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Las aventuras de Micella Phoenix DeWhyse en el programa de Doctorado

Capítulo 13: ¿Corredora de vallas? ¡Creía que era una doctoranda!

MICELLA PHOENIX DeWHYSE
ESTADOS UNIDOS

28 DE FEBRERO, 2003

 

Hace un año (véase el capítulo 3 de esta serie) comencé a hacer mis exámenes acumulativos / eliminatorios: seis fabulosas preguntas sobre cualquier tema de dentro (o de fuera) del currículo. Contesta cuatro de ellas lo suficientemente bien y el profesorado le aprueba. Si no consigue dar la talla en ese examen en particular, el profesorado le suspende. No hay vuelta de hoja ni remedio alguno...

Bueno, pues hé aquí las buenas noticias: ¡los he terminado!

De alguna manera, pensé que estaría más exultante de lo que estoy. De todas formas, dentro de un mes o así, cuando los nuevos estudiantes de primer año comiencen a hacer sus exámenes y yo no, estoy segura de que me sentiré liberada, o algo por el estilo.

Ahora que lo pienso, me pregunto por qué no estaré más contenta... Quizás sea porque sé que todavía tendré que superar otras pruebas antes de pasar a la siguiente fase del doctorado. ¿Y después qué? Más obstáculos, sin duda. Si no aquí, en el mundo académico, en cualquier otro sitio para otras personas.

Tengo la sospecha de que un día querré trabajar para mí misma...

El año 2002 ha sido, sin duda, uno que preferiría olvidar. Si me hubiesen dicho hace un año que iba a experimentar tanto estrés en los exámenes, puede que hubiese huído a tiempo. Si hubiese sabido que mis colegas de promoción iban a terminar antes que yo, puede que me hubiese encogido de vergüenza. Y si hubiese intuido que iba a sufrir una verdadera crisis de confianza en el camino (véase el capítulo 7) que me haría cuestionarme el sentido de todo lo que hago y mi habilidad para completar las tareas de cada momento, me imagino que hubiese evitado tal experiencia.

Aunque preferiría dejar este año tal cual, tranquilito, en los anales de mi vida, he aprendido cosas sobre mí que vale la pena repetir, incluso aunque no esté particularmente orgullosa de algunas de ellas. Por ejemplo:

  • El estrés me vuelve loca y malhumorada. El apetito se me descontrola; me atacan los nervios; tengo un aspecto horroroso; estoy cansada; no puedo dormir, y cuando lo logro, sueño cosas extrañas. Todo muy entretenido, considerando que nunca había experimentado semejantes dosis de ansiedad. Como la situación sólo se merece el calificativo de intolerable, estoy tratando de encontrar un ritmo que reduzca el efecto del poderosísimo estrés académico.
  • Las obsesiones fastidian. Es alucinante como un sólo pensamiento puede poseerte, hipotecar tu mente e impedir la concentración en nada que la requiera. Mis obsesiones preferidas eran las preguntas de examen, que me perseguían, una y otra vez. Tratas de echarlas fuera pero, cuando menos te lo esperas, ahí las tienes de nuevo, saludándote.
  • Soy más débil de lo que creía. No son los exámenes en sí los que me hacen sentir magnífica, o por el contrario, en el borde de la desesperación: soy yo la que escojo una opción o la otra. Pero es gracioso comprobar como la espera a la papeleta de resultados de un examen determinado puede lograr que tu estómago dé piruetas y que tu mente se doble en las direcciones más insospechadas tratando de averiguar si contestaste bien o mal a tal pregunta, si te aprobarán y quién tendrá que suspender para que tú puedas aprobar.
  • Soy más fuerte de lo que creía. Al final, los efectos de los exámenes y de la vida estudiantil en general no son tan profundos. Todavía tengo intactas todas mis facultades (o eso creo...): como, duermo, y aunque a veces cuesta, sigo levantándome cada mañana para seguir intentándolo. No me he rendido, aunque reconozco que he pensado en ello. Sigo tirando hacia adelante, paso a paso, día a día, y aprecio mis pequeños logros.
  • Aprobar todos los exámenes sin obstáculos no me hubiese garantizado una mayor felicidad. Uno de mis compañeros de clase, por ejemplo, decidió abandonar los estudios después de las vacaciones, a pesar de haber aprobado todos sus exámenes a la primera.


Las reglas del juego. Consejos para los exámenes globales

Además de compartir las lecciones que aprendí sobre mí misma, me gustaría añadir algunas cosas a los consejos que ofrecí en el capítulo 3 para aquellos entre ustedes que estén en plena temporada de exámenes:

Cuando encuentre un método de estudio que le funcione, séale fiel.

Aunque encantada de haber aprobado el primer examen, no podía dejar a un lado el pensamiento de que le había dedicado más tiempo y esfuerzo que el necesario. Me confié y para el siguiente examen no estudié ni tanto ni con la misma intensidad. A posteriori aprendí que ese constante repaso que llevé a cabo en la primera prueba me enseñó más que todas las posteriores preparaciones de exámenes juntas.

Escuche su interior, 1º parte.

Jeff, aún siendo un tutor decente, no dejaba de ser un novato en el departamento y en el fondo no sabía apenas nada del proceso de exámenes. Parte del problema al comienzo de la temporada de pruebas eliminatorias es que hasta cierto punto nos disuadió del estudio porque creía que, eventualmente, todos aprobaríamos. Así que me relaje en mi trabajo personal y acabé sintiéndome culpable en dos frentes. Por una parte, no creía que estuviese obteniendo suficientes resultados en el laboratorio. Por otra, me sentía mal conmigo misma por no estudiar lo suficiente y al mismo tiempo quería mantener una buena relación con mi tutor. Si hubiese sabido que la recuperación me iba a costar tantos meses y tanto sudor, me hubiese puesto manos a la obra con mayor antelación. Al fin y al cabo se trata de mi vida, y soy yo la que tengo que vivir conmigo y mis decisiones cada noche al llegar a casa. Está bien el tener un tutor agradable pero ¿a quién debo complacer antes, a él o a mí?

Escuche su interior, 2º parte.

El echar mano a la vieja excusa, esa de "Oye, siempre hay algo que no se sabe", para evitar el leer y estudiar con detalle todos los apuntes de clase no fue una buena idea. Sí, siempre hay cosas que no se saben, pero hubiese aumentado mis probabilidades de aprobar el segundo y el tercer examen si hubiese analizado minuciosamente todo el material. Usaba la excusa de "tengo trabajo de laboratorio" para no estudiar más y la del volumen de material para justificar su inutilidad. Pero al final, ¿a qué me condujo mi inactividad? A que el proceso de exámenes se me alargase seis meses más.

Espero sinceramente que mi inclinación a la amnesia selectiva tome las riendas y me ayude a olvidar las partes "incómodas" de la pasada temporada de exámenes y a recordar las lecciones aprendidas, para que me acompañen en las próximas fases del doctorado y más allá. Sé que no soy, en absoluto, un modelo a seguir, pero espero que esta breve introspección personal genere, por su parte, un semejante deseo de auto-exploración.

Estoy realmente contenta de haber superado esta serie de obstáculos... De acuerdo, lo reconozco: tengo moratones en las rodillas y en la espinilla y no ha sido una carrera perfecta porque he tirado algunas vallas. Pero bueno, ¿acaso no dice el refrán popular que lo que no nos mata nos hace más fuertes?

Hasta la próxima...

Puede ponerse en contacto con Micella enviando un correo electrónico a: Micella_Phoenix_deWhyse@hotmail.com


Las aventuras de Micella Phoenix DeWhyse en el programa de Doctorado.


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