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Las
cosas en el laboratorio se han tranquilizado
un poco desde que Daphne desapareció
del escenario. Ya encontró un nuevo
grupo al que incorporarse. (De hecho,
ya lo tenía en reserva antes de
abandonar nuestro laboratorio, pero esa
ya es otra historia). El resto del equipo
nos quedamos en el campo de batalla recogiendo
los platos rotos y ahora comenzamos a
pasar capítulo con el mismo supervisor,
sólo que un poco alterado.
Apaleado y con el
ego hecho trizas, podríamos decir
que Jeff se quedó en estado de
shock cuando Daphne presentó su
dimisión. No tenía ni la
más mínima idea de que pudiese
estar tan desencantada con él,
con su tesis y con la facultad en general.
Era consciente de que a Daphne las cosas
no le estaban yendo particularmente bien
con su proyecto; sabía que esto
no se debía a una falta de esfuerzo
por su parte, pero no se dio cuenta de
que ella se lo estaba tomando tan mal.
Aunque todos celebrábamos reuniones
semanales con Jeff, supongo que Daphne
nunca expresó su descontento general
en relación a su proyecto, aunque
me han dicho que sí que se había
quejado explícitamente de otras
cosas.
Como dije antes,
todos los miembros del grupo creíamos
que Daphne era la favorita de Jeff, y
que ella tenía todo bajo control.
Parece ser que también Jeff (aunque
nunca admitirá su cierto favoritismo)
creía que todo iba sobre ruedas
en el mundo de su discípula. Pero
no, Jeff, no
Debo reconocer que
siento compasión por Jeff. Con
anterioridad a estos episodios recientes,
nuestra relación había comenzado
a mejorar. Un día, en el medio
de una conversación acalorada,
le dije, por fin, que odiaba mi proyecto
(después de habérselo insinuado,
en repetidas ocasiones, a lo largo de
varios meses: véanse los capítulos
19 y 20).
Una vez me hube desahogado y dejado todo
sobre la mesa, Jeff me sorprendió
con una actitud sensible y abierta al
diálogo. Incluso recordó
que había soltado varias pequeñas
indirectas, en el pasado, acerca de mi
infelicidad. Llegamos a hablar de fechas
en las que podría comenzar algo
nuevo, en el caso de que no hubiese ningún
giro estelar en mi trabajo actual y de
que se prolongase mi descontento. Me dijo
que estaba dispuesto a que dedicase parte
de mi tiempo (y su dinero) a explorar
nuevas líneas de investigación.
En líneas generales, quería
asegurarse de que estaba contenta con
mi trabajo científico. Ver para
creer
Tras la partida de
Daphne, a Jeff le entró una obsesión
por controlar los daños colaterales
que hubiese podido provocar, en el resto
del equipo, el abandono de una sus discípulas.
Dejó de ser el supervisor aparentemente
despreocupado e inconsciente de antaño.
Pena que tuviese que pasar lo que pasó
para averiguar que algo iba mal en el
laboratorio, pero hay que reconocer que
todos los que seguimos al pie del cañón
nos estamos beneficiando de el cambio
personal que él está experimentando.
Cuando Daphne ya
llevaba unos pocos días fuera,
Jeff nos llamó a su despacho, uno
a uno, y nos preguntó acerca de
nuestro estatus dentro del grupo. ¿Con
qué estábamos contentos?
¿En qué debería centrarse
él? ¿Cómo podíamos
salir adelante tras este desafortunado
episodio de la historia del equipo?
¿En qué
debería centrarse él?
Un momento
¿Es posible que
mi supervisor haya sido poseído
por alienígenas, que lo hayan liberado
de su inconsciencia emocional? Obviamente,
no deje pasar esta oportunidad caída
del cielo para hablar con Jeff sobre todo
lo que me preocupaba. La verdad es que
tuvimos algunas conversaciones realmente
constructivas acerca de cómo él,
en calidad de supervisor, se muestra ante
nosotros, estudiantes, y cómo todo
ello afecta a nuestras interacciones diarias
con él. La comunicación
es clave.
Pausa, rebobino,
repito
en voz alta: la comunicación
es clave.
Se necesita cierto
tiempo - y no poco esfuerzo - para llegar
a ese punto en el que te puedes permitir
decirle a alguien, y en especial a tu
jefe, que hay algo en el laboratorio que
no funciona, sin por ello sentir que estás
haciendo algo incorrecto, o que sea el
supervisor el que lo piense. Le dije a
Jeff en una de nuestras conversaciones
que, a menudo, nos transmitía indirectamente
la idea de que sólo los buenos
resultados merecían la luz del
día. En su cara podíamos
leer, muy frecuentemente, su entusiasmo,
o por el contrario, su decepción
ante nuestro trabajo, y que a todos nos
costaba asimilar este último sentimiento.
Aparentemente, Jeff simplemente era inconsciente
de lo importante que puede llegar a ser
el reforzamiento positivo en los investigadores
principiantes como nosotros. Hablando
con otros doctorandos, me di cuenta de
que muchos de ellos también están
frustrados por su falta de resultados,
pero no se sienten cómodos hablando
de esto con sus supervisores. La comunicación
es clave.
También le
comenté a Jeff que estaría
genial que se interesase algo por nuestras
vidas extra-profesionales. Esta cuestión
le sorprendió, porque creía
que siempre había cumplido, en
este sentido, haciéndonos las preguntas
adecuadas, y que nos había dado
oportunidades para hablar de cómo
nos iban las cosas fuera del laboratorio.
Pensaba que nunca le decíamos gran
cosa porque no teníamos mucho que
decir. En realidad, yo creo que lo que
sucedió, en este sentido, fue que,
en una ocasión en la que efectivamente
nos preguntó por nuestras vidas,
todos sentimos que nuestras respuestas
no le importaban demasiado, en la medida
en que nunca iban seguidas por otras preguntas.
De ahí que, en adelante, muchos
se cohibiesen a la hora de expresarse.
Hay un factor de
intimidación que nos lleva a nosotros,
estudiantes, a creer (erróneamente,
es posible) que a nuestros supervisores
no les importa nuestro lado personal,
que lo único que les interesa es
nuestra investigación, y si está
va progresando o no. Si nuestros supervisores
no muestran un interés por nosotros,
como seres humanos, al principio de nuestra
relación con ellos, deducimos que
en realidad no le preocupamos. Cuanto
más vagas son las preguntas que
nos hacen sobre nuestras vidas personales,
más probable es que las respuestas
deriven en cuestiones de trabajo. Cuanto
más nos conocen nuestros supervisores
(y cuanto más saben, pues, acerca
de lo que nos importa), más fácil
les resulta preguntarnos por cuestiones
específicas que indican que no,
que no nos están preguntando nada
acerca del laboratorio.
Tendría que
haber una cláusula de renuncia
de responsabilidad, por el bien de ustedes,
jefes de investigación. Sí,
es cierto: a muchos de nosotros nos gustaría
saber que se preocupan de nosotros, doctorandos,
como seres humanos. No obstante, no todos
somos iguales, y hay gente que puede no
querer hablar sobre su vida privada. Si
preguntan algo personal, y observan que
reciben una respuesta huidiza, o que se
retoma el tema de la investigación,
sabrán con qué tipo de persona
están tratando. Aprendan de sus
estudiantes y no se corten en preguntar,
en cualquier caso.
Este tipo de conversaciones
con Jeff han sido una constante desde
la partida de Daphne y yo, personalmente,
siento que el grupo está fortaleciéndose,
y que la comunicación, la productividad
y la moral van a ir en aumento. Todavía
estamos tratando de hacerle comprender
que las actividades que se desarrollan
fuera del lugar de trabajo pueden ayudar
a lograr estos fines. Confío en
que pronto comprenda este mensaje. En
cuanto a mí, me ha alegrado mucho
ver que Jeff ha estado dispuesto a enfrentarse
a la situación, en lugar de hacerle
la vista gorda. Aprenderá (ya ha
aprendido, de hecho) y saldrá de
este capítulo de su vida como un
mejor supervisor.
Agradecería
enormemente cualquier comentario, sugerencia
o recurso sobre "cómo mejorar
la relación con el supervisor"
o "gestión de crisis".
Y denme suerte
Pueden ponerse
en contacto con Micella escribiéndole
al siguiente correo electrónico:
micella_phoenix_dewhyse@hotmail.com.
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