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Las aventuras de Micella Phoenix DeWhyse en el programa de Doctorado

Capítulo 21: Ya he viajado lo suficiente; volvamos al trabajo

MICELLA PHOENIX DeWHYSE

ESTADOS UNIDOS

24/10/03



 

Bueno, bueno, llevo un otoño (y una primavera, y un verano) bastante ajetreado y ha llegado la hora de volver a ponerse manos a la obra. Espero recibir pronto una buena dosis de motivación (Dios quiera que no tarde y que dure). Dado que llevo una larga etapa de aquí para allá, asistiendo a congresos, pensé que no sería una mala idea hacerles un resumen de algunas de las cosas que he aprendido en este singular circuito académico.

No todos los congresos han sido creados iguales

He podido asistir a cuatro tipos diferentes de congresos a lo largo de este año: el congreso pequeño, íntimo, que aborda un sólo tema muy específico; el mega-congreso, en el que se trata un tema y sus múltiples ramificaciones; el seminario breve; y el congreso solidario, "de amigos del gremio". Todos tienen su lugar y su momento, y la verdad es que aprendí mucho de cada uno de ellos. Presenté mi trabajo en tres de los cuatro congresos (un póster en el congreso pequeño y una presentación en tanto el seminario como el congreso "solidario"), y en todos fue muy bien acogido. Para regresar al laboratorio con nueva fuerza productiva, no hay nada mejor que ver como personas que no pertenecen a tu círculo reconocen y aprecian tus esfuerzos.

El congreso pequeño, especializado y espectacular

En el congreso pequeño y específico, puede hacer y actualizar bastantes contactos entre profesores que trabajan en la vanguardia dentro de mi campo. Fue en este evento donde descubrí esa nueva área de investigación que me ha hecho darle tantas vueltas a la idea de cambiarme de proyecto (véanse los capítulos 19 y 20 de mi diario). También fue un lugar ideal para buscar posibles mentores y tutores para un futuro, además de para codearse con los grandes, mientras que mostraba (junto a mi supervisor) los frutos de mi investigación. Asimismo, el congreso me dio la oportunidad de ver la enredada naturaleza de las relaciones entre los catedráticos: "esos dos hicieron juntos el doctorado", "y esos hicieron juntos investigación post-doctoral", "ese tipo es, en el fondo, un tirano", "El Dr. X ahora colabora con el Dr. Y", etc. También es una buena ocasión para ver quiénes son tus competidores; porque admitámoslo, la ciencia no es, en absoluto, una búsqueda académica pura, libre de presiones externas. El asunto de la financiación siempre está latente, y es un hecho que la mayoría de los participantes de cada congreso están compitiendo a la vez por la misma partida de dólares para la investigación. No se pueden ni imaginar las historias que uno acaba oyendo cuando la gente se toma unas cuantas copas...

El congreso grande y abundante en recursos

El mega-congreso fue una bestia difícil de domesticar. Cuando hay más de 10000 científicos en un mismo espacio, hay muchísimo que ver y hacer. Demasiado, de hecho, especialmente si se dedica a saltar de la sala de convenciones al hotel y viceversa. Los grandes congresos constituyen, de todas formas, una buena oportunidad para ver retales de trabajos que no pertenecen a su campo propiamente dicho, pero que sí están relacionados con el mismo; y, si presenta su investigación, consigue mostrar su trabajo a una audiencia de lo más diversa. Lo que sí que resulta un poco desconcertante, no obstante, es la velocidad con la que se decide si su presentación vale la pena o no. Si sus espectadores no se enganchan en las primeras transparencias, se irán: tienen la opción de escuchar a otras quince personas que están presentando su trabajo simultáneamente.

A menudo, estos congresos grandes tienen un centro de orientación profesional. Si está buscando trabajo, ésta es una de las paradas obligatorias. Por lo menos practicará sus técnicas de entrevista y podrá hacerse una idea general de las empresas de su carrera que existen en la zona. Trate de cautivarlas.

El congreso diminuto y singular

El seminario al que asistí fue una feria pequeña de un día de duración en la que di mi primera presentación pública sobre mi trabajo en un contexto menos formal. Fue muy íntima; era más un campo de entrenamiento para doctorandos que un congreso a toda regla. Para aquellos que estén tratando de sentirse cómodos hablando en público, estos seminarios pueden ser una manera fantástica de obtener cierto rodaje. También constituyen una forma excelente de hacer contactos con gente de la zona.

Sólo estudiantes, como usted y como yo

Acabo de regresar de un congreso de becarios. Si obtiene una beca de una institución que organice este tipo de eventos de manera ocasional, no deje de sacarles partido. Son verdaderas joyas. La oportunidad de hablar con otros jóvenes investigadores de ciencias y de otros campos sin la amenaza que supone tener un supervisor al acecho es de lo más reconfortante para el alma. Me encantó poder hablar con otros doctorandos en un entorno tan informal. Además, presentar mi trabajo a un público variado me recordó que soy parte de una amplia comunidad de académicos, y esta idea me tranquiliza.

Observaciones finales

1. Recibirá lo que de. Si sólo asiste a su presentación o sesión de póster y después se dedica a vagabundear por la ciudad, sin prestar atención alguna al orden del día del congreso, no le sacará mucho partido. Digamos que por norma general debe tratar de estar en las instalaciones al menos un 75% o un 80% del tiempo que dure el congreso: se lo debe a usted mismo y a su supervisor, especialmente si fue su laboratorio el que le financió su asistencia... Si ha sido usted el que se ha pagado el congreso, ¡sáquele valor a su dinero! Con esto no quiero decir que tenga que asistir a todas y cada una de las conferencias, ni que no haya de sacar tiempo para divertirse, pero debería esforzarse por recordar por qué está ahí y aprovechar todas las oportunidades profesionales que le proporcione el congreso. Asegúrese de que apunta en su agenda las sesiones o actividades que le interesan: el seminario sobre ese nuevo campo que le atrae, esa mesa redonda tan relevante para su presente o su futuro, ese póster sobre un trabajo de investigación relacionado con el suyo... ¡Que su tiempo cuente! No está en el laboratorio, así que invierta algo de tiempo en el resto de su vida.

2. Crear comunidad es importante. ¡Así que haga contactos! ¡No importa si no le gusta! No tenga miedo de llevar la iniciativa y de auto-presentarse a alguien: un posible supervisor post-doctoral, mentor o colaborador. Lo peor que podría pasar es que le ignorasen. Si alguien tiene una trayectoria interesante y desea conocer algún detalle específico sobre ésta, pregunte. A la gente le encanta hablar sobre sí misma. Aparte, no olvide que hoy por hoy todavía es quién conozcas (por lo menos tanto como cuánto sepas) lo que le conducirá a donde quiera llegar.

3. Descanse, recupérese, agrúpese y prepárese para rodar. La asistencia a congresos puede resultar agotadora. Yo necesito al menos medio día para recuperarme después de cada uno. Salir y conocer gente requiere bastante energía, así que repose todo lo que necesite: ¡tendrá que estar con las baterías bien recargadas cuando regrese al trabajo! Una vez de vuelta, organícese de manera inteligente: para limpiar el laboratorio, por ejemplo, no necesitará tanta concentración como para leer artículos, así que comience por este tipo de actividades más livianas. De ese modo, estará dándole tiempo a su cerebro para procesar y archivar la información recién adquirida.

Para todos ustedes, lectores, que aún estén en el campo de batalla de los congresos, ¡buena suerte! Para los que todavía estén escondidos en el laboratorio, espero que salgan y vean el sol pronto. En cuanto a mí, estaré enterrada un tiempo dentro de mi cueva: por este año, mis viajes han terminado.


 

 

 

 

 

 

 

 

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