|
Es
gracioso, pero por el simple hecho de
que uno está "doctorándose",
el resto del mundo asume que estás
sujeto a los caprichos del calendario
académico: vacaciones de verano,
días libres en la transición
entre trimestre y trimestre, puentes y
festivos... Me temo, señores, que
no tenemos tanta suerte. Un trimestre
académico puede comenzar y otro
terminar, pero esto no refleja el estatus
de tu proyecto ni el progreso que hayas
podido hacer. La investigación
doctoral es un trabajo poco remunerado
con ventajas y prestaciones mínimas.
De vacaciones remuneradas nada.
Por supuesto, mucho
depende del departamento / tutor / proyecto
que a uno le haya tocado. Uno de mis compañeros
de clase, que trabaja bajo la supervisión
de un profesor titular, va y viene a la
facultad cuando le apetece y puede pasar
hasta un mes entre visita y visita a su
supervisor. Como dice otro colega: "Si
el cartero no trabaja, yo tampoco".
Y luego estamos los que trabajamos para
profesores no titulares... No cabe duda
de que tenemos mucha más presión
y de que no podemos evitar sentir al dragón
hambriento bajo nuestra carne, esperando
nuevos resultados, gestionando nuestros
proyectos e, indirectamente, también
nuestras vidas, estrujándonos mediante
coacción o tiranía.
O quizás es
que simplemente soy una ilusa, motivada
por el sentimiento de culpabilidad de
no tener todo el trabajo listo cuando
considero que así DEBERÍA
ser...
Por supuesto, no
hace falta que diga que pronto me tocará
un periodo de descanso. Estoy emocionándome
ante la idea de viajar un poco (no he
salido de un radio de 90 millas desde
el día de Acción de Gracias)
y empiezo a comprender la máxima
de algunos de mis compañeros de
curso: salir de las proximidades del laboratorio
al menos una vez al mes.
|
Las reglas del juego - Descanso
y rejuvenecimiento
Por mucho que le hayan inculcado
lo contrario, las vacaciones sientan
bien. Sólo tiene que decidir
cuándo tomárselas
y a dónde ir.
El primer objetivo es conseguir
los días libres. Los métodos
para presentarle la idea al tutor
son múltiples. He oído
que pedir perdón es más
sencillo que pedir permiso, pero
personalmente no quiero sentirme
culpable cuando estoy de vacaciones.
Hable con los más veteranos
de su grupo sobre qué hacen
para conseguir que el jefe les permita
ausentarse del trabajo un número
considerable de días. Una
vez conozca la estrategia idónea,
busque el momento adecuado para
plantear su solicitud. No pida días
libres si su proyecto de investigación
está pasando por una mala
racha y no tiene ninguna buena noticia
que comunicar en este sentido. Para
obtener hay que dar...
Si puede, trate de calcular cuándo
puede haber una pausa natural entre
los experimentos que esté
llevando a cabo. Si ubica sus días
libres en estos intervalos, las
vacaciones le pueden servir de motivación
para seguir adelante. Siempre deje
un margen de tiempo por si los experimentos
no salen como debieran: a veces
las cosas salen mal, me temo, simplemente
porque nos morimos porque salgan
como la seda.
Planifique un viaje que realmente
le haga ilusión. Usted se
lo merece: ha estado trabajando
duro. Les diré en otra ocasión
cuál es mi idea de la vacación
ideal. De momento, sólo una
pista: ¡me estaré torrando
bajo el sol una semana entera!
Cuando esté de vacaciones,
disfrute. No se preocupe por su
trabajo. Trate de dejar de un lado
el correo electrónico y mantenga
un margen considerable entre su
persona y su trabajo: es hora de
recargarse las pilas.
Espero, pues, con todo mi corazón,
que consigan unos días de
descanso. (Los congresos, a todo
esto, no cuentan, aunque sean entretenidos).
|
Afortunadamente,
he aprendido las tácticas que debo
poner en práctica con Jeff (mi
supervisor) en relación con el
"tiempo libre": Jeff te dará
algo única y exclusivamente si
le das algo bueno a cambio antes (véase
el recuadro lateral para obtener algunas
ideas en este sentido...). Por ejemplo,
hace unos meses, el proyecto de investigación
me estaba yendo relativamente bien. Los
experimentos iban saliendo y las cosas,
en conjunto, iban avanzando a un ritmo
decente. Fue en este momento cuando, tras
compartir unos resultados alentadores,
le pedí a Jeff si podíamos
hablar un poco sobre mi "calendario"
anual. Ya había semi-planeado dos
semanas de vacaciones en verano para ir
a casa: ¡mi hermana pequeña
se gradúa de Bachillerato! ¡Qué
emoción! También quería
asistir a unas cuantas reuniones y así
se lo hice saber. Sorprendentemente, a
mi juicio, me dijo sí a todo sin
dejar caer la frasecilla empleada en otras
ocasiones: "No te diré que
no, pero ¿cuándo me veré
obligado a renunciar a que salgas de la
ciudad?", u otras lindeces por el
estilo. La primera vez que me dijo algo
así, me enfurecí. Pensé:
"Eres mi tutor, no mi padre o mi
madre; ni siquiera a ellos les pido permiso
para salir de de la ciudad; les digo directamente
que me voy, dónde me pueden localizar
y punto". Todo esto de tener que
pedir antes de hacer es nuevo para mí
y realmente me cuesta asumirlo y me molesta.
¡Soy adulta! ¡Por Dios, déjenme
en paz!
Pero si doy la sensación de que
me estoy dejando la piel en el trabajo
(y créanme: lo estoy) y tengo buenas
noticias que darle, Jeff está dispuesto
a corresponder y a darme también
buenas noticias, tales como: sí,
puedes tomarte dos semanas libres. Y ojo,
no es que yo me dedique a tratar de escabullirme
todo el tiempo para ir a todo tipo de
sitios. Al contrario, en principio trato
siempre de limitar mi número de
viajes porque sé que puede ser
difícil volver al redil. Sales
del laboratorio, notas el los rayos de
sol en tu cara y te sientes como un animal
encarcelado al que, por fin, se le ha
concedido la libertad. ¿Por qué
regresar al cautiverio? Porque sabes que,
en última instancia, la fecha de
tu liberación permanente depende
de tu habilidad para comportarte mientras
que permaneces en cautividad y para ser
la gallina que pone huevos de oro, o lo
que es lo mismo, resultados interpretables
y aptos para su publicación.
El otro día
estaba conversando con una amiga recién
doctorada. Me habló de un sondeo
sobre las motivaciones de los doctorandos.
Me dijo que una de las cosas que siempre
la había motivado, a ella, era
el temor, no la curiosidad por el tema
de investigación, sino el temor
a no terminar el trabajo antes de plazo,
el temor a no satisfacer a su tutor, el
temor a no hacer una buena labor en exámenes
y conferencias. El temor. Me pregunto:
¿es ésta la clave, jamás
reconocida, de la ciencia?, ¿aquello
que nos motiva en secreto para seguir
avanzando? Bajo el barniz de las circunstancias
y del rigor académico se haya el
temor a no ser lo suficientemente bueno:
¿es esto lo que nos impulsa a trabajar
un ridículo número de horas?
¿Es este temor el que nos obliga
a aceptar una cultura de la investigación
a la que disgustan las rejuvenecedoras
vacaciones porque siempre hay alguien,
en algún lugar, que puede estar
trabajando cara la obtención de
los mismos resultados, y queremos que
los nuestros sean los que se publiquen
primero?
Esta es la
razón por la cual dudo que quiera
continuar en el mundo académico
una vez me haya graduado: valoro demasiado
mi tiempo, mi familia y mis amigos, como
para estar subordinada a los dictámenes
de mi trabajo. La batalla para ser el
primero, el mejor y el más inteligente
es demasiado competitiva. Y solitaria.
Y yo no soy así. Aparte, me gusta
poder tomarme días libres en primavera,
¿Y a usted?
Las
aventuras de Micella Phoenix DeWhyse en
el programa de Doctorado.
|