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Las aventuras de Micella Phoenix DeWhyse en el programa de Doctorado


Capítulo 18: De comida, elefante


MICELLA PHOENIX DeWHYSE
ESTADOS UNIDOS

25 DE JULIO, 2003

 

 

Amigos: ha pasado otro mes... Aquellos de ustedes que han estado acompañándome a lo largo de todo este ciclo de capítulos sobre mi vida estudiantil ya sabrán cómo va esto: un mes todo sale bien, el siguiente hecatombe total, el siguiente retorno al júbilo... Les diré que en estos momentos (a pesar de que sufro pequeñas recaídas periódicas) estoy próxima a instalarme en el lado soleado del balancín. No olviden leer el capítulo del próximo mes para comprobar si sigo allí.

En el laboratorio, las cosas siguen viento en popa. Jeff está contento, lo que significa que no me está dando la lata. Ergo, yo también estoy contenta.

Se lo he dicho antes y se lo volveré a decir: los datos y los resultados interpretables tornan la vida más tranquila, pero a la vez la revolucionan más. Realmente asusta la dinámica que siguen los acontecimientos en este sentido:

  • El estudiante obtiene datos válidos, interpretables. El tutor se emociona.
  • El estudiante repite el experimento y vuelve a conseguir datos válidos, interpretables. El tutor está todavía más emocionado.
  • El tutor dice: "Mmmm, escribamos un artículo". El estudiante se emociona.
  • El tutor dice: "¡Espera! ¡Necesitas todavía más datos!". El estudiante permanece emocionado. Más o menos.
  • El tutor dice: "Los necesitamos ahora". La emoción del estudiante decrece conforme se da cuenta de todo el tiempo y el esfuerzo que va a requerir para conseguirlo.

En cualquier caso, todo el trabajo, el esfuerzo y estrés (de moderado a extremo) que he soportado, ha valido la pena. ¡Acabo de presentar mi primer trabajo!

Ha sido un verano muy productivo para nuestro grupo de investigación, desde el punto de vista de las publicaciones. Puede que sea un poco prematuro decir esto, dado que no todos los del equipo han presentado ya sus respectivas contribuciones, pero si todo fuese aceptado, en otoño deberíamos haber publicado ya cinco trabajos. Puede que Jeff sea nuevo en la facultad, pero trabaja acorde con esa mentalidad de "publica o muere" que domina el mundo de los profesores universitarios "todavía no titulares". Y está haciéndolo bien: en el relativamente corto periodo de tiempo que lleva aquí, ya ha conseguido publicar un número considerable de artículos.... aunque, ¿de quién es el mérito? De sus excelentes alumnos, por supuesto.

El elemento catalizador de mi trabajo surgió hace todavía poco tiempo... a comienzos del verano, para ser exactos. Cuando asistimos al congreso que mencioné en el Capítulo 17, nos quedamos estupefactos cuando descubrimos que había otra persona trabajando en un proyecto muy semejante al mío. Nos dimos cuenta de esto antes de la sesión en la que presenté mi póster, así que sobra decir que nuestro trabajo provocó cierto interés. Más tarde tuvimos una conversación con el catedrático a cargo del grupo de investigación "de la competencia", tras la cual llegamos a una especie de trato sobre la línea investigadora que podría seguir cada laboratorio en el futuro. A pesar de este acuerdo, tanto Jeff como yo llegamos a la conclusión de que debíamos redactar un artículo... ya. Ya saben cómo son las cosas: si usted consigue publicarlo antes, ellos tienen que citarle a usted el resto de su vida, en lugar de al revés.

No hace falta que especifique que no teníamos material para un artículo perfecto, teníamos algunos resultados pero no todos los que hubiésemos querido... pero era imperativo sacar a la luz lo poco que había. Así que nada más regresar del citado congreso, me puse de objetivo elaborar un artículo "rápido". Cuando uno se enfrenta a algo que nunca ha hecho, ignora lo difícil que va a resultar hasta que se le viene encima con fuerza. He aquí lo que aprendí en el proceso. (Nota aclaratoria: esto no es un manual exhaustivo sobre cómo redactar trabajos; es sólo el relato de mi propia experiencia).

La organización es clave, por lo menos en las primeras etapas. Los procedimientos, los datos y los resultados - organizados, seleccionados, resumidos y repetidos - forman el grueso del trabajo. Luego llegan las partes difíciles: la discusión, el resumen del trabajo (o abstract) y la introducción. Una vez se tienen los datos, y dependiendo de los interpretables que sean y lo consistentes con respecto a la bibliografía existente, se tiene ya un contexto para la discusión y el análisis. De todas formas, dado que los datos están abiertos a la interpretación, debe asegurarse de que sabe bien de qué está hablando si no quiere que su tutor haga sus argumentos trizas. Muchas personas dejan la introducción y el resumen para el final; es más sencillo resumir y conectar las ideas cuando sabe qué es exactamente lo que quiere comunicar.

Se supone que habrá tenido tiempo para explorar, con tranquilidad (ejem...), el contexto científico, las bases teóricas y el panorama investigador en el que encaja la temática de su trabajo. Si éste es su propia invención, si salió de su cosecha, fenomenal: sabrá dónde ubicarlo. No obstante, si es la continuación de un proyecto de otro estudiante, o algo a lo que le ha mandado dedicarse su tutor, probablemente tenga que hacer algo de investigación previa antes de poder sintetizar la razón de ser, el por qué y el interés de su trabajo.

El software de obras de referencia hará su vida dos mil veces más fácil. Algunos portales web permiten bajar de Internet referencias bibliográficas con resúmenes, palabras clave y otros datos de utilidad, simplificándose enormemente la en ocasiones dificultosa elaboración de bibliografías. Si su tutor carece de este tipo de programas informáticos, pídale que invierta en una copia que pueda estar a disposición de todos los miembros del laboratorio; yo personalmente pude ahorrar horas de trabajo gracias a éstos.

Afortunadamente, durante el proceso de redacción de "mi primer artículo" tuve un co-autor realmente cooperador, así que nos dividimos las tareas. Si tiene esta buena suerte, recomiendo que se reúnan al menos una vez al día (preferiblemente a primera hora de la mañana) para hablar sobre el trabajo y dividirse tareas. Se evita así que unas de las dos personas tenga que hacer todo el trabajo o que una misma tarea se haga dos veces.

En determinados momentos me superaba la idea de lo mucho que quedaba por hacer, supervisar y revisar: el texto, su formato, las cifras, las pruebas, la bibliografía..., pero poco a poco uno aprende a comer el elefante bocado a bocado en lugar de metérselo todo entero en la boca.

No saben lo genial que me sentí en el momento de enviar el artículo... (a pesar de que no dejó de sorprenderme que varios meses de trabajo pudiesen ser condensados en tres folios de texto y diez de apéndices. Uno de los revisores odió el trabajo (¿Sería por casualidad el científico contra el que estábamos compitiendo?), y a otro le encantó. El editor dijo estar interesado en publicarlo siempre y cuando cambiásemos algunas cosillas, así que eso hicimos y lo volvimos a enviar.

Ésta es la vida doctoral con la que siempre había soñado. Investigación y ajetreo, pero sin esas grandes dosis de angustia y drama al que ya tantas veces he estado expuesta.

Toquemos madera...


 

 

 

 

 

 

 

 

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