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El otro lado de la entrevista

PETER FISKE

28/01/00

La mayoría de las personas - inclusive los jóvenes científicos - creen que las entrevistas de trabajo constituyen un proceso unidireccional. Usted, el entrevistado, se presenta de la mejor manera posible, mientras que el entrevistador le evalúa en relación a los demás finalistas. Esto es sólo la mitad de la historia.

Aunque las entrevistas de trabajo están bajo el control del empleador, la información y la evaluación forman un proceso bidireccional. El candidato al empleo no sólo está siendo entrevistado; también está entrevistando a la empresa. Al igual que el entrevistador, usted, el entrevistado, también debe estar alerta, en búsqueda de señales que le indiquen si ese trabajo, y esa empresa, constituyen, o no, la buena oportunidad que buscaba. Sólo hay algo peor que perder un gran trabajo: aceptar un trabajo que acabe siendo una pesadilla.

El bueno, el malo y el feo

La forma de gestionar el proceso de las entrevistas por parte de una empresa es un indicador importante de cómo ésta valora a sus trabajadores. Algunas organizaciones son conscientes de que, con toda probabilidad, los mejores candidatos tendrán varias ofertas. Si quieren contratar a los mejores, tendrán que venderse bien. Las mejores empresas intentan dejar una buena impresión en todos los candidatos. Conocen el valor de las personas y tienden a tener un lugar de trabajo y una mano de obra que lo refleja.

Muchas otras empresas, sin embargo, no se dan cuenta de la importancia de dar una buena impresión. Algunas consideran que son tan excepcionales, o que el mercado laboral está tan mal, que no tienen ni que intentar mostrar su mejor cara. (Las universidades suelen caracterizarse por esto...).

La mayoría de los buscadores de empleo están tan radiantes cuando obtienen una entrevista que son capaces de soportar prácticamente cualquier comportamiento por parte del entrevistador o la empresa. No son consciente de que los valores y las capacidades de la organización se ven reflejadas en el mismo proceso de la entrevista. La entrevista es, de hecho, una ventana al alma de la empresa.

Cómo ser un buscador de empleo froidiano

Como cualquier buen psicoanalista, deberá acudir a la entrevista de trabajo con actitud de búsqueda de esas claves que le permitan comprender la psicología de la empresa en cuestión. He aquí un pequeño listado de preguntas que le interesará tener en cuenta:

1) ¿Cómo de organizado está el proceso de entrevistas?
2) ¿Cómo se comportan los entrevistadores?
3) ¿Qué le cuentan sobre ellos?
4) ¿Qué le preguntan?

Algunas empresas son muy eficientes. Los finalistas son notificados en la fecha señalada. La información relevante para el día de la entrevista es enviada a los candidatos que serán entrevistados con la debida anterioridad. El día de la entrevista, los candidatos reciben un itinerario con las reuniones que tendrán que mantener a lo largo de la jornada y todos los entrevistadores se han estudiado los dosiers de cada candidato. Después de la entrevista, los candidatos son informados de cuándo estarán listos los resultados del proceso de selección, y estos resultados se hacen públicos el día previamente indicado. Una organización de este tipo claramente valora a las personas y su tiempo. Son eficaces, organizadas y (lo más importante) utilizan sus recursos para hacer las cosas bien.

Considere la alternativa. La organización tarda meses en elaborar la lista de personas que pasarán a la fase de entrevistas. Los candidatos no reciben ningún tipo de información sobre las personas con las que se van a entrevistar, y los entrevistadores acuden a la entrevista distraídos y sin preparación alguna sobre los candidatos. Tras la entrevista, la organización retrasa la toma de la decisión final, haciendo esperar a los finalistas (esto es, a aquellos que no hayan optado ya por una oportunidad mejor) de forma indefinida. Una organización de este tipo no valora demasiado a las personas y puede no tener los recursos necesarios para hacer las cosas mejor. Si son tan pobres que son incapaces de organizar bien un proceso de selección, ¿me pregunto qué posibilidades habrá de obtener financiación para una nueva iniciativa?

La organización de las personas durante el proceso de la entrevista también habla por sí misma, y bien alto, de los valores que encarna la empresa. Algunas organizaciones muestran una cara amistosa y positiva y todos los que entrevistan a los candidatos se esfuerzan por mencionar los valores de la organización que representan. Otras empresas presentan un lado más duro, de confrontación. Las peores organizaciones son descuidadas y poco profesionales. Por poner un ejemplo, podrían dejar a un candidato esperando en una sala durante más de cuarenta y cinco minutos porque una de las personas que iba a entrevistarlo olvidó la cita. ¿Qué cree que dice eso del modo en que se gestionan las cosas en esa casa?

Finalmente, el candidato que está siendo entrevistado, y que observa, puede aprender muchísimo escuchando lo que los entrevistadores dicen sobre su empresa. ¿Transmiten todos los entrevistadores un mensaje consistente? ¿Están todos ellos satisfechos con su trabajo? Un amigo mío fue testigo de cómo, a lo largo de toda una entrevista, uno de sus entrevistadores no dejó de quejarse porque no había conseguido, un año más, su tan ansiado ascenso... A otra amiga, tres de las cinco personas que le entrevistaron le dijeron, como respuesta a su pregunta de cuándo sabría si sería seleccionada o no, que la empresa era tan caótica que no tenían ni idea, literalmente, de qué es lo que pasaría después. ¡No me digan que no les resulta irresistible la idea de trabajar en sitios como éstos!

Los entrevistadores también pueden revelar inconsistencias interesantes entre la imagen externa de la organización y su auténtica psicología interna. Por ejemplo, la empresa u organización puede afirmar que valora la investigación y el desarrollo, pero sus verdaderas prioridades pueden manifestarse en las conversacions que usted mantenga con sus trabajadores. Habitualmente, al final de la entrevista, el entrevistador le preguntará si tiene alguna pregunta. Plantéeles la siguiente cuestión: "¿Qué es lo mejor de trabajar aquí?", y observe su reacción. ¿Les sorprende la pregunta? ¿Les cuesta responderla? Si la contestan, ¿valora usted como positivo la característica de la empresa que enfatizó su entrevistador?

Finalmente, las preguntas que le hagan a usted serán, también, enormemente reveladoras; le darán datos acerca de la opinión que los entrevistadores tienen de usted y también, en líneas generales, de su modo de ver a los empleados. Algunas empresas subrayan la importancia del trabajo en equipo y de la solidaridad y la actitud de cooperación que ha de haber entre los trabajadores. Algunas incluso llegarán a evaluar, mediante tests de distintos tipos, su carácter y personalidad, con el fin de dar con alguien que se adapte, y complemente, al grupo. Otras organizaciones se limitarán a hacerle preguntas técnicas. En estos casos, deberá preguntarse si también le dan importancia a otras dimensiones del trabajo.

Escuche su voz interna

Si la entrevista le deja un sabor amargo, raro, de la empresa en cuestión, quizás su subconsciente esté tratando de decirle algo. Puede que la descripción del puesto suene bien, pero que el entorno de trabajo no sea el adecuado. ¡Escuche su voz interior! Por muy desesperado que esté, siempre habrá otras oportunidades. El trabajo, como el matrimonio, no es algo en el que se deba entrar a la ligera.

Para concluir, lean la historia de la primera entrevista de mi amigo Johannes:

Era un joven ingeniero, tenía veinticuatro años y me convocaron para una entrevista en una empresa tecnológica recién creada, un start-up, en el Silicon Valle (California, EE.UU.). La empresa en cuestión estaba en manos privadas y empleaba a unas sesenta personas. Las entrevistas me fueron realmente bien y me dio la sensación de que congenié mucho con todos. No obstante, durante toda el proceso de entrevistas me pasó algo curioso: cada vez que preguntaba a algun entrevistador si podía conocer al dueño de la empresa, me esquivaban la respuesta. Algunos incluso mostraban nerviosismo. No entendía nada. Finalmente, uno de los tipos con los que hablé se me acercó y me dijo que el jefe tenía un momento libre y que podría conocerlo. El dueño de la empresa, un señor de cincuenta y muchos, me miró de arriba a abajo y me preguntó qué edad tenía. "24", le contesté. "No tiene suficiente experiencia", replicó con rotundidad, volviendo a lo suyo. Me quedé sin habla. El tipo que me había llevado hasta el despacho, trató de restarle importancia al comentario, pero tras unas cuantas semanas recibí una carta anunciándome que no había sido seleccionado. Me hundí.

Unos dos años más tarde, me topé con el señor que me había entrevistado y me volví a presentar. Resultó que se acordaba perfectamente de mí. Había abandonado la empresa en cuestión unos seis meses después de haberme entrevistado. "El jefe era un auténtico lunático", me confesó. "No hacía nada más a lo largo del día aparte de correr de un lado a otro y chillar a la gente. Se ponía metas inacanzables, prometía cosas a los clientes que luego nos resultaba imposible cumplir y hacía de nuestras vidas un auténtico infierno. Una de nuestras compañeras hasta tuvo un ataque de nervios. Usted es el tipo más afortunado del mundo. Todos estábamos preparados para contratarle hasta que insistió tanto en conocer al jefe...".

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