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Las aventuras de Micella Phoenix DeWhyse en el programa de Doctorado

Capítulo 27: Comunicación

MICELLA PHOENIX DeWHYSE
ESTADOS UNIDOS

28/05/04

 

 

Para aquellos de ustedes que no han estado leyendo, capítulo a capítulo, ésta mi particular odisea como doctoranda, les diré que el mes pasado les hablé sobre mi tutor, Jeff, y de la bofetada que le supuso el repentino abandono de una de las investigadoras del equipo. Creo que una de las razones por las que ésta optó por irse fue porque odiaba su proyecto; por lo que tengo entendido, ella nunca llegó a comentarle esto a su tutor (que es también el mío). Esto me lleva a mi diatriba de este mes:

¿Por qué a nosotros, científicos, se nos enseña que la comunicación de nuestra ciencia es esencial cara el éxito, pero nunca se nos subraya la importancia de la comunicación con los demás, tan necesaria para el bienestar general y la armonía?

Me refiero a lo siguiente: todos hemos visto seminarios sobre cómo redactar con efectividad, cómo hacer presentaciones con éxito… pero raramente vemos nada orientado hacia educadores y educandos acerca de cómo comunicar con eficacia en contextos no científicos y sobre cómo relacionarnos unos con los otros. Y yo realmente creo que parte de los conflictos que experimentamos, en el laboratorio y en la vida en general, parten del hecho de que, simplemente, no hemos aprendido a comunicarnos.

Cuando digo "comunicar", quiero decir una multiplicidad de cosas. En primer lugar, para mí, la comunicación eficaz no sólo consiste en hablar. También incluye escuchar y otras variables tales como lenguaje corporal, tono, inflexión, perspectiva, cultura… entre un sinfín de conceptos que la mayoría de la gente no tiene en consideración cuando conversa.

A la vez, ¿ha pensado alguna vez que no todo el mundo "funciona" del mismo modo? Ésta es una idea novedosa para muchos de nosotros. Todos interpretamos la realidad de diferente manera. De la misma frase, dicha a tres personas distintas, saldrán tres significados diferentes, aún cuando la entonación y el lenguaje corporal empleado sean los mismos. La interpretación más fidedigna será, probablemente, la de la persona que más conoce al que habla.

Ésta es la razón por la cual los investigadores jefe han de conocer a sus estudiantes fuera del laboratorio y saber de qué tipo de entorno provienen. A los jefes de laboratorio les debe interesar conocer qué tipo de comportamiento suelen exhibir sus doctorandos: si son sociables o tímidos, exultantes o serenos, si están amargados o, por el contrario, son terriblemente felices (si es que tal cosa existe)… para poder responder en cada caso apropiadamente.

Querido investigador jefe: no puede presuponer nada sobre sus alumnos; lo repito, nada. ¿Sabe quién tiene hermanos y quién no? ¿Dónde viven sus padres? ¿Si les gustan los caramelos que tiene en el frasco encima de la mesa de su despacho? ¿Si son diabéticos? No presuponga que una persona de color, por ejemplo, ha tenido que criarse en un entorno económicamente menos favorecido que la media, o que sus padres no fueron a la universidad. No llegue a esa conclusión simplemente porque alguien asienta y esté de acuerdo con absolutamente todo lo que haya dicho; puede que el estudiante en cuestión provenga de una cultura donde contradecir a una figura de autoridad (sí, usted) se considera de mala educación; o quizás simplemente sea una persona tímida o esté tratando de impresionarle. No asuma que porque su estudiante sea mujer, vaya a querer tener descendencia en el futuro, o no. No presuponga siquiera que ya haya tomado una decisión al respecto. Ni asuma tampoco que porque alguien venga de una universidad menos prestigiosa, vaya a tener menos experiencia o inteligencia.

Sé que a muchos de ustedes todo esto les parecerá de sentido común, pero les sorprendería cuántas veces nosotros, científicos, colocamos a otros científicos e ingenieros en cajones estanco y presuponemos que se ajustarán a la imagen preconcebida que tenemos de ellos. Creo que esto es algo que, a priori, hacemos todos, salvo cuando nos esforzamos conscientemente en no caer en este tipo de generalizaciones.

La culpa no siempre la tiene el que escucha. Como mucha gente, a menudo a mí también me sucede que no consigo expresar lo que siento; cuando algo va mal, cuando alguien dice algo que me ofende o con lo que no estoy de acuerdo, cierro la boca y me guardo el enfado o la herida dentro. O puede suceder lo contrario: que la abra demasiado y estalle de forma desproporcionada. En cualquier caso, el resultado suele ser egos dañados y malentendidos, ninguno de los cuales ayuda a mejorar la comunicación.

Como científicos, tendemos a fingir que las necesidades, los deseos, las emociones, las relaciones, los egos... no importan (es la ciencia la que no mueve, ¿no?), cuando en realidad, todos estos elementos pueden desempeñar un papel importante en nuestros juegos políticos. Y sin embargo, todos sabemos que cuanto más exitoso es un científico y más peso tiene, mayores son las probabilidades de que haga lo que le apetezca y de que pise a otros, arruinándoles la vida, sin apenas prestar atención a las consecuencias de sus actos.

Para aquellos de ustedes que se pregunten por qué no hay más personas interesadas en la ciencia, y por qué no hay más gente atraída por la docencia a nivel universitario, ¿han pensado alguna vez en lo elitistas, aislados y pesados que algunos de ustedes (le excluyo a usted, lector...) pueden llegar a ser? Los candidatos a profesores no se van porque encuentren la meta demasiado difícil; abandonan porque encuentran otros lugares donde son acogidos, donde pueden expresarse o donde son recompensados en función de sus méritos.

Retomando el tema de la comunicación: todos nosotros, estudiantes y jefes de investigación por igual, necesitamos mejorar en este sentido. Si lográsemos, por un momento, salir de nosotros mismos y escuchar lo que decimos, y pensar acerca de cómo somos percibidos, y tener una conversación decente con otros sobre estos temas, estaríamos dando un paso importante en la dirección adecuada. Para aquellos de ustedes que piensen "Estoy bien como estoy", dedíquenle un minuto a pensar sobre sus interacciones diarias y sus relaciones interpersonales. ¿Son forzadas? ¿Cree que esto se debe a que todo el mundo está en su contra? ¿Siempre tiene la razón? Si alguien le molesta seriamente, ¿les dice por qué? ¿O simplemente deja de hablarles?

Puede que se me esté yendo la olla diciendo esto, pero la verdad es que creo en una especie de karma: el universo te devolverá aquello que esperes y hayas dado. Sí, el Tercer Ciclo, y la vida en general, no son fáciles, y en ocasiones a todos nos ronda por la cabeza la posibilidad de huir. ¿Ha analizado su estado de ánimo últimamente? Si todo lo ve de color gris, y simplemente no encuentra ningún atisbo de gozo en su existencia... ¿está invirtiendo algo de tiempo en su búsqueda?

Creo que ya he hablado bastante de mi diatriba actual. En el próximo capítulo de este diario, hablaré de modos concretos de mejorar la comunicación interpersonal, como personas y en particular, como científicos.

Si tiene ejemplos de cómo la comunicación eficaz, o la falta de ella, mejoraron o arruinaron su vida en el laboratorio, compártalos conmigo y yo me aseguraré de que sus consejos lleguen a otros. Hasta entonces, pongámonos todos a pensar sobre lo que decimos y sobre cómo lo decimos. Y no olvide sonreír siempre... No duele.

Puede ponerse en contacto con Micella escribiéndole a micella_phoenix_dewhyse@hotmail.com

 

 

 

 

 

 

 

 

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