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Las aventuras de Micella Phoenix DeWhyse en el programa de Doctorado

Capítulo 14: Las vacaciones de primavera sólo son para los alumnos de licenciatura...

MICELLA PHOENIX DeWHYSE
ESTADOS UNIDOS

 

28 DE MARZO, 2003

¡Ah, sí...! Ya se huele la primavera, y la nieve que he tenido que soportar a lo largo de todo el invierno ha decidido, por fin, derretirse... lentamente pero sin pausa. Pero en vez de aprovechar las tradicionales vacaciones de primavera para huir a una cálida isla caribeña, a Florida o a Méjico, en búsqueda de esos ansiados rayos de sol, aquí me tienen, dale que te dale en el laboratorio. Ponga este dato en ese archivo que quizás mantenga de "información jamás aireada" sobre los estudios de Doctorado: las vacaciones de primavera se convierten en un vestigio del pasado una vez se obtiene el título de licenciatura. Para el estudiante de posgrado, las instalaciones de la universidad siempre están abiertas. ¿Por qué? ¡Porque se dispone de las llaves! Ya no se puede hablar del "final del semestre" ni de las vacaciones de otoño o de primavera. Los días libres se toman previo permiso del tutor, y siempre durante un periodo máximo de un mes (aunque, en mi caso, si opto por ausentarme del laboratorio todo ese tiempo, siento, me temo, que tendré que "compensar" ese mes el resto de mi carrera profesional).

Es gracioso, pero por el simple hecho de que uno está "doctorándose", el resto del mundo asume que estás sujeto a los caprichos del calendario académico: vacaciones de verano, días libres en la transición entre trimestre y trimestre, puentes y festivos... Me temo, señores, que no tenemos tanta suerte. Un trimestre académico puede comenzar y otro terminar, pero esto no refleja el estatus de tu proyecto ni el progreso que hayas podido hacer. La investigación doctoral es un trabajo poco remunerado con ventajas y prestaciones mínimas. De vacaciones remuneradas nada.

Por supuesto, mucho depende del departamento / tutor / proyecto que a uno le haya tocado. Uno de mis compañeros de clase, que trabaja bajo la supervisión de un profesor titular, va y viene a la facultad cuando le apetece y puede pasar hasta un mes entre visita y visita a su supervisor. Como dice otro colega: "Si el cartero no trabaja, yo tampoco". Y luego estamos los que trabajamos para profesores no titulares... No cabe duda de que tenemos mucha más presión y de que no podemos evitar sentir al dragón hambriento bajo nuestra carne, esperando nuevos resultados, gestionando nuestros proyectos e, indirectamente, también nuestras vidas, estrujándonos mediante coacción o tiranía.

O quizás es que simplemente soy una ilusa, motivada por el sentimiento de culpabilidad de no tener todo el trabajo listo cuando considero que así DEBERÍA ser...

Por supuesto, no hace falta que diga que pronto me tocará un periodo de descanso. Estoy emocionándome ante la idea de viajar un poco (no he salido de un radio de 90 millas desde el día de Acción de Gracias) y empiezo a comprender la máxima de algunos de mis compañeros de curso: salir de las proximidades del laboratorio al menos una vez al mes.



Las reglas del juego - Descanso y rejuvenecimiento


Por mucho que le hayan inculcado lo contrario, las vacaciones sientan bien. Sólo tiene que decidir cuándo tomárselas y a dónde ir.
El primer objetivo es conseguir los días libres. Los métodos para presentarle la idea al tutor son múltiples. He oído que pedir perdón es más sencillo que pedir permiso, pero personalmente no quiero sentirme culpable cuando estoy de vacaciones. Hable con los más veteranos de su grupo sobre qué hacen para conseguir que el jefe les permita ausentarse del trabajo un número considerable de días. Una vez conozca la estrategia idónea, busque el momento adecuado para plantear su solicitud. No pida días libres si su proyecto de investigación está pasando por una mala racha y no tiene ninguna buena noticia que comunicar en este sentido. Para obtener hay que dar...
Si puede, trate de calcular cuándo puede haber una pausa natural entre los experimentos que esté llevando a cabo. Si ubica sus días libres en estos intervalos, las vacaciones le pueden servir de motivación para seguir adelante. Siempre deje un margen de tiempo por si los experimentos no salen como debieran: a veces las cosas salen mal, me temo, simplemente porque nos morimos porque salgan como la seda.
Planifique un viaje que realmente le haga ilusión. Usted se lo merece: ha estado trabajando duro. Les diré en otra ocasión cuál es mi idea de la vacación ideal. De momento, sólo una pista: ¡me estaré torrando bajo el sol una semana entera!
Cuando esté de vacaciones, disfrute. No se preocupe por su trabajo. Trate de dejar de un lado el correo electrónico y mantenga un margen considerable entre su persona y su trabajo: es hora de recargarse las pilas.
Espero, pues, con todo mi corazón, que consigan unos días de descanso. (Los congresos, a todo esto, no cuentan, aunque sean entretenidos).


Afortunadamente, he aprendido las tácticas que debo poner en práctica con Jeff (mi supervisor) en relación con el "tiempo libre": Jeff te dará algo única y exclusivamente si le das algo bueno a cambio antes (véase el recuadro lateral para obtener algunas ideas en este sentido...). Por ejemplo, hace unos meses, el proyecto de investigación me estaba yendo relativamente bien. Los experimentos iban saliendo y las cosas, en conjunto, iban avanzando a un ritmo decente. Fue en este momento cuando, tras compartir unos resultados alentadores, le pedí a Jeff si podíamos hablar un poco sobre mi "calendario" anual. Ya había semi-planeado dos semanas de vacaciones en verano para ir a casa: ¡mi hermana pequeña se gradúa de Bachillerato! ¡Qué emoción! También quería asistir a unas cuantas reuniones y así se lo hice saber. Sorprendentemente, a mi juicio, me dijo sí a todo sin dejar caer la frasecilla empleada en otras ocasiones: "No te diré que no, pero ¿cuándo me veré obligado a renunciar a que salgas de la ciudad?", u otras lindeces por el estilo. La primera vez que me dijo algo así, me enfurecí. Pensé: "Eres mi tutor, no mi padre o mi madre; ni siquiera a ellos les pido permiso para salir de de la ciudad; les digo directamente que me voy, dónde me pueden localizar y punto". Todo esto de tener que pedir antes de hacer es nuevo para mí y realmente me cuesta asumirlo y me molesta. ¡Soy adulta! ¡Por Dios, déjenme en paz!

Pero si doy la sensación de que me estoy dejando la piel en el trabajo (y créanme: lo estoy) y tengo buenas noticias que darle, Jeff está dispuesto a corresponder y a darme también buenas noticias, tales como: sí, puedes tomarte dos semanas libres. Y ojo, no es que yo me dedique a tratar de escabullirme todo el tiempo para ir a todo tipo de sitios. Al contrario, en principio trato siempre de limitar mi número de viajes porque sé que puede ser difícil volver al redil. Sales del laboratorio, notas el los rayos de sol en tu cara y te sientes como un animal encarcelado al que, por fin, se le ha concedido la libertad. ¿Por qué regresar al cautiverio? Porque sabes que, en última instancia, la fecha de tu liberación permanente depende de tu habilidad para comportarte mientras que permaneces en cautividad y para ser la gallina que pone huevos de oro, o lo que es lo mismo, resultados interpretables y aptos para su publicación.

El otro día estaba conversando con una amiga recién doctorada. Me habló de un sondeo sobre las motivaciones de los doctorandos. Me dijo que una de las cosas que siempre la había motivado, a ella, era el temor, no la curiosidad por el tema de investigación, sino el temor a no terminar el trabajo antes de plazo, el temor a no satisfacer a su tutor, el temor a no hacer una buena labor en exámenes y conferencias. El temor. Me pregunto: ¿es ésta la clave, jamás reconocida, de la ciencia?, ¿aquello que nos motiva en secreto para seguir avanzando? Bajo el barniz de las circunstancias y del rigor académico se haya el temor a no ser lo suficientemente bueno: ¿es esto lo que nos impulsa a trabajar un ridículo número de horas? ¿Es este temor el que nos obliga a aceptar una cultura de la investigación a la que disgustan las rejuvenecedoras vacaciones porque siempre hay alguien, en algún lugar, que puede estar trabajando cara la obtención de los mismos resultados, y queremos que los nuestros sean los que se publiquen primero?

Esta es la razón por la cual dudo que quiera continuar en el mundo académico una vez me haya graduado: valoro demasiado mi tiempo, mi familia y mis amigos, como para estar subordinada a los dictámenes de mi trabajo. La batalla para ser el primero, el mejor y el más inteligente es demasiado competitiva. Y solitaria. Y yo no soy así. Aparte, me gusta poder tomarme días libres en primavera, ¿Y a usted?

Las aventuras de Micella Phoenix DeWhyse en el programa de Doctorado.

 


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