| ¿Por
qué a nosotros, científicos,
se nos enseña que la comunicación
de nuestra ciencia es esencial cara el éxito,
pero nunca se nos subraya la importancia
de la comunicación con los demás,
tan necesaria para el bienestar general
y la armonía?
Me refiero a lo siguiente:
todos hemos visto seminarios sobre cómo
redactar con efectividad, cómo
hacer presentaciones con éxito
pero raramente vemos nada orientado hacia
educadores y educandos acerca de cómo
comunicar con eficacia en contextos no
científicos y sobre cómo
relacionarnos unos con los otros. Y yo
realmente creo que parte de los conflictos
que experimentamos, en el laboratorio
y en la vida en general, parten del hecho
de que, simplemente, no hemos aprendido
a comunicarnos.
Cuando digo "comunicar",
quiero decir una multiplicidad de cosas.
En primer lugar, para mí, la comunicación
eficaz no sólo consiste en hablar.
También incluye escuchar y otras
variables tales como lenguaje corporal,
tono, inflexión, perspectiva, cultura
entre un sinfín de conceptos que
la mayoría de la gente no tiene
en consideración cuando conversa.
A la vez, ¿ha
pensado alguna vez que no todo el mundo
"funciona" del mismo modo? Ésta
es una idea novedosa para muchos de nosotros.
Todos interpretamos la realidad de diferente
manera. De la misma frase, dicha a tres
personas distintas, saldrán tres
significados diferentes, aún cuando
la entonación y el lenguaje corporal
empleado sean los mismos. La interpretación
más fidedigna será, probablemente,
la de la persona que más conoce
al que habla.
Ésta es la
razón por la cual los investigadores
jefe han de conocer a sus estudiantes
fuera del laboratorio y saber de qué
tipo de entorno provienen. A los jefes
de laboratorio les debe interesar conocer
qué tipo de comportamiento suelen
exhibir sus doctorandos: si son sociables
o tímidos, exultantes o serenos,
si están amargados o, por el contrario,
son terriblemente felices (si es que tal
cosa existe)
para poder responder
en cada caso apropiadamente.
Querido investigador
jefe: no puede presuponer nada sobre sus
alumnos; lo repito, nada. ¿Sabe
quién tiene hermanos y quién
no? ¿Dónde viven sus padres?
¿Si les gustan los caramelos que
tiene en el frasco encima de la mesa de
su despacho? ¿Si son diabéticos?
No presuponga que una persona de color,
por ejemplo, ha tenido que criarse en
un entorno económicamente menos
favorecido que la media, o que sus padres
no fueron a la universidad. No llegue
a esa conclusión simplemente porque
alguien asienta y esté de acuerdo
con absolutamente todo lo que haya dicho;
puede que el estudiante en cuestión
provenga de una cultura donde contradecir
a una figura de autoridad (sí,
usted) se considera de mala educación;
o quizás simplemente sea una persona
tímida o esté tratando de
impresionarle. No asuma que porque su
estudiante sea mujer, vaya a querer tener
descendencia en el futuro, o no. No presuponga
siquiera que ya haya tomado una decisión
al respecto. Ni asuma tampoco que porque
alguien venga de una universidad menos
prestigiosa, vaya a tener menos experiencia
o inteligencia.
Sé que a muchos
de ustedes todo esto les parecerá
de sentido común, pero les sorprendería
cuántas veces nosotros, científicos,
colocamos a otros científicos e
ingenieros en cajones estanco y presuponemos
que se ajustarán a la imagen preconcebida
que tenemos de ellos. Creo que esto es
algo que, a priori, hacemos todos, salvo
cuando nos esforzamos conscientemente
en no caer en este tipo de generalizaciones.
La culpa no siempre
la tiene el que escucha. Como mucha gente,
a menudo a mí también me
sucede que no consigo expresar lo que
siento; cuando algo va mal, cuando alguien
dice algo que me ofende o con lo que no
estoy de acuerdo, cierro la boca y me
guardo el enfado o la herida dentro. O
puede suceder lo contrario: que la abra
demasiado y estalle de forma desproporcionada.
En cualquier caso, el resultado suele
ser egos dañados y malentendidos,
ninguno de los cuales ayuda a mejorar
la comunicación.
Como científicos,
tendemos a fingir que las necesidades,
los deseos, las emociones, las relaciones,
los egos... no importan (es la ciencia
la que no mueve, ¿no?), cuando
en realidad, todos estos elementos pueden
desempeñar un papel importante
en nuestros juegos políticos. Y
sin embargo, todos sabemos que cuanto
más exitoso es un científico
y más peso tiene, mayores son las
probabilidades de que haga lo que le apetezca
y de que pise a otros, arruinándoles
la vida, sin apenas prestar atención
a las consecuencias de sus actos.
Para aquellos de
ustedes que se pregunten por qué
no hay más personas interesadas
en la ciencia, y por qué no hay
más gente atraída por la
docencia a nivel universitario, ¿han
pensado alguna vez en lo elitistas, aislados
y pesados que algunos de ustedes (le excluyo
a usted, lector...) pueden llegar a ser?
Los candidatos a profesores no se van
porque encuentren la meta demasiado difícil;
abandonan porque encuentran otros lugares
donde son acogidos, donde pueden expresarse
o donde son recompensados en función
de sus méritos.
Retomando el tema
de la comunicación: todos nosotros,
estudiantes y jefes de investigación
por igual, necesitamos mejorar en este
sentido. Si lográsemos, por un
momento, salir de nosotros mismos y escuchar
lo que decimos, y pensar acerca de cómo
somos percibidos, y tener una conversación
decente con otros sobre estos temas, estaríamos
dando un paso importante en la dirección
adecuada. Para aquellos de ustedes que
piensen "Estoy bien como estoy",
dedíquenle un minuto a pensar sobre
sus interacciones diarias y sus relaciones
interpersonales. ¿Son forzadas?
¿Cree que esto se debe a que todo
el mundo está en su contra? ¿Siempre
tiene la razón? Si alguien le molesta
seriamente, ¿les dice por qué?
¿O simplemente deja de hablarles?
Puede que se me esté
yendo la olla diciendo esto, pero la verdad
es que creo en una especie de karma: el
universo te devolverá aquello que
esperes y hayas dado. Sí, el Tercer
Ciclo, y la vida en general, no son fáciles,
y en ocasiones a todos nos ronda por la
cabeza la posibilidad de huir. ¿Ha
analizado su estado de ánimo últimamente?
Si todo lo ve de color gris, y simplemente
no encuentra ningún atisbo de gozo
en su existencia... ¿está
invirtiendo algo de tiempo en su búsqueda?
Creo que ya he hablado
bastante de mi diatriba actual. En el
próximo capítulo de este
diario, hablaré de modos concretos
de mejorar la comunicación interpersonal,
como personas y en particular, como científicos.
Si tiene ejemplos
de cómo la comunicación
eficaz, o la falta de ella, mejoraron
o arruinaron su vida en el laboratorio,
compártalos conmigo y yo me aseguraré
de que sus consejos lleguen a otros. Hasta
entonces, pongámonos todos a pensar
sobre lo que decimos y sobre cómo
lo decimos. Y no olvide sonreír
siempre... No duele.
Puede ponerse
en contacto con Micella escribiéndole
a micella_phoenix_dewhyse@hotmail.com
|