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Veamos, los hombres
lo tienen bastante fácil a la hora
de hacerse con un vestuario formal. Las
normas en lo que se refiere a los trajes
de caballero están bien establecidas
y las distintas partes de las que se compone
un vestuario formal para hombre están
muy claras, son sencillas y perfectamente
intercambiables. Los estilos de los trajes
de caballero apenas cambian con el tiempo,
de ahí que las prendas más
clásicas nunca lleguen a estar
del todo obsoletas (salvo posiblemente
las de la década de los 70). Aún
así, a menudo los hombres se las
arreglan para meter la pata. Si no me
creéis, no tenéis más
que ir a una conferencia científica
y ver cómo visten algunos. ¡Buf!
Por el contrario, las mujeres científicas
se enfrentan a todo un reto cuando se
proponen reunir un vestuario formal, pues
deben explorar una gama mucho más
amplia de estilos, colores y diseños
adecuados. Además, las modas en
los diseños femeninos cambian a
velocidades asombrosas. Por si esto fuera
poco, las mujeres también deben
tener en cuenta la impresión que
causará su ropa en los demás,
especialmente en un entorno de predominio
masculino como es el de la ciencia. Por
desgracia, las mujeres todavía
tienen que transmitir y lograr con su
vestimenta el doble que los hombres y
todo ello por el mismo, o incluso menos,
dinero.
De ningún modo me habría
atrevido a escribir un artículo
como éste yo solo, así que
pedí ayuda a la única persona
que sé "de buena tinta"
que posee una enorme experiencia comprando
ropa de mujer; una verdadera amazona de
las compras. Me refiero, por supuesto,
a... ¡mi esposa, Alison!
Juntos, salimos de compras con nuestra
rata de laboratorio de la costa oeste,
Jen Nauen.
Jen acaba de terminar su doctorado en
biomecánica en Scripps y está
a punto de comenzar su investigación
posdoctoral en la Universidad de California,
en Irvine. Tiene alguna experiencia laboral,
que adquirió en la Agencia para
la Protección del Medioambiente
(EPA) y en el museo de ciencias, por lo
que está familiarizada con la vestimenta
formal. Su objetivo: encontrar un conjunto
con estilo y, a la vez, versátil,
que resulte apropiado tanto en una conferencia
científica como en un entorno de
trabajo más informal o en una entrevista
para un puesto académico; en otras
palabras, el traje ideal.
Cuando Jen se reunió con nosotros,
vestía el típico "uniforme"
de estudiante de Scripps: camiseta de
manga corta, pantalones cortos y sandalias.
¡Qué adorables son las escuelas
del sur de California!
Sin embargo, puesto que íbamos
a comprar ropa formal, también
se trajo unas bailarinas (traducción
para los chicos: tipo de zapato). Cuando
se va de compras, resulta bastante útil
llevar puesta ropa o complementos similares
a los que se pretenden comprar, especialmente
los zapatos.
Al igual que en el
caso de los hombres, lo principal en la
vestimenta formal tradicional de las mujeres
es la chaqueta. Sin embargo, las mujeres
disponen de una mayor variedad de opciones,
estilos y combinaciones posibles. Esto
puede ser tanto una bendición como
una maldición. Sin embargo, el
conjunto ideal está ahí
fuera, en alguna parte... tan sólo
hay que buscarlo bien. Así que,
Alison y yo pasamos 5 horas de compras
con Jen (mi búsqueda de un traje
de caballero para la versión masculina
del artículo fue mucho más
corta, más "cazar" y
menos "recolectar").
Primer paso:
el traje de entrevistas
La vestimenta formal
más tradicional y también
la más segura para una entrevista
es, en realidad, la misma que para un
hombre: un sencillo traje color azul.
Es una buena elección como "primer
traje". Por ejemplo, si necesitas
un traje para una entrevista, pero prefieres
esperar a conseguir un trabajo para comprar
el resto del vestuario porque te hace
falta el dinero, lo que necesitas es un
traje azul.
Busca uno que puedas
ponerte en cualquier época del
año -de seda o lana fina- por si
tardas algún tiempo en encontrar
el trabajo de tus sueños.
Sin embargo, incluso
dentro de esta estrecha categoría
se pueden encontrar una amplia gama de
cortes y estilos: de chaqueta recta, cruzada,
con cuello de chal e, incluso, sin ningún
tipo de solapa. Si no estás segura
de cuál de ellos te sienta mejor,
prueba todos los estilos que encuentres.
Yo me quedé asombrado de la cantidad
de estilos que hay y de lo diferentes
que parecían una vez puestos (fíjate
en la discusión a continuación).
Jen se probó
varias versiones del traje azul. Una falda
ajustada que se va estrechando gradualmente
desde la cadera hasta el dobladillo suele
sentar bien a muchas mujeres. Llegados
a este punto, lo principal es encontrar
algo que te guste y con lo que estés
cómoda. Lo último que querrías
es distraerte durante la entrevista por
culpa de tu ropa.
Largo de la falda:
busca la que te siente bien. Justo por
encima de la rodilla suele favorecer a
la mayoría de las mujeres y no
resulta demasiado corta. Para comprobar
si una falda es "demasiado corta",
siéntate y prueba a cruzar y descruzar
las piernas unas cuantas veces. No compres
una falda que te obligue a retocarla cada
vez que te sientes; no creo que quieras
parecerte al Capitán Picard, que
tiraba continuamente de su uniforme. Tampoco
te interesa llevar nada que pueda ser
considerado una minifalda, independientemente
de cómo sean tus piernas. Si, por
el contrario, prefieres llevar faldas
largas, también resultan bastante
formales y pueden llegar a sentar muy
bien.
Ahora que ya tienes
traje, ¿cuál es el siguiente
paso? Tanto mi mujer como Jen son grandes
partidarias de una simple camiseta de
punto, aunque hay camisetas preciosas
de marcas más caras y de mejor
calidad. También pueden ser de
seda, pero resultan un poco anticuadas.
Las camisetas de punto vienen de todos
los colores y la típica pregunta
de si "es mejor llevar el cuello
por dentro o por fuera de la chaqueta"
es indiferente.
Para la entrevista,
ponte una camiseta de punto o una blusa
de color blanco. Nadie odia el blanco.
A Jen le quedaba genial un traje azul
con una camiseta de punto blanca, impecable,
sin adornos ni distracciones, sólo
trabajo.
Manteniendo la línea
de la neutralidad, no enfoques tu entrevista
como una cuestión de estilo personal.
Lo que quieres es que el entrevistador
se fije en tus cualidades. Además,
te interesa ser lo suficientemente genérico
como para que el entrevistador te pueda
imaginar en el puesto de trabajo. Estos
son algunos de los trucos de Jen y Alison:
- Nada de pendientes
largos -cuanto más pequeños,
mejor.
- Ningún perfume -es mejor no llevar
nada que pueda llegar a molestar o disgustar
al entrevistador o, simplemente, producirle
alergia.
- Nada de joyas, salvo tu anillo de boda
y/o de compromiso.
- Un maletín o un bolso. Los dos
sería demasiado.
Recuerda: Estos trucos
son para una entrevista de trabajo tradicional.
Debes estar al tanto, dentro de lo posible,
del entorno de tu entrevista. Obviamente,
una empresa de Silicon Valley será
mucho más informal que una consultoría
de la costa este. En cualquier caso, si
no estás segura, ponte el traje
azul. Mientras vayas mejor vestida que
los que te rodean, no hay problema. Es
una muestra de que te tomas en serio la
entrevista.
Segundo paso:
atuendo de trabajo tradicional
La vestimenta de
trabajo tradicional es más de lo
mismo, pero en otros colores, además
de azul. Puedes optar por un estilo más
"personal", como por ejemplo,
una camiseta de punto de color claro o
una blusa con un estampado a juego.
De hecho, puedes
llevar trajes de colores claros si quieres,
pero ten en cuenta que los colores que
ahora están de moda pueden quedar
en poco tiempo obsoletos. De este modo,
es más fácil y más
barato mantener de actualidad un traje
de un color neutro acompañado de
alguna prenda de colores claros que un
traje verde-lima. Además, le sacarás
más partido, pues al no ser llamativo,
podrás ponértelo con frecuencia
sin que los demás lo perciban (por
el contrario, tus compañeros sí
que notarán con qué frecuencia
te pones el traje verde-lima).
Por ejemplo, el conjunto
que más me gustaba para Jen era
una chaqueta beige con un pantalón
a juego y una camiseta de punto color
marfil. El corte de la chaqueta le sentaba
muy bien y le daba un aire de competencia
y autoridad.
Pantalones: un traje
de pantalón, en lugar de una falda
es perfectamente válido, aunque
menos formal. En general, la falda se
considera más elegante que los
pantalones.
También apropiado,
aunque menos formal que un traje de un
solo color, es un traje con la chaqueta
de un color o estampada y una falda de
otro color que combine con ella.
Jen parecía
venir de Harvard con una chaqueta a cuadros
y falda negra. Este fue el conjunto que
más le gustó a Alison, en
parte porque ella daría lo que
fuera por una chaqueta como esa.
Entonces Jen dijo
algo en lo que yo no había pensado:
hay que tener cuidado de no vestir de
un modo excesivamente elegante en acontecimientos
de tipo científico. Por ejemplo,
no ponerse un traje de Armani para dar
una conferencia de un tema científico
en un ámbito académico,
pues te arriesgas a que el público
piense que valoras más el estilo
que el contenido en sí. Entre algunos
científicos existe el tópico
de que cierto grado de dejadez en la forma
de vestir implica una mayor preocupación
por tu trabajo. De ahí se deduce
que, si tu aspecto es demasiado bueno,
no debes estar trabajando todo lo debido.
Por suerte, este esnobismo excéntrico
no se da en el resto del mundo, en donde
tener una buena imagen es sinónimo
de ser competente.
Tercer paso:
lo que está bien y lo que no
Busca los estilos
que mejor te sienten. Hay muchos tipos
de cuerpos con formas y medidas distintas
y la vestimenta adecuada varía
para cada uno de ellos. Lleva contigo
a un amigo de confianza, alguien totalmente
sincero, que sepas que no te dejará
ir en busca de trabajo con un aspecto
ridículo.
A menudo, las diferencias en el corte
y en las marcas son muy sutiles y a primera
vista inapreciables, pero muy importantes
cuando se prueban. Por ejemplo, encontramos
dos conjuntos similares, que una vez puestos
en Jen parecían muy diferentes.
Una americana roja
y una blusa con cuellos con una falda
negra no le favorecía mucho. ¿Por
qué? La chaqueta era demasiado
larga y entubada. Le hacía los
hombros y el torso más estrechos
y no definía lo suficiente su cintura.
Jen parecía estar embutida en la
chaqueta.
Cambiamos de tienda
y encontramos una americana roja aparentemente
igual a la anterior, pero ésta
¡le quedaba perfecta! Como era menos
rígida, la podía llevar
abierta y definir con un cinturón
negro su cintura. En esta ocasión,
se podía decir que Jen "llevaba"
la chaqueta, en lugar de estar achicada
por ella. Esta chaqueta, combinada con
unos pantalones de color caqui a los que
hacía falta subir el dobladillo,
resultaría demasiado informal para
una entrevista, pero valdría perfectamente
para una reunión informal de trabajo.
Y esto no es
más que una pequeña muestra...
Un solo día
de compras apenas deja entrever la cantidad
de posibilidades que ofrece el vestuario
profesional de las mujeres. Hay algunos
libros excelentes a la venta que tratan
este tema. A mí me gusta The New
Profesional Image, de Susan Bixler, una
guía práctica bastante amplia
acerca de cómo deben vestir, tanto
hombres como mujeres, en un entorno profesional.
Para más información sobre
la moda femenina, podéis consultar
el libro Style, de Elsa Klensch.
Romper el estereotipo
que hay acerca de los Doctores
Puede que la
imagen que se cree alguien de ti al mirar
tu currículo y leer "Doctor"
junto a tu nombre, no sea muy favorable.
Por ello, quizá el motivo principal
por el que hay que esforzarse por conseguir
una apariencia profesional, sea el de
desafiar los estereotipos que tengan sobre
ti. Si llegas a una entrevista de trabajo
con un aspecto serio y profesional, harás
que olviden todos los estereotipos negativos
que tengan acerca de los Doctores. El
único estereotipo que se mantiene
en pie ahora es el de que eres alguien
muy brillante. ¡Asegúrate
de ese permanece vigente!
¡Buena suerte ahí fuera!
y, de parte de todo el equipo de Next
Wave y mía, ¡adelante, chicas!

Cómo
llegar a dominar la temida entrevista
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