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Las aventuras de Micella Phoenix DeWhyse en el programa de Doctorado

Capítulo 22: Micella, la mentora



MICELLA PHOENIX DeWHYSE

ESTADOS UNIDOS

28/11/03

 



Para aquellos de ustedes que no han ido siguiendo todos los capítulos de este diario, les pongo al día: ahora mismo estoy en mi tercer año de doctorado, horror de los horrores... Es sorprendente que haya logrado llegar tan lejos dada la agitación (capítulo 1), el aislamiento (capítulo 2), la ansiedad (capítulo 15), la falta de confianza (capítulo 7) y el desasosiego (capítulos 19 y 20) que me han acompañado hasta la fecha. He llegado a la conclusión de que, aunque esta etapa de mi vida no esté siendo en ningún caso la más cómoda y agradable, debo de estar aquí (en esta universidad en medio de la nada) por alguna razón. El doctorado ha sido, sin lugar a dudas, una experiencia de crecimiento personal, aunque ésta no fuese la motivación que me impulsase a comenzarlo. Últimamente, además, siento que una de las razones por las que estoy aquí es para ser mentora. He de reconocer que esta faceta de mi vida del doctoranda me colma de gratificaciones.

Para mí, la palabra "mentor"está cargada de significado. He hablado aquí de Jeff y de cómo él es mi supervisor y no necesariamente mi mentor, y también de cómo buscar a gente dispuesta a tenerte como discípulo. Porque ¿qué es un mentor exactamente? Echándole un vistazo por encima la página de NextWave, he encontrado las siguientes definiciones:

Un mentor es:

  • Alguien que está en un puesto laboral que usted querría alcanzar y que estaría dispuesto a hablarle acerca de cómo llegó a donde está y a guiarle.
  • Alguien con el que puede hablar sobre muchos aspectos de su vida, académicos y personales.
  • Alguien que le anima a luchar por sus objetivos y que aplaude sus éxitos (sin estar emparentado con usted).

En la misma línea, un mentor no es:

  • Alguien que le dice qué hacer con su vida.
  • Alguien que le desanima cuando está tratando de tomar decisiones importantes.
  • Alguien que ve las opciones y las decisiones tomadas en su propia vida como el único camino hacia el éxito.

Partiendo de estas directrices generales, deduzco que yo misma he desempeñado el papel de mentora, y esto en dos frentes principales: hablando con alumnos de licenciatura sobre los estudios de doctorado y con doctorandos novatos sobre cómo sobrevivir en los primeros años de Tercer Ciclo. Para mí, es mentor - dentro de mi contexto - el que trata de asegurarse de que los aspirantes a doctores tengan más información que la que yo tuve cuando me vi obligada a tomar las siguientes decisiones difíciles: escoger universidad, escoger departamento, programa y tutor y a luchar contra los elementos. Seamos sinceros: la mayoría de nosotros desearíamos haber sabido bastantes cosas antes de embarcarnos en esta travesía. En teoría, hoy estaríamos en conjunto menos resentidos porque habríamos podido anticipar los baches y saber qué hacer o a quién llamar en caso de necesitar ayuda. En cualquier caso, si hubiésemos tenido más información al principio, hoy nos resultaría más sencillo admitir que no podemos culpabilizar a nadie, salvo a nosotros mismos.

Candice es una estudiante de último año de licenciatura que está considerando seriamente la posibilidad de proseguir con estudios de doctorado. Hizo un poco de investigación durante el verano y tuve la oportunidad de hablar con ella en varias ocasiones sobre diferentes posibilidades de Tercer Ciclo y sobre el hecho de ser una mujer, y para más inri, de una minoría, en el mundo científico. Cuando me dijo que estaba interesada en seguir formándose, me ofrecí a ayudarla a desmitificar el proceso de solicitud de estudios de posgrado. Lamentablemente, Candice no contaba con el apoyo del profesor para el que trabajaba, que no había conseguido comprender la decisión de ésta de cambiar de tema de investigación y había optado por romper el contacto con ella.

La gente a menudo se pregunta cómo conseguir que haya más estudiantes que opten por las ciencias. Si los científicos desaniman y restringen a los alumnos cuando estos están esforzándose por desarrollar sus propias identidades, sólo consiguen que a) los alumnos sientan antipatía hacia ellos, y b) los estudiantes crean que todos los científicos son unos patanes pomposos, y que, por lo tanto, la ciencia, como objetivo profesional, bien podría no valer la pena. El supervisor de Candice consideró que su vía de investigación era la única válida, y tuvo la audacia de intentar infligir su voluntad en su discípula. La vida sin visión no es vida. Cuando uno asesora a estudiantes jóvenes, tiene la responsabilidad de ser tremendamente cercano; los alumnos se están acercando a ti para que les sirvas de guía, no para ser aniquilados. Para contrarrestar el odioso comportamiento de su supervisor, con Candice me he esforzado particularmente en ser todo lo abierta y solícita posible, ahora que está luchando por ir dándole forma a las siguientes etapas de su vida.

Entre sus primeras preguntas, cuando quedamos para cenar una noche, estaban las siguientes: ¿Cómo se decide a qué universidades / departamentos / programas solicitar?, ¿Cómo se puede averiguar más acerca de los procesos selección de personal dentro del propio campus? ¿Qué buscan en los candidatos? ¿Cómo se redacta una declaración de intenciones?

Me recordó a mí misma, hace tan solo unos años, luchando por resolver las mismas preguntas y preguntándome que me encontraría a principios del próximo curso. Traté de ser muy abierta y sincera, teniendo en mente todos los obstáculos con los que me topé y los pasos que debería haber dado, de haberlos sabido, antes de comenzar el proceso.

Cuando empecé, tenía una idea muy general del campo de investigación que me podría interesar; ésta me llevó a un departamento que englobaba un repertorio de temas de investigación relativamente amplio, pero a la hora de la verdad, entre ellos no estaba exactamente lo que me interesaba. Por supuesto, me di cuenta de esto después de haber escogido programa, comenzado las clases, y comenzado a trabajar bajo las órdenes de mi supervisor. Le aconsejé a Candice que se tomase su tiempo para reflexionar y analizar lo que quiere hacer; no tiene que estar segura de nada, pero necesita tener una idea general y, a partir de ella, estudiar detenidamente el rango de alternativas, en cuanto a departamentos y programas que se le abren.



Las reglas del juego - Aprender a ser mentor


Recuerde que no todo el mundo tiene madera de mentor. Si está demasiado ocupado y/o tiene pocas habilidades sociales, debería trabajar esos aspectos antes de tratar de ayudar a otros. Es difícil ayudar a otros cuando ni siquiera puede ayudarse a usted mismo. Si se siente gratificado ayudando a otros a alcanzar sus logros y disfruta contándole a los demás su trayectoria profesional, paso a paso, podría llegar a ser un buen mentor. Observe que he dicho podría. Aunque le encante ayudar a la gente, si los ancianos o los niños huyen de usted en la calle, es posible que todavía no haya resuelto de qué forma puede echarle un cabo al que lo necesita. No se asuste: puede aprenderse. Simplemente dele tiempo al tiempo.

Expongo continuación una serie de cualidades que he encontrado en los buenos mentores, y que yo misma siempre trato de emular:

Escuchar/Dirigir. Mis mejores mentores me han escuchado. Me dejan divagar y delirar y, después, siempre parece que logran dirigirme, suavemente, hacia aquello que tenía en mente desde el principio. Los mejores mentores esperan pacientemente a que cada cual encuentre su propio camino, pero están ahí dispuestos a encender una vela si ven que estamos demasiado despistados y alejados de la ruta.

Animar y educar. El ánimo es una las mejores cosas que puede ofrecer. Si puede motivar a alguien a lograr algo que no creía posible, se lo agradecerán. Siempre tendrá algo que ofrecer; siempre sabrá algo que otra persona necesitará saber. Yo aprendo algo nuevo cada día de sitios inesperados. Transmita y comparta sus conocimientos.

Ser accesible/Aconsejar. Si se ofrece para dar consejo, estará dando un paso importante cara a ser un buen mentor. En alguna ocasión se verá obligado a gritarle en el oído a alguien que no tiene por qué sobrellevar una situación complicada en solitario, pero el simplemente ponerse a disposición del que lo necesita es, de por sí, ya todo un regalo.

Hacer contactos. Finalmente, yo he hecho muchos contactos a través de mis mentores. También he hecho todo lo posible por poner en contacto a personas con ideas, historiales (académicos o personales) u objetivos comunes. El poder contar con un conocido, con un alma semejante a la propia, cuando te encuentras en un cruce de caminos, ayuda a clarificarse.


 

También le recomendé a Candice que indagase en las múltiples fuentes escritas, empezando por las revistas de prestigio como Science, y que explorase el estado de la cuestión en su campo de interés. A partir de aquí, podría dirigirse a las revistas publicadas por las diversas sociedades científicas, y una vez estuviese plenamente informada de las líneas de investigación del campo escogido, averiguar quién estaba llevando a cabo la investigación que le interesaba. Le sugerí que tratase de ponerse en contacto con los profesores de su departamento que estuviesen más al tanto de las últimas publicaciones de investigación, y que le pudiesen dirigir hacia personas concretas que trabajasen en sus áreas de interés.

También le dije que el lugar que escogiese para iniciar sus estudios de doctorado era importante y que la calidad de la institución en cuestión no era ni mucho menos el único factor a tener en cuenta. Si no puede soportar el frío, que no vaya a Michigan. Si sabe que le cuesta concentrarse en las ciudades, que evite áreas metropolitanas. Que sepa qué es lo que le hace feliz. Puede sacrificar algunas comodidades si se le pone delante el departamento / supervisor / proyecto adecuado, pero no le interesa sacrificarse sin una buena razón.

Animé asimismo a Candice a que recopilase toda esta información, además de los plazos y requisitos pertinentes, y que después se dedicase a pensar muy seriamente sobre lo que quiere hacer. Si necesitase ayuda en algún momento, le dije que me lo hiciese saber. Confío en haberla empujado en la dirección adecuada.

Para aquellos de entre ustedes que ya tengan experiencia como mentores, los nuevos consejos sobre asesoramiento y tutelaje son siempre bienvenidos. Escríbanme por favor un email (micella_phoenix_dewhyse@hotmail.com) para decirme si debo hacer algo que todavía no hago o si hago todo mal. Los mejores consejos se publicarán en el próximo capítulo. Quizás, sólo quizás, haya una razón por la cual estoy aquí...


 

 

 

 

 

 

 

 

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