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En
el laboratorio, las cosas siguen viento
en popa. Jeff está contento, lo
que significa que no me está dando
la lata. Ergo, yo también estoy
contenta.
Se lo he dicho antes
y se lo volveré a decir: los datos
y los resultados interpretables tornan
la vida más tranquila, pero a la
vez la revolucionan más. Realmente
asusta la dinámica que siguen los
acontecimientos en este sentido:
- El estudiante
obtiene datos válidos, interpretables.
El tutor se emociona.
- El estudiante
repite el experimento y vuelve a conseguir
datos válidos, interpretables.
El tutor está todavía
más emocionado.
- El tutor dice:
"Mmmm, escribamos un artículo".
El estudiante se emociona.
- El tutor dice:
"¡Espera! ¡Necesitas
todavía más datos!".
El estudiante permanece emocionado.
Más o menos.
- El tutor dice:
"Los necesitamos ahora". La
emoción del estudiante decrece
conforme se da cuenta de todo el tiempo
y el esfuerzo que va a requerir para
conseguirlo.
En cualquier caso,
todo el trabajo, el esfuerzo y estrés
(de moderado a extremo) que he soportado,
ha valido la pena. ¡Acabo de presentar
mi primer trabajo!
Ha sido un verano
muy productivo para nuestro grupo de investigación,
desde el punto de vista de las publicaciones.
Puede que sea un poco prematuro decir
esto, dado que no todos los del equipo
han presentado ya sus respectivas contribuciones,
pero si todo fuese aceptado, en otoño
deberíamos haber publicado ya cinco
trabajos. Puede que Jeff sea nuevo en
la facultad, pero trabaja acorde con esa
mentalidad de "publica o muere"
que domina el mundo de los profesores
universitarios "todavía no
titulares". Y está haciéndolo
bien: en el relativamente corto periodo
de tiempo que lleva aquí, ya ha
conseguido publicar un número considerable
de artículos.... aunque, ¿de
quién es el mérito? De sus
excelentes alumnos, por supuesto.
El elemento catalizador
de mi trabajo surgió hace todavía
poco tiempo... a comienzos del verano,
para ser exactos. Cuando asistimos al
congreso que mencioné en el Capítulo
17, nos quedamos estupefactos cuando
descubrimos que había otra persona
trabajando en un proyecto muy semejante
al mío. Nos dimos cuenta de esto
antes de la sesión en la que presenté
mi póster, así que sobra
decir que nuestro trabajo provocó
cierto interés. Más tarde
tuvimos una conversación con el
catedrático a cargo del grupo de
investigación "de la competencia",
tras la cual llegamos a una especie de
trato sobre la línea investigadora
que podría seguir cada laboratorio
en el futuro. A pesar de este acuerdo,
tanto Jeff como yo llegamos a la conclusión
de que debíamos redactar un artículo...
ya. Ya saben cómo son las cosas:
si usted consigue publicarlo antes, ellos
tienen que citarle a usted el resto
de su vida, en lugar de al revés.
No hace falta que
especifique que no teníamos material
para un artículo perfecto, teníamos
algunos resultados pero no todos los que
hubiésemos querido... pero era
imperativo sacar a la luz lo poco que
había. Así que nada más
regresar del citado congreso, me puse
de objetivo elaborar un artículo
"rápido". Cuando uno
se enfrenta a algo que nunca ha hecho,
ignora lo difícil que va a resultar
hasta que se le viene encima con fuerza.
He aquí lo que aprendí en
el proceso. (Nota aclaratoria: esto no
es un manual exhaustivo sobre cómo
redactar trabajos; es sólo el relato
de mi propia experiencia).
La organización
es clave, por lo menos en las primeras
etapas. Los procedimientos, los datos
y los resultados - organizados, seleccionados,
resumidos y repetidos - forman el grueso
del trabajo. Luego llegan las partes difíciles:
la discusión, el resumen del trabajo
(o abstract) y la introducción.
Una vez se tienen los datos, y dependiendo
de los interpretables que sean y lo consistentes
con respecto a la bibliografía
existente, se tiene ya un contexto para
la discusión y el análisis.
De todas formas, dado que los datos están
abiertos a la interpretación, debe
asegurarse de que sabe bien de qué
está hablando si no quiere que
su tutor haga sus argumentos trizas. Muchas
personas dejan la introducción
y el resumen para el final; es más
sencillo resumir y conectar las ideas
cuando sabe qué es exactamente
lo que quiere comunicar.
Se supone que habrá
tenido tiempo para explorar, con tranquilidad
(ejem...), el contexto científico,
las bases teóricas y el panorama
investigador en el que encaja la temática
de su trabajo. Si éste es su propia
invención, si salió de su
cosecha, fenomenal: sabrá dónde
ubicarlo. No obstante, si es la continuación
de un proyecto de otro estudiante, o algo
a lo que le ha mandado dedicarse su tutor,
probablemente tenga que hacer algo de
investigación previa antes de poder
sintetizar la razón de ser, el
por qué y el interés de
su trabajo.
El software de obras
de referencia hará su vida dos
mil veces más fácil. Algunos
portales web permiten bajar de Internet
referencias bibliográficas con
resúmenes, palabras clave y otros
datos de utilidad, simplificándose
enormemente la en ocasiones dificultosa
elaboración de bibliografías.
Si su tutor carece de este tipo de programas
informáticos, pídale que
invierta en una copia que pueda estar
a disposición de todos los miembros
del laboratorio; yo personalmente pude
ahorrar horas de trabajo gracias a éstos.
Afortunadamente,
durante el proceso de redacción
de "mi primer artículo"
tuve un co-autor realmente cooperador,
así que nos dividimos las tareas.
Si tiene esta buena suerte, recomiendo
que se reúnan al menos una vez
al día (preferiblemente a primera
hora de la mañana) para hablar
sobre el trabajo y dividirse tareas. Se
evita así que unas de las dos personas
tenga que hacer todo el trabajo o que
una misma tarea se haga dos veces.
En determinados momentos
me superaba la idea de lo mucho que quedaba
por hacer, supervisar y revisar: el texto,
su formato, las cifras, las pruebas, la
bibliografía..., pero poco a poco
uno aprende a comer el elefante bocado
a bocado en lugar de metérselo
todo entero en la boca.
No saben lo genial
que me sentí en el momento de enviar
el artículo... (a pesar de que
no dejó de sorprenderme que varios
meses de trabajo pudiesen ser condensados
en tres folios de texto y diez de apéndices.
Uno de los revisores odió el trabajo
(¿Sería por casualidad el
científico contra el que estábamos
compitiendo?), y a otro le encantó.
El editor dijo estar interesado en publicarlo
siempre y cuando cambiásemos algunas
cosillas, así que eso hicimos y
lo volvimos a enviar.
Ésta es la
vida doctoral con la que siempre había
soñado. Investigación y
ajetreo, pero sin esas grandes dosis de
angustia y drama al que ya tantas veces
he estado expuesta.
Toquemos madera...
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