| La
composición de mi grupo de trabajo
ha cambiado considerablemente a lo largo
del año y medio que ha transcurrido
desde que les hablé de mi equipo
potencialmente disfuncional en el capítulo
4 de este diario. Tim se cambió
de grupo dentro del mismo departamento,
Sabir se incorporó al nuestro y,
el año pasado, llegó George,
que ha estado trabajando en un proyecto
muy relacionado con el mío. George
es uno de los tres estudiantes internacionales
que se han incorporado al grupo en los últimos
dos años. Los investigadores postdoctorales
Du y Rajeev también se han alistado
a nuestras filas en los últimos seis
meses.
Mónica acaba
de incorporarse al grupo como estudiante
de primer año de doctorado; tanto
ella como Daphne tienen maridos que también
están en el departamento. Laura
está a punto de doctorarse. Daphne,
que es de mi curso (al igual que Sabir),
se ha tranquilizado un poco, pero todavía
sigue tratando de ser una súper-woman.
De vez en cuando acogemos a estudiantes
visitantes, que pasan unos meses con nosotros
y luego se van. La población de
estudiantes todavía no licenciados
ha disminuido y aumentado a la vez: Ben
continúa con nosotros, han llegado
nuevas tanto Tina como Catherine, y Brian
nos ha dejado para irse a otro sitio a
proseguir con estudios de doctorado.
El potencial de disfunción
del grupo ha sido, en algunas ocasiones,
muy real. El mantener las cosas limpias,
organizadas e inventariadas, y el simple
hecho de tolerarnos mutuamente, ha sido
todo un reto. He tratado de mantener siempre
la cordura y la calma en el grupo, hablando
con unos y otros, aunque me he tenido
que abstener de mutilar a alguno de mis
compañeros en un par de ocasiones.
Debo decir que Jeff, mi supervisor, trata
siempre que domine el civismo y la cortesía
en el grupo, aunque también hay
que admitir que en las reuniones de equipo
no hace nada por evitar los golpes bajos
mal camuflados, e incluso da algunos él
mismo.
Todos sabemos que
el éxito en el doctorado no está
100% garantizado. Se ha de tener un profundo
interés por el tema de investigación,
energía para llevar a cabo el trabajo
asignado, vigor y resistencia para estar
en ello día tras día, y
unas décimas de locura para hacerlo
todo por un salario mínimo. Las
asignaturas tienen que aprobarse con una
nota aceptable, y los exámenes
eliminatorios deben ser superados.
Aparte, uno tiene
que llevarse con su supervisor, sus compañeros
de trabajo, sus egos, y con todo el drama
y toda la política que puede sobrevenir
del conjunto. Y por encima de todo, hay
que completar la investigación,
redactar y defender la tesis, y todo simplemente
para obtener esas tres pequeñas
cartas de referencia que se necesitan
para poder ascender al siguiente nivel.
Lamentablemente, muchos de nosotros nos
quedamos atascados en los obstáculos,
debido a falta de preparación,
confianza, motivación o capacidad
para hacer bien los exámenes...
no necesariamente porque no tengamos habilidades
como científicos. George recae
en una de estas categorías; es
decir, aunque tiene potencial científico
de sobra, parece que le falta "algo".
George ha estado
luchando - y hasta ahora, perdiendo -
contra los exámenes eliminatorios,
esas pruebas que me "divertían"
(capítulo
3), que suspendí en dos ocasiones
(capítulo 7),
que finalmente aprobé, y rápidamente
olvidé (capítulo
13).
Desde el comienzo
de la temporada de exámenes, George
sólo aprobó dos de los exámenes
a los que se presentó. Mientras
tanto, pasó (al igual que yo, véase
el capítulo
15) por etapas de mucha ansiedad,
que se guardó para sí, porque
no quería hablar de ello con nadie
del grupo ni del departamento. George
me dijo que Jeff le había presionado
para obtener resultados en su proyecto.
Las cosas iban saliendo, pero muy lentamente,
a pesar del mucho tiempo y esfuerzo invertido,
y acabó frustrándose, como
le sucede a tantos otros. Luego, Jeff
le empezó a preguntar cuándo
iba a aprobar los exámenes (como
si lo supiese) y, más tarde, a
asustar con preguntas del tipo "¿tienes
planes alternativos?".
Personalmente, creo
que el comportamiento de Jeff fue odioso
("Por favor, ¡siga torturándome
y avergonzándome! ¡Me encanta
que me aplasten la poca fortaleza que
me queda!"). Creo que el tutor siempre
ha de prestar apoyo al estudiante en las
situaciones difíciles y preguntarle,
por ejemplo, qué tal le están
yendo los exámenes antes de que
sea demasiado tarde. Le sucedió
algo semejante a una alumna de mi curso;
los eliminatorios le habían salido
bastante mal y un buen día, de
repente, le dijeron que debía dejar
el doctorado y obtener simplemente el
título de Máster. La estudiante
en cuestión habría ahorrado
bastante tiempo si alguien (su tutor,
por ejemplo, que en este caso también
era el jefe del departamento) hubiese
hablado con ella amablemente antes de
que llegase a la situación crítica
en la que finalmente se encontró.
Ahora ha encontrado un empleo y está
trabajando felizmente, pero dudo que algún
día deje de pensar en su "capítulo
pre-doctoral" sin cierta dosis de
amargura. A su favor, debo recalcar que,
a pesar de los múltiples obstáculos
con los que me topé, Jeff nunca
me expresó su desconfianza de mi
capacidad para aprobar los exámenes.
Todavía no sé por qué:
supongo que tuve suerte.
Volviendo al tema
de George: hace poco ha decidido que quiere
cambiar de facultad y de departamento,
pero no necesariamente de tema de investigación.
Creo que sería mucho más
feliz en otro departamento; de hecho,
desde que tomó la decisión
de irse, está más relajado.
Diría que se ha sacado un peso
de encima.
Cuando las cosas
me iban mal, yo también consideré
la posibilidad de actuar del mismo modo.
Creo que una razón fundamental
por la cual opté por no cambiarme
de programa o de departamento fue el hecho
de que mi supervisor me dijese que podía
aprobar los exámenes, y que finalmente
los aprobase. Hacia el final de mi temporada
de eliminatorios ya sentía menos
presión, al saber que ya tenía
unos cuantos aprobados en la manga.
Ojalá
la historia de George fuese poco frecuente,
pero sé que no es así. Por
poco fue mi caso. ¿Por qué
nos obligan a saltar por dentro de estos
aros sádicos? ¿Son los exámenes
eliminatorios una manera de ir desechando
"candidatos a doctores"? ¿Son
una herramienta política? Otra
persona que conozco fue expulsada de su
programa porque, básicamente, había
una rivalidad y una disputa permanente
entre su supervisor y otro profesor. ¿Es
eso justo? Todo comentario sobre los peligros
y los campos de minas de la etapa pre-doctoral
es más que bienvenido; también
sus experiencias y consejos para sobrevivir
tales trampas. Los compartiré en
futuros artículos: todos ganamos
de la experiencia colectiva. Y no teman:
sí que leo mi correo electrónico.
Buena suerte a todos, vayan por el camino
que vayan, y un adiós triste para
George.
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Las reglas del juego: cuándo
seguir peleando y cuándo
tirar la toalla
Es difícil
decidir abandonar un programa de
doctorado con el que ya no nos sentimos
cómodos ni identificados
(cuando sentimos que "no está
hecho para nosotros"), especialmente
si hemos invertido mucho tiempo
y sudor en él, y tanto si
nos ha salido bien como mal. Muchos
nos preguntamos diariamente si habremos
tomado la decisión adecuada.
A menudo, el orgullo es lo único
que nos aparta de la huída
(quedaríamos un poco humillados
pero, a pesar de eso, el abandono
de los estudios tampoco sería
en ningún caso el fin del
mundo...).
Todos tomamos nuestras
decisiones por nuestras propias
razones. Les expongo a continuación
algunas de las preguntas que me
guiaron durante mis etapas difíciles.
También son preguntas que
le hice a George cuando estaba tomando
su decisión. Si no está
relativamente contento con su vida
pre-doctoral, puede plantearse los
siguientes interrogantes:
1. ¿Por qué
quiere un doctorado?
2. ¿Qué conseguirá
con el título de doctor y
qué hará con él
cuando lo tenga?
3. ¿Está motivado
para estudiar para sus exámenes?
4. ¿Está motivado
en su investigación?
5. ¿Está contento
haciendo lo que está haciendo
y, si no fuese el caso, podrá
aguantar la dinámica de idas
y vueltas del laboratorio durante
unos cuantos años más?
6. ¿Su supervisor conoce
sus necesidades? ¿Hasta qué
punto? ¿Le presta su apoyo?
¿Puede hablar con él
/ ella de sus preocupaciones?
7. ¿Hay alguna otra persona
para la que preferiría trabajar,
dentro o fuera de su departamento?
8. ¿Tiene suficientes distracciones
extra-académicas y un grupo
de amigos (dentro y fuera del departamento)
que evitan que caiga en la tristeza?
Si no puede responder
a todas estas preguntas de forma
satisfactoria, o si sus respuestas
a las preguntas 3-8 son mayoritariamente
negativas, entonces le aconsejaría
que hiciese un parón y se
plantease si el doctorado es, realmente,
la opción ideal para usted.
Los estudios de Tercer Ciclo no
están hechos para todo el
mundo; puede ser extraordinario
en lo suyo y, sin embargo, no adaptarse
al estilo de vida que imponen. Y
no pasa nada. El mercado de trabajo
es un asco: no vale la pena golpearse
la cabeza contra un muro de cemento.
¿Tienen algún comentario
acerca de todo esto?
Escríbanme a micella_phoenix_dewhyse@hotmail.com.
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