|
Las
primeras impresiones son realmente importantes.
Siempre lo he sabido. Cuando entrevisto
a candidatos que meten la pata, por torpeza,
durante los primeros minutos de conversación,
soy consciente de lo duro que les resulta
volver a encauzarse correctamente. También
sé que los jefes de selección
de personal toman sus decisiones en el
nivel subconsciente mucho antes materializarlas
formalmente mediante el contrato. Entonces,
¿por qué me sorprendió
tanto el artículo escrito en mayo
del 2000 por el columnista Malcolm Gladwell
sobre el poder de las primeras impresiones?
Pues porque aprendí que todo lo
que sabía sobre el tema no era
más que la punta del iceberg; la
realidad es mucho peor que lo que jamás
hubiera imaginado.
Parece ser que la
gente realmente se hace una imagen
de usted en tan sólo unos segundos.
Puede que ni sean consciente de ello,
pero en apenas unos momentos tras haber
iniciado una conversación, ya se
ha emitido su sentencia. Revisando toda
la bibliografía escrita sobre el
tema, Gladwell concluye que, a menudo,
los primeros segundos de la entrevista
son los decisivos. Como consultor que
se dedica a formar tanto a empresarios
/ seleccionadores de personal como a solicitantes
de empleo en varios aspectos del proceso
de entrevista, la verdad es que no puedo
evitar sentirme un tanto impotente.
¿Es cierto
entonces que el resultado de las entrevistas
se ve determinado por las primeras impresiones?
La historia del
The New Yorker
En su columna, Gladwell
describe lo que el considera que es una
nueva tendencia dentro de los círculos
de contratación: en lugar de basar
sus decisiones en el clásico enchufismo
("empleo al que conozco") los
empleadores contratarían a uno
u otro candidato en base a una serie de
decisiones subconscientes tomadas en las
primeras fases del proceso de contratación.
El artículo de Gladwell comienza
con una historia real de dos personas
que se conocieron muy brevemente: un estudiante
de tecnología de la información
de la Universidad de Harvard, llamado
Nolan, y el presidente ejecutivo de Microsoft,
Steve Ballmer.
Nolan conoce a Ballmer
cuando éste último acude
a Harvard a dar una breve presentación.
En un breve intervalo pregunta - respuesta
de dos minutos de duración, se
plantó la semilla. Ésta
germinó, brotó y echo flor
más tarde ese mismo día
cuando un seleccionador de personal de
Microsoft se acercó a Nolan y le
dijo: "A Steve Ballmer le gustaría
tener su correo electrónico".
Intercambian direcciones de e-mail.
Ballmer incluso llama a Nolan a su habitación
del colegio mayor, ofreciéndole
ser su mentor. Tras una serie de interacciones
vía telefónica e Internet,
Nolan decide empezar a trabajar en una
start-up (empresa incipiente),
y no en Microsoft.
¿Qué
convenció a este presidente ejecutivo
de una empresa con un valor aproximado
de 4.000 millones de dólares americanos
que era Nolan, y no ninguno de sus muchos
compañeros de carrera, el estudiante
al que valía la pena seguirle la
pista? ¿Qué tenía
Nolan que hiciese que Ballmer se esforzase
por ir desarrollando su relación
con él? Tal y como precisa Malcolm
Gladwell en su artículo, Ballmer
sabía muy poco de este alumno de
último año de carrera. Sólo
tenía esa "fotografía
instantánea", sacada en el
momento de su conversación, además
de intuición y agallas. En otras
palabras: lo único que tenía
era una primera impresión.
Investigación
en torno al proceso subconsciente de toma
de decisiones
Hace unos años,
Nalini Ambady y Robert Rosenthal, psicólogos
experimentales de la Universidad de Harvard,
analizaron los aspectos no verbales de
la "buena enseñanza".
Grabaron a varios profesores de su institución
educativa dando clase y luego les mostraron
fragmentos mudos, de diez segundos de
duración, de cada profesor, a una
serie de observadores externos, que tuvieron
que puntuar a los diferentes docentes
en quince facetas diferentes correspondiente
a quince rasgos de la personalidad. Incluso
cuando Ambady redujo la duración
de las grabaciones a cinco segundos, y
hasta a dos segundos, las puntuaciones
fueron las mismas. Todo los rasgos resaltables
de los profesores se definían,
aparentemente, en los dos primeros
segundos de sus respectivas actuaciones.
Y ahora va la parte
que da más miedo: Ambady y Rosenthal
descubrieron que las conclusiones que
saca una persona después de ver
un vídeo clip de dos segundos de
un profesor desconocido son muy semejantes
a las conclusiones alcanzadas por un grupo
de estudiantes tras haber tenido clases
durante todo un semestre con ese mismo
profesor.
Otro proyecto de
investigación, éste llevado
a cabo por Frank Bernieri, de la Universidad
de Toledo, en Ohio (EE.UU.), se centró
en las primeras impresiones en el contexto
de las entrevistas de trabajo. Este investigador
escogió a dos participantes para
que hiciesen de entrevistadores y los
formó profesionalmente durante
seis meses en técnicas de entrevista.
A continuación, estas dos personas
entrevistaron a unos cien individuos y
rellenaron amplios cuestionarios de seis
páginas de extensión sobre
cada uno. El objetivo de Bernieri era
determinar la existencia de "peculiaridades"
capaces de congraciar a los candidatos
con los entrevistadores.
Bernieri no consiguió
demostrar esta hipótesis. Parece
ser que no existen trucos concretos que
garanticen el éxito de una entrevista.
No obstante, una
de las alumnas de Bernieri le preguntó
si podía utilizar las grabaciones
de las entrevistas de su experimento con
otra finalidad. Había oído
que "el apretón de manos lo
era todo" y quería poner a
prueba este viejo proverbio. Utilizando
fragmentos de las grabaciones, de quince
segundos de duración, en los que
se mostraba a los candidatos llamando
a la puerta, apretándole la mano
al entrevistador, y siendo saludados por
éste, le pidió a un grupo
de nuevos participantes que puntuasen
a cada candidato en función de
los mismos criterios que habían
empleado los dos entrevistadores previamente
formados para este fin.
"En nueve de
los once rasgos de la personalidad en
los que los candidatos estaban siendo
puntuados, este nuevo grupo de observadores
fue capaz de predecir, de forma significativa,
el resultado de la entrevista", señaló
Bernieri al periodista de The New Yorker.
"Las correlaciones observadas fueron,
de verdad, extraordinarias".
Esta conclusión
es realmente preocupante. Aquí
teníamos a dos entrevistadores,
bien formados, que sabían exactamente
lo qué buscaban y qué hacer
para obtener (cumplimentando un amplio
cuestionario dividido en cinco partes)
una información completa e imparcial
sobre cada candidato... y luego llegan
unos extraños que ven fragmentos
de vídeo de quince segundos y llegan
a conclusiones semejantes.
Nos quedamos con
la sensación de que el proceso
formal de la entrevista, como tal, no
deja de ser poco más que una gran
maniobra artificiosa. A pesar de las técnicas
y fórmulas de cortesía,
todo parece reducirse a una cuestión
de instinto visceral.
¿Qué
se puede hacer al respecto?
Es obvio que la persona
mejor cualificada no siempre obtiene la
oferta. En su lugar, es la persona cualificada
que da la primera impresión
adecuada la que la obtiene. ¿Así
que qué puede hacer para optimizar
su situación? No encontrará
aquí ningún truco ni fórmula
mágica, porque opino que uno puede
dar una buena primera impresión
simplemente mostrando el mejor lado de
sí mismo. Es difícil "fingir"
en una entrevista con el fin de causar
una buena primera impresión. Quizás
el mejor consejo sea entonces que dado
que no se puede hacer nada al respecto,
pues sólo queda ser uno mismo.
Pienso que resulta hasta liberadora la
idea de no tener que desempeñar
ningún papel ni aparentar que se
es algo que no se es.
Y, sin embargo, esto
consejo podría llevar a algunos
a entrar en la sala de entrevistas con
la actitud de "Aquí estoy;
o me toman o me dejan". ¡Qué
gran error! Le pedí a Bernieri,
que ahora es jefe del departamento de
Psicología de la Oregon State
University, consejo en este sentido.
Bernieri es una de las principales autoridades
a nivel mundial en el campo de la comunicación
no verbal: A continuación expongo
sus recomendaciones:
- Hágase un
mejor candidato a causar una buena primera
impresión: "Aunque las primeras
impresiones son, sin duda, irracionales,
hay una serie de cosas que puede hacer
antes de la entrevista para aumentar sus
probabilidades de causar una buena primera
impresión. Por ejemplo, el estar
bien vestido y aseado y peinado está
bajo su control. No puede ni imaginarse
el impacto que tiene la vestimenta en
la primera impresión".
- El "efecto
contraste" influirá en la
impresión sobre usted que tenga
el entrevistador: "No olvide que
un entrevistador puede llegar a ver hasta
a doce personas o más cada día.
Él o ella recordará a los
que sobresalen por algo, ya sea bueno
o malo. Las diferencias individuales salen
a la luz en las entrevistas. Si los entrevistadores,
por ejemplo, están habituados a
ver gente con zapatillas deportivas, sus
zapatos de vestir le resultarán
de lo más memorables".
- El apretón
de manos está bajo su control:
"Soy el primero que admito que cuando
uno no puede controlar una variable, lo
mejor que puede hacer es dejar de preocuparse
por ella, pero este elemento crucial que
forma parte del contexto de la primera
impresión sí que puede ser
practicado. Lo importante no es la fuerza
con la que estreche la mano a su entrevistador;
se trata de conseguir que las manos encajen,
sintonicen, de tal forma que el entrevistador
no apriete solamente un montón
de dedos. En nuestros estudios, los varones
siempre obtienen mejores puntuaciones
en los apretones de manos que las mujeres,
pero esto se debe a que, por lo general,
han tenido mucha más práctica".
Los animales y
también los humanos
Hay algo que podría
calificarse de "prehistórico"
en esta habilidad innata que tienen las
personas para emitir juicios basándose
en lo subconsciente. Me recuerda a cómo
algunos animales responden frente a personas
en encuentros entre seres humanos y fauna
salvaje.
Cuando me trasladé
a Arizona hace unos veinte años,
me dijeron que tuviese cuidado con las
jabalinas. Estos animales, parecidos a
los jabalís salvajes, pueden llegar
a pesar hasta cincuenta kilos de peso,
y tienen largos colmillos y una conducta
a menudo desagradable. Por lo general,
las jabalinas sólo reaccionan si
se sienten amenazadas, o si los seres
humanos con los que se topan empiezan
a chillar para pedir socorro. Un día,
estaba con mi familia haciendo senderismo
cuando, de repente, giramos en un recodo
del camino y nos encontramos con que estábamos
en medio de una manada de estas criaturas
- habría unas treinta en total,
incluyendo crías. Al principio
tuvimos bastante miedo, pero pronto nos
invadió una curiosa sensación
de serenidad. Pudimos observar como el
macho pasaba del enfado a una actitud
de pausada alerta, conforme comprobaba
que no había signo alguno de hostilidad
por nuestra parte. Las jabalinas continuaron
pastando a centímetros de distancia
de nuestras piernas y después siguieron
su camino.
La investigaciones
comunicadas en The New Yorker muestran
que la mayoría de nosotros tenemos
esta misma habilidad, inexplicada y preracional,
de tomar decisiones en relación
a otras criaturas. Aunque esto no presagia
gran cosa en el proceso de entrevista,
sí que demuestra que no está
nada de más portar una actitud
suave y relajada a la sala de la entrevista.
Y un buen apretón
de manos tampoco sobra.
|