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Una de las cosas que considero más
enriquecedoras de las vacaciones es su
capacidad para hacernos evaluar quiénes
somos, en tanto que estudiantes de posgrado,
en relación con nuestro entorno.
Yo lo llamo choque introspectivo con la
realidad, siendo la realidad ese mundo
que continua girando sobre su eje mientras
que nosotros seguimos enfrascados en nuestros
proyectos. Los hermanos crecen / se casan
/ tienen hijos. Los padres, para aquellos
de nosotros que aún pueden disfrutar
de su bendita presencia en la Tierra,
se hacen un poco mayores y más
canosos. Ahora nos ven como adultos, en
lugar de como estudiantes post-adolescentes,
como sucedía cuando todavía
no nos habíamos licenciado. Y a
veces (¿o sólo me pasa a
mí?) comenzamos a preguntarnos
si realmente vale la pena lo que hacemos,
si hemos escogido el camino correcto y
a dónde nos llevará la senda
iniciada. Algunos de nosotros podemos
ver la luz al final del túnel,
pero no dejamos de confiar en que no se
trate de un tren...
Normalmente estamos
tan inmersos en nuestras obligaciones
como estudiantes e investigadores que
sólo vemos el proyecto que tenemos
en frente y perdemos la capacidad de apreciar
cómo nos ve el resto del mundo.
Para muchos de nosotros, y especialmente
para los que pertenecemos a una primera
generación de estudiantes de posgrado
dentro de nuestros respectivos árboles
genealógicos, lo que hacemos en
la "facultad" resulta extraño
e incomprensible para muchos de nuestros
amigos y familiares. Sin embargo, es nuestra
obligación el conseguir que conozcan
las peculiaridades de nuestra vocación.
Puede que no comprendan por qué
tenemos que ir al laboratorio a las tres
de la mañana ni por qué
no podemos ir a casa tan a menudo como
querríamos / querrían, ni
por qué hacemos semejante problema
a partir de trabajos, exámenes
eliminatorios, presentaciones y congresos,
pero esto no quiere decir que no puedan
llegar a entender nuestro mundo.
Salvo que su familia
consista en científicos e ingenieros
que le inspiraron / forzaron a seguir
su camino, sus visitas a casa pueden resultar
un tanto desalentadoras. ¿Reconoce
alguien el siguiente escenario?
Atraviesa, por fin,
la puerta de su casa y todo el mundo se
alegra de verle... La cena está
casi lista pero hay tiempo para charlar
antes de sentarse a la mesa y comenzar
el banquete. Los comensales más
atrevidos comentan que ha perdido / ganado
peso, que necesita sol o, preferiblemente,
el buen aspecto que tiene. Todo va bien,
está disfrutando del calor del
nido familiar y, a continuación,
la conversación gira en torno a
lo que hace.
Primo: "¿Entonces
qué es lo que estás haciendo
ahora?
Usted: "Estoy haciendo un doctorado
sobre cohetes espaciales en la Universidad
Traba-Joadicto".
Primo (con aire perplejo): "¿En
serio? ¿Entonces vienes a hacer
lo que Jeff Goldblum hizo en Independence
Day, no? ¿Eres astronauta? ¿O
simplemente un científico chiflado?".
Usted: "No exactamente...".
Primo: "Entiendo... ¿Y durante
cuánto tiempo vas a seguir haciendo
eso?".
Usted: "¡No me lo preguntes!".
Tía Flora (tratando de ayudar):
"¿Y qué vas a hacer
con eso?".
Usted (desconcertado): "???".
***CHOQUE CON LA REALIDAD***
Sí, de todas
las preguntas, ésta es mi preferida:
"¿Y qué vas a hacer
con el doctorado?". No puedo decir
que se trate de una pregunta injustificada;
en absoluto. Lleva tiempo lejos de familia
y amigos, la gente nunca logra estar del
todo al día con usted y puede parecer
que lleva tiempo encerrado en un sótano
creando una novia para Frankenstein. Aparte,
puede que también se de cuenta
de que las respuestas automáticas
que habitualmente tiene preparadas para
la gente de su gremio (catedráticos,
científicos, funcionarios) no son
necesariamente las más adecuadas
para sus parientes.
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Las reglas del juego: cuando el
choque con la realidad le deja
K.O.
No tengo todas las respuestas
pero he encontrado una o dos cosas
que me ayudan a seguir tirando
para delante incluso cuando siento
que no tengo ningún objetivo,
incluso
después de poner toda mi
vida en perspectiva:
Llamar
a un amigo: espero que,
a estas alturas, ya haya cultivado
un ramillete de amistades a las
que poder recurrir cuando necesita
consuelo. Preferiblemente personas
con las que se pueda identificar:
compañeros del programa
de posgrado, antiguos tutores,
alguien que probablemente haya
tenido los mismos pensamientos
que usted en algún otro
momento. Por lo menos, sabrá
que no está solo.
Escribir:
puede serle útil escribir
un diario que guarde todas sus
impresiones y sentimientos. A
mí me lo fue, y mucho.
De hecho, no sé si habría
llegado hasta aquí sin
esta rutina.
Admitir
que a veces el doctorado es un
asco: ahí está,
ya lo he dicho. Dejemos de fingir
que todo es maravilloso. A veces,
no hay quien lo aguante, y no
es su culpa. Pero si que es su
culpa si deja que domine su vida
completamente.
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Y las preguntas se suceden: ¿Y
qué vas a hacer cuando termines
el doctorado? ¿Y por qué
te estás obligando a hacerlo? ¿No
podrías hacer alguna otra cosa
que te pagase más y te requiriese
menos esfuerzo?¿Te diviertes con
lo que haces? Estoy segura de que algunos
de ustedes tienen todas las respuestas.
Para los que todavía no podemos
decir lo mismo, porque nuestros sueños
del doctorado y el mundo académico
en general han sido hecho añicos
sin clemencia por el peso de la realidad,
estas preguntas pueden ser un poco desconcertantes.
Especialmente si sólo está
en su segundo año y las cosas no
les están saliendo como esperaba.
El equilibrio precario
que he conseguido mantener durante el
último año y medio ha sido
exitoso, en parte, porque ya no me hago
este tipo de preguntas. El bloquearlas
y el impedir la liberación de mis
verdaderos deseos me ha permitido centrarme
y sacar trabajo adelante. De momento,
ese es, precisamente, mi único
objetivo: sacar el trabajo adelante para
poder redactar el trabajo /presentar el
póster / ir al congreso y salir
de aquí y "vivir" mi
vida en otra parte. Lo sé, no es
la actitud más deseable, pero quién
dijo que este monográfico sobre
mi vida como estudiante iba a ser sobre
el modo más adecuado de hacer todo:
éstas son mis circunstancias. Ahora
mismo, mi máxima es vivir al día
y tratar de contener toda pregunta mínimamente
introspectiva.
Por otra parte, uno
tiene que poder ofrecer respuestas a las
preguntas curiosas de los familiares y
amigos, así que yo me he trabajado
contestaciones diversas para la famosa
pregunta de "Qué es lo que
pretendes hacer cuando termines":
política científica; política
educativa, trabajar para agencias de financiación
como los Institutos Nacionales de Salud,
la Fundación Nacional para la Ciencia,
o la Fundación Packard; trabajar
en una institución que atienda
las necesidades de alguna minoría;
gestión universitaria. Eso es lo
que digo, pero la realidad es que ya no
estoy tan segura. Una parte de mí
quiere conocer mundo y olvidarse de este
sitio, y la otra sabe que si abandono,
probablemente me arrepienta de ello el
resto de mi vida.
¿Así
que por qué me estoy engañando
a mí mismo? Buena pregunta...
Sé que no
puedo ser la única persona del
mundo con una mentalidad de "medio
para conseguir un fin" (sea cual
fuere tal finalidad). En ocasiones siento
que estoy haciendo esto porque puedo,
no necesariamente porque quiera. ¿Pero
tiene alguien ideas para combatir toda
esta incertidumbre? También me
encantaría oír historias
de encuentros familiares. Si ha encontrado
una forma de compatibilizar la realidad
y el mundo fantástico del doctorado,
soy todo oídos. Me encantará
poder incluir sus anécdotas y sugerencias
en el próximo artículo.
Hasta entonces, realidad
o vana ilusión, esa es la cuestión...
Puede ponerse
en contacto con Micella enviando un email
a: Micella_Phoenix_deWhyse@hotmail.com

Las aventuras de
Micella Phoenix DeWhyse en el programa
de Doctorado.
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