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Sobre la ética: introducción

CRISPIN TAYLOR

ESTADOS UNIDOS

12/05/00

Como científico, trabaje donde trabaje, ¿con cuánta frecuencia se para a pensar sobre asuntos relativos a la ética? No estoy pensando tanto en el plagio o en la alteración de datos (todos sabemos que este tipo de comportamientos no son éticos) como en la posibilidad de que su investigación sobre, digamos, los mecanismos de replicación viral, puedan un día ser utilizados para propagar un arma biológica letal. O que sus esfuerzos por seguir miniaturizando artilugios electrónicos acaben creando nanomáquinas auto-replicadoras capaces de devastar nuestro medio ambiente. ¿Y qué pasa con el proyecto Genoma Humano? ¿Qué tipo de consideraciones éticas deben tenerse en cuenta a la hora de determinar cómo utilizar toda esa información para tomar decisiones médicas?

Lo más probable es que, con el mucho trabajo que tendrá que sacar adelante cada día, le cueste concentrar parte de su energía en éstos y otros “grandes debates” de la ciencia y la sociedad. Pero esta inactividad entraña peligros. Si todos cerramos los ojos al mismo tiempo, la humanidad podría desembocar en un punto problemático sin retorno.

Es por ello que Next Wave quiere poner a su disposición – a lo largo de los próximos meses – una serie de artículos, monográficos e historias que giran en torno a interrogantes éticos que se plantean en el ámbito de la ciencia. Comenzamos esta semana con varias entrevistas a prominentes científicos de las áreas de las ciencias biosanitarias, la física y la tecnología informática.

Entre otros artículos (los de Sarah Tilley y Jennifer Wong, por ejemplo) pronto tendremos también un artículo de Francis Collins, Director del National Human Genome Research Institute. Collins habló largo y tendido con dos representantes de Next Wave, Trinnia Simmons y Judy Stenger, sobre el desarrollo de su carrera profesional, su opinión acerca de las características del mercado laboral actual para los biólogos y (ésta en la parte que más nos interesaba) las implicaciones éticas del proyecto Genoma Humano. ¿Cuándo, por ejemplo, debería utilizarse el conocimiento adquirido a partir de los esfuerzos de secuenciación, para el desarrollo de nuevas pruebas de diagnóstico para enfermedades genéticas? ¿Y cuándo deberían utilizarse estas pruebas? ¿Quién, por otra parte, debería tomar estas decisiones?

La redactora de Next Wave, Melissa Mertl, entrevistó a Harold Varmus, ex-director de los National Institutes of Health (Institutos Nacionales de Salud), durante una sesión cara a cara organizada por el Gene Media Forum. Varmus no cree que debamos preocuparnos innecesariamente por la creación de nuevas armas biológicas y sugiere que la comunidad científica se centre en el desarrollo de pruebas de diagnóstico rápido para las amenazas ya existentes, como el antrax o la viruela. Varmus reconoce, no obstante, que hemos de poner en práctica estrategias políticas para minimizar las probabilidades del bioterrorismo.

Localizado vía email, Billy Joy, científico jefe de Sun Microsystemsy autor del artículo "Why the Future Does Not Need Us" [Por qué el futuro ya no nos necesita], publicado en el número de abril de la revista Wired, le dijo a los redactores de Next Wave que no coincidía con las afirmaciones de Varmus. Joy declaró en Wired y en una conferencia pública que tuvo lugar en la National Science Foundation (NSF) el 5 de mayo de este año que la amenaza más inmediata que nos acecha es que la distribución instantánea y no restringida de información – la materia prima de los futuros avances científicos, tanto beneficiosos como perjudiciales – vía Internet pondrá, de manera inevitable, las herramientas de la destrucción en manos de personas tanto equilibradas como desequilibradas. “¿Podemos sobrevivir a nuestras tecnologías?”, se pregunta Joy.

Enfrentados a estos dilemas, ¿qué se supone que debemos hacer nosotros?

Joseph Rotblat, participante en el Proyecto Manhattan entre 1930 y principios de la década de los cuarenta, hizo eco de las preocupaciones de Joy durante una entrevista realizada por Mertl el año pasado. Aunque Roblat reconoció que el prestar atención a la ética puede ser perjudicial para la propia carrera profesional, siente encarecidamente que todos los científicos tienen la obligación de responder al llamamiento de 1955 de Bertrand Russell y Albert Einstein de que “nos acordemos de nuestra humanidad y olvidemos todo lo demás”.

Y para animar a los científicos a que consideren seriamente las implicaciones éticas de su trabajo, el Instituto Nacional de Investigación Genoma Humano, dirigido por Collins, y otras agencias de financiación, han estado desarrollando convocatorias de becas para programas en torno a la ética. Algunos de los programas los describe el redactor de Next Wave Vid Mohan-Ram en el artículo que ha escrito para este monográfico.

Joy va mucho más allá. “La única alternativa realista que veo es la renuncia: limitar el desarrollo de tecnologías demasiado peligrosas, limitar nuestro empeño por alcanzar determinados tipos de conocimiento”, afirmó Joy en Wired. En la conferencia que dio en los NSF, Joy declaró que en la actualidad se niega a trabajar en el campo de la nanotecnología, y aunque admite que no está cualificado para trabajar en el área de la genética, sugirió que tampoco lo haría aunque tuviese la oportunidad.

Todas estas ideas suenan muy bien, ¿pero son realistas? ¿Puede una persona impedir, realmente, un nuevo tipo de carrera de armas científicas? ¿Es posible que las ventajas de los avances científicos pudiesen ser superiores a los riesgos inherentes al proceso? Habiendo tanta competitividad en el mundo científico, ¿podemos los científicos permitirnos el tiempo de considerar los usos potenciales de nuestra investigación? ¿Podemos, a la vez, permitirnos no hacerlo?

El equipo editorial de Next Wave está dedicándole tiempo a estas cuestiones, y esperamos que usted, lector, también lo haga. ¿Puede funcionar la propuesta de Rotlab y de Joy de que asumamos nuestra “responsabilidad personal”? Háganos llegar su opinión.

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