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Aunque las entrevistas
de trabajo están bajo el control
del empleador, la información y
la evaluación forman un proceso
bidireccional. El candidato al empleo
no sólo está siendo entrevistado;
también está entrevistando
a la empresa. Al igual que el entrevistador,
usted, el entrevistado, también
debe estar alerta, en búsqueda
de señales que le indiquen si ese
trabajo, y esa empresa, constituyen, o
no, la buena oportunidad que buscaba.
Sólo hay algo peor que perder un
gran trabajo: aceptar un trabajo que acabe
siendo una pesadilla.
El bueno, el malo
y el feo
La forma de gestionar
el proceso de las entrevistas por parte
de una empresa es un indicador importante
de cómo ésta valora a sus
trabajadores. Algunas organizaciones son
conscientes de que, con toda probabilidad,
los mejores candidatos tendrán
varias ofertas. Si quieren contratar a
los mejores, tendrán que venderse
bien. Las mejores empresas intentan dejar
una buena impresión en todos los
candidatos. Conocen el valor de las personas
y tienden a tener un lugar de trabajo
y una mano de obra que lo refleja.
Muchas otras empresas,
sin embargo, no se dan cuenta de la importancia
de dar una buena impresión. Algunas
consideran que son tan excepcionales,
o que el mercado laboral está tan
mal, que no tienen ni que intentar mostrar
su mejor cara. (Las universidades suelen
caracterizarse por esto...).
La mayoría
de los buscadores de empleo están
tan radiantes cuando obtienen una entrevista
que son capaces de soportar prácticamente
cualquier comportamiento por parte del
entrevistador o la empresa. No son consciente
de que los valores y las capacidades de
la organización se ven reflejadas
en el mismo proceso de la entrevista.
La entrevista es, de hecho, una ventana
al alma de la empresa.
Cómo ser
un buscador de empleo froidiano
Como cualquier buen
psicoanalista, deberá acudir a
la entrevista de trabajo con actitud de
búsqueda de esas claves que le
permitan comprender la psicología
de la empresa en cuestión. He aquí
un pequeño listado de preguntas
que le interesará tener en cuenta:
1) ¿Cómo
de organizado está el proceso de
entrevistas?
2) ¿Cómo se comportan los
entrevistadores?
3) ¿Qué le cuentan sobre
ellos?
4) ¿Qué le preguntan?
Algunas empresas
son muy eficientes. Los finalistas son
notificados en la fecha señalada.
La información relevante para el
día de la entrevista es enviada
a los candidatos que serán entrevistados
con la debida anterioridad. El día
de la entrevista, los candidatos reciben
un itinerario con las reuniones que tendrán
que mantener a lo largo de la jornada
y todos los entrevistadores se han estudiado
los dosiers de cada candidato. Después
de la entrevista, los candidatos son informados
de cuándo estarán listos
los resultados del proceso de selección,
y estos resultados se hacen públicos
el día previamente indicado. Una
organización de este tipo claramente
valora a las personas y su tiempo. Son
eficaces, organizadas y (lo más
importante) utilizan sus recursos para
hacer las cosas bien.
Considere la alternativa.
La organización tarda meses en
elaborar la lista de personas que pasarán
a la fase de entrevistas. Los candidatos
no reciben ningún tipo de información
sobre las personas con las que se van
a entrevistar, y los entrevistadores acuden
a la entrevista distraídos y sin
preparación alguna sobre los candidatos.
Tras la entrevista, la organización
retrasa la toma de la decisión
final, haciendo esperar a los finalistas
(esto es, a aquellos que no hayan optado
ya por una oportunidad mejor) de forma
indefinida. Una organización de
este tipo no valora demasiado a las personas
y puede no tener los recursos necesarios
para hacer las cosas mejor. Si son tan
pobres que son incapaces de organizar
bien un proceso de selección, ¿me
pregunto qué posibilidades habrá
de obtener financiación para una
nueva iniciativa?
La organización
de las personas durante el proceso de
la entrevista también habla por
sí misma, y bien alto, de los valores
que encarna la empresa. Algunas organizaciones
muestran una cara amistosa y positiva
y todos los que entrevistan a los candidatos
se esfuerzan por mencionar los valores
de la organización que representan.
Otras empresas presentan un lado más
duro, de confrontación. Las peores
organizaciones son descuidadas y poco
profesionales. Por poner un ejemplo, podrían
dejar a un candidato esperando en una
sala durante más de cuarenta y
cinco minutos porque una de las personas
que iba a entrevistarlo olvidó
la cita. ¿Qué cree que dice
eso del modo en que se gestionan las cosas
en esa casa?
Finalmente, el candidato
que está siendo entrevistado, y
que observa, puede aprender muchísimo
escuchando lo que los entrevistadores
dicen sobre su empresa. ¿Transmiten
todos los entrevistadores un mensaje consistente?
¿Están todos ellos satisfechos
con su trabajo? Un amigo mío fue
testigo de cómo, a lo largo de
toda una entrevista, uno de sus entrevistadores
no dejó de quejarse porque no había
conseguido, un año más,
su tan ansiado ascenso... A otra amiga,
tres de las cinco personas que le entrevistaron
le dijeron, como respuesta a su pregunta
de cuándo sabría si sería
seleccionada o no, que la empresa era
tan caótica que no tenían
ni idea, literalmente, de qué es
lo que pasaría después.
¡No me digan que no les resulta
irresistible la idea de trabajar en sitios
como éstos!
Los entrevistadores
también pueden revelar inconsistencias
interesantes entre la imagen externa de
la organización y su auténtica
psicología interna. Por ejemplo,
la empresa u organización puede
afirmar que valora la investigación
y el desarrollo, pero sus verdaderas prioridades
pueden manifestarse en las conversacions
que usted mantenga con sus trabajadores.
Habitualmente, al final de la entrevista,
el entrevistador le preguntará
si tiene alguna pregunta. Plantéeles
la siguiente cuestión: "¿Qué
es lo mejor de trabajar aquí?",
y observe su reacción. ¿Les
sorprende la pregunta? ¿Les cuesta
responderla? Si la contestan, ¿valora
usted como positivo la característica
de la empresa que enfatizó su entrevistador?
Finalmente, las preguntas
que le hagan a usted serán, también,
enormemente reveladoras; le darán
datos acerca de la opinión que
los entrevistadores tienen de usted y
también, en líneas generales,
de su modo de ver a los empleados. Algunas
empresas subrayan la importancia del trabajo
en equipo y de la solidaridad y la actitud
de cooperación que ha de haber
entre los trabajadores. Algunas incluso
llegarán a evaluar, mediante tests
de distintos tipos, su carácter
y personalidad, con el fin de dar con
alguien que se adapte, y complemente,
al grupo. Otras organizaciones se limitarán
a hacerle preguntas técnicas. En
estos casos, deberá preguntarse
si también le dan importancia a
otras dimensiones del trabajo.
Escuche su voz
interna
Si la entrevista
le deja un sabor amargo, raro, de la empresa
en cuestión, quizás su subconsciente
esté tratando de decirle algo.
Puede que la descripción del puesto
suene bien, pero que el entorno de trabajo
no sea el adecuado. ¡Escuche su
voz interior! Por muy desesperado que
esté, siempre habrá otras
oportunidades. El trabajo, como el matrimonio,
no es algo en el que se deba entrar a
la ligera.
Para concluir, lean
la historia de la primera entrevista de
mi amigo Johannes:
Era un joven ingeniero,
tenía veinticuatro años
y me convocaron para una entrevista en
una empresa tecnológica recién
creada, un start-up, en el Silicon Valle
(California, EE.UU.). La empresa en cuestión
estaba en manos privadas y empleaba a
unas sesenta personas. Las entrevistas
me fueron realmente bien y me dio la sensación
de que congenié mucho con todos.
No obstante, durante toda el proceso de
entrevistas me pasó algo curioso:
cada vez que preguntaba a algun entrevistador
si podía conocer al dueño
de la empresa, me esquivaban la respuesta.
Algunos incluso mostraban nerviosismo.
No entendía nada. Finalmente, uno
de los tipos con los que hablé
se me acercó y me dijo que el jefe
tenía un momento libre y que podría
conocerlo. El dueño de la empresa,
un señor de cincuenta y muchos,
me miró de arriba a abajo y me
preguntó qué edad tenía.
"24", le contesté. "No
tiene suficiente experiencia", replicó
con rotundidad, volviendo a lo suyo. Me
quedé sin habla. El tipo que me
había llevado hasta el despacho,
trató de restarle importancia al
comentario, pero tras unas cuantas semanas
recibí una carta anunciándome
que no había sido seleccionado.
Me hundí.
Unos dos
años más tarde, me topé
con el señor que me había
entrevistado y me volví a presentar.
Resultó que se acordaba perfectamente
de mí. Había abandonado
la empresa en cuestión unos seis
meses después de haberme entrevistado.
"El jefe era un auténtico
lunático", me confesó.
"No hacía nada más
a lo largo del día aparte de correr
de un lado a otro y chillar a la gente.
Se ponía metas inacanzables, prometía
cosas a los clientes que luego nos resultaba
imposible cumplir y hacía de nuestras
vidas un auténtico infierno. Una
de nuestras compañeras hasta tuvo
un ataque de nervios. Usted es el tipo
más afortunado del mundo. Todos
estábamos preparados para contratarle
hasta que insistió tanto en conocer
al jefe...".
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