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contrario de lo que sucede en los cursos
de licenciatura, en los que uno se topa
con amigos y conocidos de todo camino vital
y disciplina y pasa siempre un mínimo
de uno o dos años entre ellos, los
estudios de doctorado parecen exigir un
cierto tipo de aislamiento. En este nuevo
estado, cualquiera se enfrasca en el cotilleo
del departamento (porque nadie tiene nada
mejor de lo que hablar que sobre las peripecias
de los primeros años) y vive en el
laboratorio (porque una quisiera salir al
mundo real uno de estos días y el
tutor se muere por ver resultados). En consecuencia,
la vida del alumno de doctorado parece reducirse
a un cierto tipo de no-vida, de existencia
a medias, podría decirse, en los
límites de la tierra científica.
¿Se identifican
conmigo?
Para algunos estudiantes
de doctorado este tipo de no-vida es la
perfección; ciertamente, a esdtos
individuos no les agrada el resto de la
humanidad. Entonces, concluyen, ¿para
qué perder tiempo relacionándose
con la gente cuando hay experimentos por
hacer, programas por esbozar, propuestas
de beca que redactar, compuestos químicos
por sintetizar y ensayos por escribir?
Otros (yo, por ejemplo) necesitan relaciones
sociales para conjurar la locura inherente
a un período prolongado de aislamiento.
Algunos se dan a la bebida con la esperanza
de que eso pondrá en movimiento
sus tejidos sociales y les liberará
para mostrar esa divertida si bien totalmente
inapropiada conducta, que rápidamente
será la comidilla del cotilleo
departamental.
Esta forma de semi-vida
de los alumnos de doctorado puede aliviarse
de diversas maneras: escoger una facultad
y un departamento con un cuerpo estudiantil
de posgrado socialmente activo; llevar
una relación sentimental contigo
al programa de doctorado; matricularse
en la facultad de una importante área
metropolitana; vivir en una residencia
para estudiantes de posgrado; hacer amigos
en departamentos más activos socialmente;
apuntarse al gimnasio o ir al gimnasio
del campus; implicarse en la comunidad;
hacer de relaciones públicas y
planear actos sociales para los neófitos
del departamento; y, por ultimo, buscar
desesperadamente a alguien -a cualquiera-
que medio entienda tu vida, es decir,
hacer verdaderos amigos en lugar de simples
conocidos. En mi caso, y dadas algunas
de mis primeras decisiones (no iba a cambiar
de facultad ni de departamento), mis posibilidades
ya se habían reducido y se limitaban
a las últimas cuatro opciones.
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Las reglas del juego: escoger
o perder
Algo que
todo el mundo debe recordar a
la hora de solicitar la admisión
o de instalarse en el programa
de doctorado, es que tenemos capacidad
en este asunto. La cuestión
es si reflexionamos lo suficiente
antes de tomar esa decisión.
En mi caso, y con una sincera
mirada retrospectiva, realmente
no estoy segura de que lo hiciera.
Por tanto, asegúrese de
que escoge cuidadosamente las
piezas y el tablero en el que
quiere jugar. Sepa si es un aficionado
a las damas, un experto en ajedrez
o un adicto al Cluedo. Y asegúrese
de hablar lo suficiente con otros
jugadores en activo para saber
si encaja en el juego elegido,
algo que incrementa sus posibilidades
de ganar (o al menos de divertirse)
sin aumentar la cantidad de tiempo
invertido en lamentos y quejas
ante los amigos. Y si, como yo,
descubre con posterioridad que
el juego que ha elegido no es
el ideal para usted, haga de tripas
corazón, pues al menos
le requerirá que se esfuerce
y crezca un poco. ¿Y qué
es la vida sin crecimiento?
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En consecuencia,
conocí a un buen amigo, Larry,
del departamento de Ingeniería
Electrónica, y descubrí
que su departamento organizaba fiestas
muy divertidas. (Y no es broma).
En consecuencia,
me apunté a un gimnasio. Los donuts
y la pizza gratis no están siendo
de gran ayuda para mi figura (ni para
mis arterias). También he descubierto
que el ejercicio por la mañana,
antes de las clases y prácticas
de laboratorio, me despierta el cerebro.
En consecuencia,
empecé a ir a la iglesia. Se ha
convertido en mi área de descanso
los domingos por la mañana, nutriendo
mis necesidades espirituales. Además,
me pone en contacto con algo distinto
de la facultad. Lo próximo en mi
lista de compromisos comunitarios es encontrar
un grupo de teatro en el que pudiese participar.
Y el pasado otoño,
organicé una expedición
de compras a unos grandes almacenes (sólo
para mujeres, por supuesto). Proseguí
este invierno con una noche en la bolera
(aunque apenas puedo hacer 50 puntos y
de rebote) y banquetes de postres semanales
(de acuerdo, es casi tan malo como beber
pero no te despiertas avergonzada y con
resaca). Ah, y me fui a bailar con un
grupo de mi clase. Otros alumnos del departamento
se van uniendo más despacio. Uno
de ellos ha organizado una salida para
esquiar, así que a esquiar me iré.
(Imaginen eso: ¡una mujer negra
sobre esquís! ¡Casi tan bueno
como una mujer negra ganando la medalla
de oro en trineo!).
Y todavía
estoy trabajando en la última opción:
encontrar a alguien comprensivo. Pero
con el inicio del nuevo semestre, aumenta
la presión para hacer un buen trabajo
en el laboratorio, y se acercan los exámenes
eliminatorios/ acumulativos, así
que no sé si conseguiré
algo en este sentido.
Allá voy pues,
a crear mi nueva vida. Deséenme
suerte...
Micella Phoenix DeWhyse agradece sus comentarios
y cartas de apoyo. Pueden ponerse en contacto
con ella escribiéndole a: Micella_Phoenix_DeWhyse@hotmail.com.
Las aventuras de
Micella Phoenix DeWhyse en el programa
de Doctorado.
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