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La universidad y la industria: manteniendo ambas puertas abiertas 

ELISABETH PAIN

EDITORA COLABORADORA

NEXT WAVE

EUROPA OCCIDENTAL Y MERIDIONAL

29/07/05

 

El programa español Torres Quevedo (PTQ), a través del cual las empresas privadas reciben una inyección económica con el fin de contribuir al coste de contratación de jóvenes doctores, surgió a mediados de la década de los noventa del deseo del gobierno nacional de resolver dos cuestiones. Por una parte, el sector privado español estaba invirtiendo demasiado poco en I+D y como consecuencia de ello, su capacidad de innovación era limitada. Por otra, el número de doctores había aumentado, y no había modo alguno de que las universidades, por sí solas, absorbiesen a todo este colectivo. Animando a las empresas a que contraten a personal altamente cualificado, el programa Torres Quevedo aspira a reforzar el sector del I+D en España, a la par que ayudar a los jóvenes científicos a encontrar empleo tras haberse doctorado.

Un investigador italiano asentado en Barcelona (España), Luigi Ceccaroni, es uno de los científicos doctores que, en la actualidad, se está beneficiando de esta iniciativa gubernamental. El PTQ ayudó a Ceccaroni a negociar su contrato a tiempo parcial con una pequeña empresa, responsabilidad que compagina con un puesto investigador a tiempo parcial en la universidad, una disposición laboral que exige mucho trabajo y flexibilidad pero que le permite mantener todas las puertas abiertas hasta que su carrera profesional se estabilice en una vía u otra. “En la medida en que uno se diversifica, si algo va mal, el riesgo es menor”, afirma Ceccaroni.

Los límites se los impone uno, con el cristal con el que mira

Ceccaroni ha estado mezclando mundos que parecen tener poco en común desde las primerísismas etapas de su carrera académica y profesional. Comenzó su licenciatura en ciencias medioambientales en la Universidad de Bologna en 1989, pero cuando se graduó en 1993, con un Máster en paleoclimatología marina, había desarrollado una pasión por un nuevo campo: la inteligencia artificial. (I.A.). Con la ayuda de algunos cursos básicos de informática avanzada, Ceccaroni continuó la senda académica, haciendo un doctorado sobre la aplicación de la tecnología de la I.A. a los problemas medioambientales en la Universidad Politécnica de Barcelona (UPB). La idea era crear un programa informático que “estimulase el razonamiento y las acciones de un experto” en una planta de tratamiento de aguas residuales.

Un aperitivo del sector industrial

Durante su último año de doctorado, Ceccaroni comenzó a negociar una oferta de empleo con los Laboratorios Fujitsu de América con sede en California para trabajar en un convenio de colaboración con un proyecto de investigación con fondos europeos. No era su única opción. “Al mismo tiempo, consideraba la posibilidad de trabajar en la Tufts Universityen Massachusetts”, afirma. Pero aunque al joven científico le interesaba más “el proyecto más filosófico de I.A.” del postdoctorado de la Tufts, como el puesto sólo era para un año, decidió que la mudanza podría no valer la pena. “La oferta de Fujitsu era muy difícil de rechazar”, afirma. “Era un puesto permanente, muy bien remunerado y con un equipo de gente interesante”. Así que en octubre de 2001, Ceccaroni se trasladó a California.

En Fujitsu, Ceccaroni trabajó en el desarrollo de estándares de software que permitiesen la comunicación entre diferentes piezas de software, y le diesen a los usuarios la opción de, por ejemplo, reservar un restaurante, un taxi o una película desde una misma página web. A pesar de su orientación comercial, “era un trabajo muy teórico”, afirma Ceccaroni. En grandes empresas como Fujitsu al menos, Ceccaroni descubrió que la distinción entre la industria y el mundo académico es, a lo menos, borrosa. “Hacíamos mucha “investigación del cielo azul” o blue-sky research”, dice Ceccaroni, utilizando una expresión que se utiliza de vez en cuando para describir los proyectos de ciencias básicas. “Si les pregunta a ellos, le dirán que no. Las empresas quieren resultados, es verdad, pero también quieren ser las primeras en obtener nuevas tecnologías”. Y para llegar de primeros a algo, a veces no queda más remedio que encargarse uno mismo del trabajo preliminar.

Una misma situación, opciones distintas

Cuando la burbuja de la industria del software estalló en América, las empresas japonesas se vieron alcanzadas por sus efectos, y en medio de una dinámica generalizada de recortes presupuestarios y despidos, Ceccaroni decidió regresar a Europa. Antes de abandonar los Estados Unidos en el 2003, consiguió encontrar un nuevo trabajo en España, gracias a contactos que tenía dentro de la Universidad Ramón Llull, que “me pusieron en contacto con varias empresas”.

Entre ellas estaba TMT Factory, empresa barcelonesa que le ofreció un puesto de coordinador de investigación, para el cual Ceccaroni logró una subvención a través del P.T.Q. “La compañía te contrata, y parte de tu salario lo paga el gobierno durante un periodo máximo de tres años”, explica Ceccaroni. “Para los científicos está bien porque nos deja negociar mejores condiciones contractuales”.

Mientras tanto, la universidad en la que se había doctorado, la UPC, también le ofreció unpuesto de investigador. En esta ocasión, Ceccaroni decidió que no tendría que escoger entre empresa o mundo académico. Aceptó ambos trabajos a tiempo parcial.

Un pie en la industria...

En TMT Factory, Ceccaroni está coordinando un proyecto de un año, financiado con un millón de euros (en parte por el Ministerio español de Industria, Turismo y Comercio), para desarrollar una televisión interactiva adaptada a personas con necesidades especiales. Como en la actualidad, Ceccaroni es la única persona de TMT contratada para dedicarse exclusivamente en la investigación, y no habiendo por el momento ningún equipo de investigación trabajando en el proyecto, la mayor parte del trabajo lo realizan las universidades. Pero “ahora que la empresa comienza a crecer, contrataremos a otros investigadores”, dice Ceccaroni.

Su experiencia trabajando en una pequeña empresa española es completamente diferentea su vivencia previa en una multinacional. En TMT Factory, “nunca hacemos investigación del cielo azul; siempre investigamos cosas relacionados con el desarrollo de un proyecto concreto”. También hay menos libertad. “Tengo la libertad de proponer nuevos proyectos, pero las líneas de investigación principales las decide el jefe de la empresa”. El ritmo de trabajo es más rápido en su trabajo actual, algo que, según él, es típico de muchas empresas pequeñas. “Necesitan generar un mínimo de ingresos; necesitan sobrevivir”, dice Ceccaroni. “Siempre hay mucho que hacer, y uno siempre promete más de lo que puede hacer en realidad”.

... el otro trabajo en la universidad

El otro trabajo a tiempo parcial de Ceccaroni, en la UPC, es totalmente distinto. “Soy el jefe técnico de una parte de un proyecto” conocido como @LIS TechNET, que básicamente aspira a crear una red en directo entre Europa y América Latina, que constituya un nuevo entorno virtual e interactivo de aprendizaje. El papel de Ceccaroni dentro de este equipo de investigación consiste en desarrollar las tecnologías de vanguardia en las que basar este proyecto.

Una experiencia más rica

Mantener ambos proyectos, el de la empresa y el de la universidad, plantea retos específicos. “Para poder compatibilizar ambos empleos, se necesita flexibilidad”, dice Ceccaroni, así que negoció esta flexibilidad con antelación. “Para el proyecto en la universidad, tengo que viajar entre una y dos semanas al extranjero. La empresa tiene que aceptarlo, y viceversa”. A muchos científicos, en una situación como ésta, les preocuparía el estar diversificándose demasiado, pero Ceccaronicasi sólo le ve ventajas. “Desde luego, es una opción menos arriesgada que otras”, dice. “La experiencia también es doblemente rica, así que algo saldrá de ella al final”.

“Creo que la experiencia en la universidad es buena para trabajar en el sector de la industria”, dice Ceccaroni. Esta afirmación, según él, va en contra del mito prevalente en España, donde se dice que “los doctores no son apreciados” por las empresas. En base a la experiencia de Ceccaroni, “si tienes un nivel doctoral y un historial académico aceptable, normalmente sirves para la investigación. Es una especie de garantía para la empresa, a la hora de contratarte”.

De todas formas, según Ceccaroni, esta premisa no funciona en sentido contrario. “La universidad no tiene en alta consideración la experiencia investigadora en la industria”, dice. “Éste es un problema específico de España”. Según él, el prejuicio no está enteramente justificado. Después de todo, él ha averiguado por sí mismo que “si trabajas para una empresa grande, la calidad de la investigación es muy comparable a la de las universidades”. En cualquier caso, Ceccaroni piensa que hay mucho que aprender de la experiencia en la industria, incluso para aquellos decididos a proseguir la carrera académica.

El trabajo en una empresa, piensa Ceccaroni, te enseña a ser disciplinado, porque uno ha de seguir un proceso concreto, alcanzar metas específicas, trabajar en equipos y respetar el tiempo de los compañeros. También piensa que su experiencia le ha otorgado un mayor conocimiento del mercado laboral para los científicos, y confía en que el hecho de conocer las necesidades de los empresarios, le ayudará a enseñar mejor a los estudiantes universitarios.

Una situación en la que todo el mundo gana

Ceccaroni obtuvo recientemente un nuevo puesto en la UPC como profesor asociado, mientras que continúa sus actividades investigadoras. “El día que obtenga una plaza de titular, me plantearé abandonar la industria y quedarme sólo en la universidad. Pero el proceso llevará algún tiempo, y la situación puede cambiar”. Hasta ese día, Ceccaroni pretende mantener sus dos empleos a tiempo parcial y tener un pie en cada puerta. “Acepté este nuevo empleo a tiempo parcial – el de profesor asociado – para poder mantener el trabajo en la empresa, que está muy bien remunerado, y tener una buena situación financiera, para mantener a mi familia”.

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