esta perspectiva. Creemos que se trata de nosotros y de lo que nosotros queremos. Nos hundimos en la auto-compasión cada vez que, por poner un ejemplo, tras hacer una presentación, alguien critica duramente o rechaza algunas de nuestras ideas. Pero en realidad, no somos nosotros los que estamos en el corazón del asunto...

 

La mayoría de los académicos son maestros en hacer la vida imposible. Ésta es la cruda realidad de nuestro mundo. Muchos se dedican a repetir el ciclo de abusos que sufrieron en sus carnes cuando eran doctorandos. No es que no puedan ser personas razonables o que sean innatamente crueles. Amenudo simplemente se dedican a imitar el comportamiento de los que fueron sus supervisores. A muchos les cuesta imaginar la posibilidad de redactar cartas de recomendación sin antes infligir un poco de sufrimiento en los estudiantes que las solicitan. Así es como se hacen las cosas; así es como las personas se ganan el derecho de escribir la palabra “Doctor /a” delante de sus nombres. Viene a ser la máxima del entrenador a su atleta de élite: no hay premios sin dolor.

 

No he dicho que fuese lo correcto. Estando en este lado de la valla, en la del estudiante de doctorado, pienso que tiene que haber una manera mejor de crear grandes científicos que evite que tantos de ellos caigan en este comportamiento amargado. No obstante, lo repito, no tiene nada que ver con usted. Y el pensar que que tiene que ver con usted lo único que hace es empeorar las cosas.

 

Como he dicho anteriormente, en otros capítulos de este diario, somos los protagonistas de un juego, y en éste, aprender el arte de la comunicación puede ayudarle a sacarle el máximo provecho a la experiencia y a salir vencedor. Si descuida este arte, podrá acabar quedándose en la primera casilla, preguntándose por qué todo el mundo está ganando puntos y avanzando puestos, mientras que usted permanece inmóvil.

 

Por otra parte, tampoco resulta efectivo “jugar” tomándose todo a título personal, ya estemos hablando de comentarios sobre su modo de hacer presentaciones o sobre sus conocimientos en el área del diseño experimental o la derivación teórica. Sí, lo sé: su ego queda dañado, pero probablemente también el del estudiante que está sentado a su lado... si no en la reunión de hoy, en la de mañana. Es un poco como cuando a uno le pierden las maletas en el aeropuerto. O cuando le vomita encima, y luego le sonríe, el niño pequeño sentado a su lado en el autobús. No es que el niño tuviese nada en su contra: simplemente estaba mareado.

 

Todos experimentamos ira, frustración, fatiga... La clave diferencial radica en cómo nos enfrentamos a estos sentimientos. Cuanto antes aprenda a jugar con las cartas que le han tocado (en otras palabras: cuanto antes aprenda a moverse en el sistema), mejor le irá, y menos tiempo dedicará a exponerles sus quejas sin solución a personas que, en el fondo, no pueden ayudarle. Así que aprenda las reglas y verá como se gradúa más rápidamente.

 

Una vez aprenda a no tomarse las cosas a título personal, necesitará conocer el funcionamiento del juego. Es bastante complicado: tiene pocas reglas y casi ninguna es fija, pero sí que podríamos hablar de la existencia de unas cuantas estrategias “útiles”. La etapa predoctoral es como un matrimonio efímero. Nos relacionamos a diario con colegas de trabajo que no tienen por que ser los “compañeros ideales”. Cuanto mejor se nos dé comprender las necesidades de los otros, mejores serán, a medio y largo plazo, las perspectivas de nuestras relaciones con ellos. Existe, no obstante, una diferencia fundamental entre el Tercer Ciclo y el matrimonio: en el doctorado, cuanto mejor vaya la relación, antes llegará su final amistoso. El divorcio del laboratorio es motivo de celebración. A continuación, unas cuantas sugerencias, muy concretas, que le ayudarán a conseguirlo:

 

Conózcanse. Sé que suena obvio, pero ¿por qué va a costar tanto conocer a la gente con la que trabaja, empezando por su jefe y acabando por todos los demás integrantes de su equipo? No digo que deba conocer todos los detalles de sus vidas privadas, pero si no tiene ni la más mínima idea de si sus compañeros de trabajo tienen padres/hermanos/animales de compañía, digamos que ése es un buen punto de partida. Es probable que encuentren un interés común que desconocían. Si su tutor u otro estudiante tiene un cuadro interesante o una foto en su despacho, pregúntele por ella. Arranque una conversación. No le matará.

 

Póngalo por escrito. Asegúrese de que los requisitos específicos para su graduación queden explícitos. De este modo, todo el mundo sabrá qué se espera de cada uno. Habiendo discutido y aclarado sus expectativas, se minimizarán las posibilidades de malentendidos. Ayude también a sus compañeros, estudiantes, a que comprendan qué se espera de ellos, pero hágalo con humildad.

 

Examine el estilo de la persona a la que está tratando. Si, por poner un ejemplo, tiene un supervisor muy directo, no presuponga que éste no le tiene en estima; simplemente es una persona directa, así que cada vez que tenga que tratar con él/ella, sea directo. Apreciará el que no le esté haciendo perder el tiempo, ni el suyo. Si, por otra parte, tiene un supervisor que requiere que le recuerden las cosas constantemente, hágalo con delicadeza, y no piense que no le importa su trabajo si cada vez que le pide algo, no lo hace al instante.

 

Observe las interacciones que tienen sus compañeros de trabajo con los demás. Probablemente comprobará que interactúan con los demás del mismo modo que lo hacen con usted. Así que no es que tengan una cruzada particular con usted: simplemente son así y punto. Una vez más: no siempre se trata de usted.

 

Asegúrese de que los temas de interés para el grupo están a disposición de todos, por escrito. Me refiero a, por ejemplo, las reglas básicas para hacer una presentación o una crítica de un trabajo, para dar una charla sobre investigación o hacer unas transparencias. Cuando se incorporen nuevas personas al grupo, pregúnteles si tienen alguna duda y enséñeles a preparar presentaciones o pósters, aunque no se lo pidan específicamente. Si sabe que su supervisor odia el amarillo, asegúrese de que los novatos no lo utilizan en sus transparencias...

 

Supervisores: ¿Podrían practicar una crítica más constructiva? La retroalimentación positiva puede hacer milagros. Repriman la necesidad de gritar, intimidar y minimizar a sus estudiantes. Si son como yo, ya están suficientemente traumatizados viendo como sus proyectos no avanzan gran cosa, a pesar de sus muchos esfuerzos. A los alumnos les preocupa su trabajo y desean fervientemente que funcione, que sirva para algo, tanto por ellos mismos como por ustedes. Encuentren maneras de motivarlos.

 

De vez en cuando, podrían hacerle a sus estudiantes las siguientes preguntas: ¿tienen claros los requisitos para la investigación (recolección y presentación de datos, tareas de grupo, ponencias...)? ¿Les queda alguna duda, por muy pequeña que sea, en este sentido? ¿Están satisfechos con los proyectos que han elegido o le han sido asignados? ¿Hay algún apartado del proyecto que se les esté haciendo cuesta arriba o que no les esté funcionando? De ser así, ¿a qué creen que se debe? ¿Qué podemos hacer para remediarlo?

 

Preguntas como éstas le ayudarán a ser mejores tutores / supervisores. Lo sé... si se están tomando las molestias de leerse esto, ya son maravillosos. Pero nadie es perfecto.

 

Estudiantes: si su supervisor tiene un momento de discernimiento y claridad y le pregunta eso de “¿cómo podemos mejorar las cosas?”, ábrase y sea sincero al hablarle de sus experiencias, pero no se centre sólo en lo negativo. Es fácil recordar los malos momentos, pero todo el mundo necesita refuerzos positivos. También los jefes... quienes, por lo menos en base a mi experiencia, padecen de déficit de seguridad tanto como nosotros. Si su supervisor ha desempeñado una labor encomiable en alguna área en particular, ¡hágaselo saber!

 

Presuponer que los estudiantes aprenderán a desenvolverse correctamente en el sistema en solitario, y que los estudiantes brillantes destacarán, es una creencia errónea que, a la fuerza, hay que desembancar. Éste puede ser un buen momento para empezar. Sé que para eso sirven los tutores, pero los buenos no están siempre disponibles. Los doctorandos deben empezar por cuidarse unos de los otros. Cuando aprendamos a ponernos en el lugar de nuestros jefes, seremos mejores tutores. El primer paso cara este objetivo es dejar de tomarse las cosas a título personal; abandonar la propia burbuja y ver que otros, a nuestro lado, también pueden estar necesitados de ayuda.

 

Como siempre, aprecio cada comentario, anécdota y sugerencia de los lectores sobre la materiaque nos ocupa: la comunicación eficaz. Y el próximo día más... ¿O acaso creían que ya había zanjado este tema?

 

 

 

 

 

 

 

 

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