|
No
puedo decir que mi tutor / asesor doctoral
sea a la vez mi mentor, pero sí
que tengo la suerte de tener mentores,
en el más estricto sentido de la
palabra, a mi alrededor con los que hablar
siempre que lo necesito. Un miércoles
por la mañana tuve la oportunidad
de tomar un café con un antiguo
jefe del departamento de matemáticas
que siempre ha tenido la cortesía
de interesarse en mis progresos con el
doctorado. El Dr. Dom lleva ya muchos
años en la universidad y fue el
primer jefe de departamento de las áreas
de ciencias e ingeniería perteneciente
a una "comunidad minoritaria".
Ha visto entrar y salir de la universidad
a muchos estudiantes y profesores, así
que confío en su juicio y experiencia
en todo lo que concierne a la propia supervivencia
en la etapa doctoral.
Taza en mano, le
hablé al Dr. Dom acerca de las
dificultades que estaba teniendo con Jeff.
Por si acaso se perdieron el pasado
capítulo de esta serie, se
trata del viejo síndrome del "profesor
joven no titular desesperado por encontrar
financiación para su proyecto (en
el que usted, precisamente, está
colaborando)". Le conté (al
Dr. Dom y también a ustedes, en
el último artículo) lo frustrada
que me sentía no habiendo podido
todavía producir resultados que
indicasen que el proyecto va en buen camino.
El Dr. Dom me preguntó qué
es lo que Jeff estaba haciendo en calidad
de tutor y le dije que se acercaba a menudo
para preguntarme qué tal me iban
las cosas, pero que a veces lo único
que yo quería era que me dejasen
sola para tratar de solucionar los problemas
y, a la vez, la puerta abierta para poder
pedir ayuda en caso de desesperación,
en lugar de sentirme continuamente acosada.
Esto es lo contrario del apoyo y el ánimo...
A veces diría incluso que estoy
en plena inquisición española...
El Dr. Tom me dijo
que lo que estaba experimentando era relativamente
normal y que, a pesar de todo, por lo
menos tenía un tutor interesado
en lo que estaba haciendo, y que no me
había abandonado a mi suerte en
un mar absurdo durante todo un año.
Hablando con algunos
de mis compañeros doctorandos,
sé lo fácil que es que esto
llegue a pasar. Por ejemplo, Amy, que
ya va en su tercer año, llevaba
un tiempo trabajando en un problema, pero
se le adelantaron los investigadores de
otra universidad. Estos últimos
seis meses ha estado dedicándose
a otro proyecto pero apenas ha avanzado.
Su tutor es uno de esos que opta por "no
implicarse" y puedo percibir la frustración
y el desamparo de Amy en este sentido.
Siente que habría podido progresar
mucho más si el tutor le hubiese
ofrecido más ayuda en las primeras
etapas, en lugar de dejarla sola, atascada
en la primera de cambio.
Hay, parece, un delicado
equilibrio, que ha de buscarse siempre,
entre tutor, estudiante y proyecto. El
tutor debe descubrir dónde y cuándo
intervenir en un proyecto y echar un cabo
al alumno, sin ser demasiado intrusivo
y exigente ni, por otra parte, demasiado
distante. El estudiante debe aprender
a pedir ayuda al tutor cuando las cosas
no están yendo por el buen camino.
Cada persona debe aprender a respetar
la ética del trabajo y el reparto
del tiempo del otro. Lo sé... Soy
doctoranda y, por lo tanto, he de trabajar
muchas horas, de día y de noche.
Pero si eso es lo que estoy haciendo,
por favor, que nadie diga que no estoy
trabajando lo suficiente si, por lo que
sea, el proyecto no avanza. La investigación
sigue un ciclo, casi periódico,
de vacas flacas y vacas gordas, así
que no olvidemos este hecho y pensemos
que por que un periodo sea bueno, uno
tenga que sobre-explotarlo. Además,
las cosas pueden pasar de buena racha
a mala en cuestión de minutos,
y tanto puede ser como no ser la culpa
del estudiante. Así es la vida.
Dentro de unos meses,
estaré escogiendo un comité
e investigando a fondo mi propuesta, otro
de los vagos requisitos del programa de
becas que estoy solicitando: "Escriba
una propuesta que pueda presentar para
obtener financiación". Genial...
Laura acaba de terminar de redactar la
suya y hablaré con ella sobre el
tema tan pronto reciba comentarios y sugerencias
por parte de los miembros de su comité.
¡Ay, Señor! Ahí está
el elemento místico de la vida
del estudiante de doctorado: si a los
del comité les gusta, porque es
consistente y cumple ciertos requisitos
desconocidos, Laura defenderá la
propuesta; si no, la tendrá que
redactar de nuevo y volverla a presentar.
Divertido, no me digan...
Ahora que estoy de
vacaciones y mucho más relajada
que hace unos días, puede decir
que en esta última temporada no
todo ha sido de color negro. El Dr. Dom
dijo que en el doctorado uno no siempre
se lo pasa bien sino que hay que estar
siempre preparado para sobrellevar lo
que sea, para aguantar... bueno, pues
eso es lo que sigo haciendo, a pesar de
que no me guste particularmente ni dónde
estoy ni lo que hago, al menos cuando
no estoy trabajando. Si volviese atrás,
es probable que hubiese hecho algunas
cosas de otra manera. Quizás hubiese
escogido otro programa u otra universidad,
¿pero quién sabe si las
cosas me hubiese ido mejor o peor de esta
forma?
A aquellos
de ustedes que conozcan a estudiantes
que vayan a comenzar el doctorado el próximo
otoño, díganles la verdad:
que no es todo un camino de rosas. Empezando
por los tutores, pasando por la financiación,
las clases... son muchas las cosas que
pueden ir mal, y que de hecho lo harán.
Como regalo pre-doctorado, condúzcales
a esta página web, porque cuanto
más informados estén, mejor
les irá a largo plazo. Y ¡feliz
doctoramiento a todos los que os graduais
este mes o el próximo!... Esto
es todo por hoy...; os dejo para irme
un rato a tostarme bajo el sol.
|