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Las aventuras de Micella Phoenix DeWhyse en el programa de Doctorado

Capítulo 12: Vuelta a casa en vacaciones

MICELLA PHOENIX DeWHYSE
ESTADOS UNIDOS

24 DE ENERO, 2003

 

Ha comenzado un nuevo año y espero que todos hayan disfrutado mucho de las vacaciones junto con sus familias y seres queridos. Estoy segura de que, como yo, han pasado vergonzosas cantidades de tiempo vegetando, viendo la televisión, comiendo y, en general, recuperándose del semestre pasado para poder volver, lleno de energía, a lidiar con la bestia de los estudios. No me cabe duda de que hay algunos "delincuentes" entre ustedes que, por razones varias, han pasado parte del tiempo vacacional trabajando. Espero que recuerden compensarlo durante el curso académico: el trabajo continuo, no alternado con momentos de ocio, hace del estudiante de posgrado un ser malhumorado y no siempre productivo. Y para todos ustedes que no han podido ir a casa, porque "casa" está a miles de kilómetros o de dólares de distancia, espero que por lo menos hayan podido sacar momentos para hablar con sus familias.


Una de las cosas que considero más enriquecedoras de las vacaciones es su capacidad para hacernos evaluar quiénes somos, en tanto que estudiantes de posgrado, en relación con nuestro entorno. Yo lo llamo choque introspectivo con la realidad, siendo la realidad ese mundo que continua girando sobre su eje mientras que nosotros seguimos enfrascados en nuestros proyectos. Los hermanos crecen / se casan / tienen hijos. Los padres, para aquellos de nosotros que aún pueden disfrutar de su bendita presencia en la Tierra, se hacen un poco mayores y más canosos. Ahora nos ven como adultos, en lugar de como estudiantes post-adolescentes, como sucedía cuando todavía no nos habíamos licenciado. Y a veces (¿o sólo me pasa a mí?) comenzamos a preguntarnos si realmente vale la pena lo que hacemos, si hemos escogido el camino correcto y a dónde nos llevará la senda iniciada. Algunos de nosotros podemos ver la luz al final del túnel, pero no dejamos de confiar en que no se trate de un tren...

Normalmente estamos tan inmersos en nuestras obligaciones como estudiantes e investigadores que sólo vemos el proyecto que tenemos en frente y perdemos la capacidad de apreciar cómo nos ve el resto del mundo. Para muchos de nosotros, y especialmente para los que pertenecemos a una primera generación de estudiantes de posgrado dentro de nuestros respectivos árboles genealógicos, lo que hacemos en la "facultad" resulta extraño e incomprensible para muchos de nuestros amigos y familiares. Sin embargo, es nuestra obligación el conseguir que conozcan las peculiaridades de nuestra vocación. Puede que no comprendan por qué tenemos que ir al laboratorio a las tres de la mañana ni por qué no podemos ir a casa tan a menudo como querríamos / querrían, ni por qué hacemos semejante problema a partir de trabajos, exámenes eliminatorios, presentaciones y congresos, pero esto no quiere decir que no puedan llegar a entender nuestro mundo.

Salvo que su familia consista en científicos e ingenieros que le inspiraron / forzaron a seguir su camino, sus visitas a casa pueden resultar un tanto desalentadoras. ¿Reconoce alguien el siguiente escenario?

Atraviesa, por fin, la puerta de su casa y todo el mundo se alegra de verle... La cena está casi lista pero hay tiempo para charlar antes de sentarse a la mesa y comenzar el banquete. Los comensales más atrevidos comentan que ha perdido / ganado peso, que necesita sol o, preferiblemente, el buen aspecto que tiene. Todo va bien, está disfrutando del calor del nido familiar y, a continuación, la conversación gira en torno a lo que hace.

Primo: "¿Entonces qué es lo que estás haciendo ahora?
Usted: "Estoy haciendo un doctorado sobre cohetes espaciales en la Universidad Traba-Joadicto".
Primo (con aire perplejo): "¿En serio? ¿Entonces vienes a hacer lo que Jeff Goldblum hizo en Independence Day, no? ¿Eres astronauta? ¿O simplemente un científico chiflado?".
Usted: "No exactamente...".
Primo: "Entiendo... ¿Y durante cuánto tiempo vas a seguir haciendo eso?".
Usted: "¡No me lo preguntes!".
Tía Flora (tratando de ayudar): "¿Y qué vas a hacer con eso?".
Usted (desconcertado): "???".


***CHOQUE CON LA REALIDAD***

Sí, de todas las preguntas, ésta es mi preferida: "¿Y qué vas a hacer con el doctorado?". No puedo decir que se trate de una pregunta injustificada; en absoluto. Lleva tiempo lejos de familia y amigos, la gente nunca logra estar del todo al día con usted y puede parecer que lleva tiempo encerrado en un sótano creando una novia para Frankenstein. Aparte, puede que también se de cuenta de que las respuestas automáticas que habitualmente tiene preparadas para la gente de su gremio (catedráticos, científicos, funcionarios) no son necesariamente las más adecuadas para sus parientes.



Las reglas del juego: cuando el choque con la realidad le deja K.O.


No tengo todas las respuestas pero he encontrado una o dos cosas que me ayudan a seguir tirando para delante incluso cuando siento que no tengo ningún objetivo, incluso
después de poner toda mi vida en perspectiva:

Llamar a un amigo: espero que, a estas alturas, ya haya cultivado un ramillete de amistades a las que poder recurrir cuando necesita consuelo. Preferiblemente personas con las que se pueda identificar: compañeros del programa de posgrado, antiguos tutores, alguien que probablemente haya tenido los mismos pensamientos que usted en algún otro momento. Por lo menos, sabrá que no está solo.

Escribir: puede serle útil escribir un diario que guarde todas sus impresiones y sentimientos. A mí me lo fue, y mucho. De hecho, no sé si habría llegado hasta aquí sin esta rutina.

Admitir que a veces el doctorado es un asco: ahí está, ya lo he dicho. Dejemos de fingir que todo es maravilloso. A veces, no hay quien lo aguante, y no es su culpa. Pero si que es su culpa si deja que domine su vida completamente.


Y las preguntas se suceden: ¿Y qué vas a hacer cuando termines el doctorado? ¿Y por qué te estás obligando a hacerlo? ¿No podrías hacer alguna otra cosa que te pagase más y te requiriese menos esfuerzo?¿Te diviertes con lo que haces? Estoy segura de que algunos de ustedes tienen todas las respuestas. Para los que todavía no podemos decir lo mismo, porque nuestros sueños del doctorado y el mundo académico en general han sido hecho añicos sin clemencia por el peso de la realidad, estas preguntas pueden ser un poco desconcertantes. Especialmente si sólo está en su segundo año y las cosas no les están saliendo como esperaba.

El equilibrio precario que he conseguido mantener durante el último año y medio ha sido exitoso, en parte, porque ya no me hago este tipo de preguntas. El bloquearlas y el impedir la liberación de mis verdaderos deseos me ha permitido centrarme y sacar trabajo adelante. De momento, ese es, precisamente, mi único objetivo: sacar el trabajo adelante para poder redactar el trabajo /presentar el póster / ir al congreso y salir de aquí y "vivir" mi vida en otra parte. Lo sé, no es la actitud más deseable, pero quién dijo que este monográfico sobre mi vida como estudiante iba a ser sobre el modo más adecuado de hacer todo: éstas son mis circunstancias. Ahora mismo, mi máxima es vivir al día y tratar de contener toda pregunta mínimamente introspectiva.

Por otra parte, uno tiene que poder ofrecer respuestas a las preguntas curiosas de los familiares y amigos, así que yo me he trabajado contestaciones diversas para la famosa pregunta de "Qué es lo que pretendes hacer cuando termines": política científica; política educativa, trabajar para agencias de financiación como los Institutos Nacionales de Salud, la Fundación Nacional para la Ciencia, o la Fundación Packard; trabajar en una institución que atienda las necesidades de alguna minoría; gestión universitaria. Eso es lo que digo, pero la realidad es que ya no estoy tan segura. Una parte de mí quiere conocer mundo y olvidarse de este sitio, y la otra sabe que si abandono, probablemente me arrepienta de ello el resto de mi vida.

¿Así que por qué me estoy engañando a mí mismo? Buena pregunta...

Sé que no puedo ser la única persona del mundo con una mentalidad de "medio para conseguir un fin" (sea cual fuere tal finalidad). En ocasiones siento que estoy haciendo esto porque puedo, no necesariamente porque quiera. ¿Pero tiene alguien ideas para combatir toda esta incertidumbre? También me encantaría oír historias de encuentros familiares. Si ha encontrado una forma de compatibilizar la realidad y el mundo fantástico del doctorado, soy todo oídos. Me encantará poder incluir sus anécdotas y sugerencias en el próximo artículo.

Hasta entonces, realidad o vana ilusión, esa es la cuestión...

Puede ponerse en contacto con Micella enviando un email a: Micella_Phoenix_deWhyse@hotmail.com

Las aventuras de Micella Phoenix DeWhyse en el programa de Doctorado.


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