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No
todos los congresos han sido creados iguales
He podido asistir
a cuatro tipos diferentes de congresos
a lo largo de este año: el congreso
pequeño, íntimo, que aborda
un sólo tema muy específico;
el mega-congreso, en el que se trata un
tema y sus múltiples ramificaciones;
el seminario breve; y el congreso solidario,
"de amigos del gremio". Todos
tienen su lugar y su momento, y la verdad
es que aprendí mucho de cada uno
de ellos. Presenté mi trabajo en
tres de los cuatro congresos (un póster
en el congreso pequeño y una presentación
en tanto el seminario como el congreso
"solidario"), y en todos fue
muy bien acogido. Para regresar al laboratorio
con nueva fuerza productiva, no hay nada
mejor que ver como personas que no pertenecen
a tu círculo reconocen y aprecian
tus esfuerzos.
El congreso pequeño,
especializado y espectacular
En el congreso pequeño
y específico, puede hacer y actualizar
bastantes contactos entre profesores que
trabajan en la vanguardia dentro de mi
campo. Fue en este evento donde descubrí
esa nueva área de investigación
que me ha hecho darle tantas vueltas a
la idea de cambiarme de proyecto (véanse
los capítulos 19 y 20 de mi diario).
También fue un lugar ideal para
buscar posibles mentores y tutores para
un futuro, además de para codearse
con los grandes, mientras que mostraba
(junto a mi supervisor) los frutos de
mi investigación. Asimismo, el
congreso me dio la oportunidad de ver
la enredada naturaleza de las relaciones
entre los catedráticos: "esos
dos hicieron juntos el doctorado",
"y esos hicieron juntos investigación
post-doctoral", "ese tipo es,
en el fondo, un tirano", "El
Dr. X ahora colabora con el Dr. Y",
etc. También es una buena ocasión
para ver quiénes son tus competidores;
porque admitámoslo, la ciencia
no es, en absoluto, una búsqueda
académica pura, libre de presiones
externas. El asunto de la financiación
siempre está latente, y es un hecho
que la mayoría de los participantes
de cada congreso están compitiendo
a la vez por la misma partida de dólares
para la investigación. No se pueden
ni imaginar las historias que uno acaba
oyendo cuando la gente se toma unas cuantas
copas...
El congreso grande
y abundante en recursos
El mega-congreso
fue una bestia difícil de domesticar.
Cuando hay más de 10000 científicos
en un mismo espacio, hay muchísimo
que ver y hacer. Demasiado, de hecho,
especialmente si se dedica a saltar de
la sala de convenciones al hotel y viceversa.
Los grandes congresos constituyen, de
todas formas, una buena oportunidad para
ver retales de trabajos que no pertenecen
a su campo propiamente dicho, pero que
sí están relacionados con
el mismo; y, si presenta su investigación,
consigue mostrar su trabajo a una audiencia
de lo más diversa. Lo que sí
que resulta un poco desconcertante, no
obstante, es la velocidad con la que se
decide si su presentación vale
la pena o no. Si sus espectadores no se
enganchan en las primeras transparencias,
se irán: tienen la opción
de escuchar a otras quince personas que
están presentando su trabajo simultáneamente.
A menudo, estos congresos
grandes tienen un centro de orientación
profesional. Si está buscando trabajo,
ésta es una de las paradas obligatorias.
Por lo menos practicará sus técnicas
de entrevista y podrá hacerse una
idea general de las empresas de su carrera
que existen en la zona. Trate de cautivarlas.
El congreso diminuto
y singular
El seminario al que
asistí fue una feria pequeña
de un día de duración en
la que di mi primera presentación
pública sobre mi trabajo en un
contexto menos formal. Fue muy íntima;
era más un campo de entrenamiento
para doctorandos que un congreso a toda
regla. Para aquellos que estén
tratando de sentirse cómodos hablando
en público, estos seminarios pueden
ser una manera fantástica de obtener
cierto rodaje. También constituyen
una forma excelente de hacer contactos
con gente de la zona.
Sólo estudiantes,
como usted y como yo
Acabo de regresar
de un congreso de becarios. Si obtiene
una beca de una institución que
organice este tipo de eventos de manera
ocasional, no deje de sacarles partido.
Son verdaderas joyas. La oportunidad de
hablar con otros jóvenes investigadores
de ciencias y de otros campos sin la amenaza
que supone tener un supervisor al acecho
es de lo más reconfortante para
el alma. Me encantó poder hablar
con otros doctorandos en un entorno tan
informal. Además, presentar mi
trabajo a un público variado me
recordó que soy parte de una amplia
comunidad de académicos, y esta
idea me tranquiliza.
Observaciones
finales
1. Recibirá
lo que de. Si sólo asiste a
su presentación o sesión
de póster y después se dedica
a vagabundear por la ciudad, sin prestar
atención alguna al orden del día
del congreso, no le sacará mucho
partido. Digamos que por norma general
debe tratar de estar en las instalaciones
al menos un 75% o un 80% del tiempo que
dure el congreso: se lo debe a usted mismo
y a su supervisor, especialmente si fue
su laboratorio el que le financió
su asistencia... Si ha sido usted el que
se ha pagado el congreso, ¡sáquele
valor a su dinero! Con esto no quiero
decir que tenga que asistir a todas y
cada una de las conferencias, ni que no
haya de sacar tiempo para divertirse,
pero debería esforzarse por recordar
por qué está ahí
y aprovechar todas las oportunidades profesionales
que le proporcione el congreso. Asegúrese
de que apunta en su agenda las sesiones
o actividades que le interesan: el seminario
sobre ese nuevo campo que le atrae, esa
mesa redonda tan relevante para su presente
o su futuro, ese póster sobre un
trabajo de investigación relacionado
con el suyo... ¡Que su tiempo cuente!
No está en el laboratorio, así
que invierta algo de tiempo en el resto
de su vida.
2. Crear comunidad
es importante. ¡Así que
haga contactos! ¡No importa si no
le gusta! No tenga miedo de llevar la
iniciativa y de auto-presentarse a alguien:
un posible supervisor post-doctoral, mentor
o colaborador. Lo peor que podría
pasar es que le ignorasen. Si alguien
tiene una trayectoria interesante y desea
conocer algún detalle específico
sobre ésta, pregunte. A la gente
le encanta hablar sobre sí misma.
Aparte, no olvide que hoy por hoy todavía
es quién conozcas (por lo menos
tanto como cuánto sepas) lo que
le conducirá a donde quiera llegar.
3. Descanse, recupérese,
agrúpese y prepárese para
rodar. La asistencia a congresos puede
resultar agotadora. Yo necesito al menos
medio día para recuperarme después
de cada uno. Salir y conocer gente requiere
bastante energía, así que
repose todo lo que necesite: ¡tendrá
que estar con las baterías bien
recargadas cuando regrese al trabajo!
Una vez de vuelta, organícese de
manera inteligente: para limpiar el laboratorio,
por ejemplo, no necesitará tanta
concentración como para leer artículos,
así que comience por este tipo
de actividades más livianas. De
ese modo, estará dándole
tiempo a su cerebro para procesar y archivar
la información recién adquirida.
Para todos ustedes,
lectores, que aún estén
en el campo de batalla de los congresos,
¡buena suerte! Para los que todavía
estén escondidos en el laboratorio,
espero que salgan y vean el sol pronto.
En cuanto a mí, estaré enterrada
un tiempo dentro de mi cueva: por este
año, mis viajes han terminado.
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