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Las aventuras de Micella Phoenix DeWhyse en el programa de Doctorado

Capítulo 26: Educando al supervisor

MICELLA PHOENIX DeWHYSE
ESTADOS UNIDOS

23/04/04

 

 

Conforme avanza el culebrón y gira el mundo, el drama de los capítulos 24 (la partida inminente de George) y 25 (el abrupto abandono de Daphne) ha amainado ligeramente, pero la última víctima (herida, tan sólo, afortunadamente) de este conflicto ha sido nada más y nada menos que mi supervisor, Jeff.

Las cosas en el laboratorio se han tranquilizado un poco desde que Daphne desapareció del escenario. Ya encontró un nuevo grupo al que incorporarse. (De hecho, ya lo tenía en reserva antes de abandonar nuestro laboratorio, pero esa ya es otra historia). El resto del equipo nos quedamos en el campo de batalla recogiendo los platos rotos y ahora comenzamos a pasar capítulo con el mismo supervisor, sólo que un poco alterado.

Apaleado y con el ego hecho trizas, podríamos decir que Jeff se quedó en estado de shock cuando Daphne presentó su dimisión. No tenía ni la más mínima idea de que pudiese estar tan desencantada con él, con su tesis y con la facultad en general. Era consciente de que a Daphne las cosas no le estaban yendo particularmente bien con su proyecto; sabía que esto no se debía a una falta de esfuerzo por su parte, pero no se dio cuenta de que ella se lo estaba tomando tan mal. Aunque todos celebrábamos reuniones semanales con Jeff, supongo que Daphne nunca expresó su descontento general en relación a su proyecto, aunque me han dicho que sí que se había quejado explícitamente de otras cosas.

Como dije antes, todos los miembros del grupo creíamos que Daphne era la favorita de Jeff, y que ella tenía todo bajo control. Parece ser que también Jeff (aunque nunca admitirá su cierto favoritismo) creía que todo iba sobre ruedas en el mundo de su discípula. Pero no, Jeff, no…

Debo reconocer que siento compasión por Jeff. Con anterioridad a estos episodios recientes, nuestra relación había comenzado a mejorar. Un día, en el medio de una conversación acalorada, le dije, por fin, que odiaba mi proyecto (después de habérselo insinuado, en repetidas ocasiones, a lo largo de varios meses: véanse los capítulos 19 y 20). Una vez me hube desahogado y dejado todo sobre la mesa, Jeff me sorprendió con una actitud sensible y abierta al diálogo. Incluso recordó que había soltado varias pequeñas indirectas, en el pasado, acerca de mi infelicidad. Llegamos a hablar de fechas en las que podría comenzar algo nuevo, en el caso de que no hubiese ningún giro estelar en mi trabajo actual y de que se prolongase mi descontento. Me dijo que estaba dispuesto a que dedicase parte de mi tiempo (y su dinero) a explorar nuevas líneas de investigación. En líneas generales, quería asegurarse de que estaba contenta con mi trabajo científico. Ver para creer…

Tras la partida de Daphne, a Jeff le entró una obsesión por controlar los daños colaterales que hubiese podido provocar, en el resto del equipo, el abandono de una sus discípulas. Dejó de ser el supervisor aparentemente despreocupado e inconsciente de antaño. Pena que tuviese que pasar lo que pasó para averiguar que algo iba mal en el laboratorio, pero hay que reconocer que todos los que seguimos al pie del cañón nos estamos beneficiando de el cambio personal que él está experimentando.

Cuando Daphne ya llevaba unos pocos días fuera, Jeff nos llamó a su despacho, uno a uno, y nos preguntó acerca de nuestro estatus dentro del grupo. ¿Con qué estábamos contentos? ¿En qué debería centrarse él? ¿Cómo podíamos salir adelante tras este desafortunado episodio de la historia del equipo?

¿En qué debería centrarse él? Un momento… ¿Es posible que mi supervisor haya sido poseído por alienígenas, que lo hayan liberado de su inconsciencia emocional? Obviamente, no deje pasar esta oportunidad caída del cielo para hablar con Jeff sobre todo lo que me preocupaba. La verdad es que tuvimos algunas conversaciones realmente constructivas acerca de cómo él, en calidad de supervisor, se muestra ante nosotros, estudiantes, y cómo todo ello afecta a nuestras interacciones diarias con él. La comunicación es clave.

Pausa, rebobino, repito… en voz alta: la comunicación es clave.

Se necesita cierto tiempo - y no poco esfuerzo - para llegar a ese punto en el que te puedes permitir decirle a alguien, y en especial a tu jefe, que hay algo en el laboratorio que no funciona, sin por ello sentir que estás haciendo algo incorrecto, o que sea el supervisor el que lo piense. Le dije a Jeff en una de nuestras conversaciones que, a menudo, nos transmitía indirectamente la idea de que sólo los buenos resultados merecían la luz del día. En su cara podíamos leer, muy frecuentemente, su entusiasmo, o por el contrario, su decepción ante nuestro trabajo, y que a todos nos costaba asimilar este último sentimiento. Aparentemente, Jeff simplemente era inconsciente de lo importante que puede llegar a ser el reforzamiento positivo en los investigadores principiantes como nosotros. Hablando con otros doctorandos, me di cuenta de que muchos de ellos también están frustrados por su falta de resultados, pero no se sienten cómodos hablando de esto con sus supervisores. La comunicación es clave.

También le comenté a Jeff que estaría genial que se interesase algo por nuestras vidas extra-profesionales. Esta cuestión le sorprendió, porque creía que siempre había cumplido, en este sentido, haciéndonos las preguntas adecuadas, y que nos había dado oportunidades para hablar de cómo nos iban las cosas fuera del laboratorio. Pensaba que nunca le decíamos gran cosa porque no teníamos mucho que decir. En realidad, yo creo que lo que sucedió, en este sentido, fue que, en una ocasión en la que efectivamente nos preguntó por nuestras vidas, todos sentimos que nuestras respuestas no le importaban demasiado, en la medida en que nunca iban seguidas por otras preguntas. De ahí que, en adelante, muchos se cohibiesen a la hora de expresarse.

Hay un factor de intimidación que nos lleva a nosotros, estudiantes, a creer (erróneamente, es posible) que a nuestros supervisores no les importa nuestro lado personal, que lo único que les interesa es nuestra investigación, y si está va progresando o no. Si nuestros supervisores no muestran un interés por nosotros, como seres humanos, al principio de nuestra relación con ellos, deducimos que en realidad no le preocupamos. Cuanto más vagas son las preguntas que nos hacen sobre nuestras vidas personales, más probable es que las respuestas deriven en cuestiones de trabajo. Cuanto más nos conocen nuestros supervisores (y cuanto más saben, pues, acerca de lo que nos importa), más fácil les resulta preguntarnos por cuestiones específicas que indican que no, que no nos están preguntando nada acerca del laboratorio.

Tendría que haber una cláusula de renuncia de responsabilidad, por el bien de ustedes, jefes de investigación. Sí, es cierto: a muchos de nosotros nos gustaría saber que se preocupan de nosotros, doctorandos, como seres humanos. No obstante, no todos somos iguales, y hay gente que puede no querer hablar sobre su vida privada. Si preguntan algo personal, y observan que reciben una respuesta huidiza, o que se retoma el tema de la investigación, sabrán con qué tipo de persona están tratando. Aprendan de sus estudiantes y no se corten en preguntar, en cualquier caso.

Este tipo de conversaciones con Jeff han sido una constante desde la partida de Daphne y yo, personalmente, siento que el grupo está fortaleciéndose, y que la comunicación, la productividad y la moral van a ir en aumento. Todavía estamos tratando de hacerle comprender que las actividades que se desarrollan fuera del lugar de trabajo pueden ayudar a lograr estos fines. Confío en que pronto comprenda este mensaje. En cuanto a mí, me ha alegrado mucho ver que Jeff ha estado dispuesto a enfrentarse a la situación, en lugar de hacerle la vista gorda. Aprenderá (ya ha aprendido, de hecho) y saldrá de este capítulo de su vida como un mejor supervisor.

Agradecería enormemente cualquier comentario, sugerencia o recurso sobre "cómo mejorar la relación con el supervisor" o "gestión de crisis". Y denme suerte…

Pueden ponerse en contacto con Micella escribiéndole al siguiente correo electrónico: micella_phoenix_dewhyse@hotmail.com.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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