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Y me consta que no soy la única a la que le sucede esto. Un artículo reciente publicado en el portal tecnológico CNet.com señalaba que el empleado de oficina medio se ve interrumpido por un email, un mensaje de texto, una llamada telefónica, o algo por el estilo, una vez cada tres minutos. Normalmente, al teléfono del despacho me llaman supervisores y compañeros de trabajo, pero es habitual que reciba, también, al menos una llamada persona a mi móvil. No es que quiera justificarme ni buscar excusas, pero es que si aparte de trabajador, se es madre (o padre), es difícil desconectar de esa otra parte de tu vida. Por sistema, procuro ser muy breve en mis conversaciones con la familia, pero jamás son lo suficientemente breves como para evitar que desconecte con la actividad en la que estaba enfrascada previamente.
También cedo ante las distracciones sociales. Una compañera de trabajo se pasa por mi oficina para hacerme una pregunta rápida y la conversación se dilata en el tiempo con anécdotas sobre el ligue del fin de semana o la enfermedad de su madre. No hay modo agradable alguno de ponerle fin a estas tertulias.
Finalmente, los pensamientos intrusivos de los que nadie puede salvarse son los relacionados con problemas de la vida real, vinculados a la salud, las relaciones interpersonales y el dinero. “Mi mayor distracción con diferencia son las pensamientos vinculados con el tema de mi deuda, que se va haciendo mayor cada día que pasa”, dice un postdoc de San Diego, California. “Me estoy dando cuenta de que los salarios de dos científicos no llegan para financiar las necesidades básicas de nuestra familia, y de que es poco probable que nuestras carreras profesionales progresen de forma que podamos salir a flote dentro de relativamente poco”.
Algunos asuntos que demandan nuestra atención – los cotilleos en la oficina, los compañeros de trabajo que no esperan a después de las seis a contarte sus problemas personales – constituyen, sin lugar a dudas, distracciones a toda regla que nos impiden dedicarnos al trabajo al que deberíamos estar entregados. Pero en cualquier momento dado, la mayoría de nosotros nos encontramos con que tenemos más de un hierro en el fuego a la vez. Hoy en día, pocas personas tienen el lujo de poder centrarse en una única tarea durante un periodo considerable de tiempo. Muchas tareas – especialmente en el laboratorio, y dentro de un equipo amplio – tienen sus propios horarios inflexibles, y cada uno tiene que preocuparse por conseguir terminar su trabajo y, a la par, ir acomodando las intrusiones que se van imponiendo en la jornada, conforme se va desarrollando. Así que aunque tenemos que hacer frente a las distracciones “auténticas”, el gran desafío es, muy a menudo, gestionar tareas múltiples.
Multi-tasking (multitareas): ¿un mito?
Algunas personas creen que pueden hacer dos o más cosas a la vez, sin por ello ser menos eficientes. Mi hijo adolescente, por ejemplo, jura y perjura que puede estudiar, enviar mensajes de texto y escuchar música al mismo tiempo. El término “multitareas” fue acuñado por el mundo de la informática para capturar la idea de que una unidad de procesado central puede realizar dos o más tareas simultáneamente. Pero todavía es polémica si una persona puede hacer lo mismo de forma eficaz.
En estudio reciente, los psicólogos Jennifer Johnson y Robert Zatorre de la McGill University de Montreal (Canadá) reclutaron a voluntarios para determinar el funcionamiento del cerebro a la hora de gestionar inputs simultáneos de información provenientes de múltiples fuentes distintas. A los voluntarios se les pidió que prestasen atención a melodías que nunca habían escuchado; a formas geométricas; y finalmente, a ambos estímulos a la vez. Cuando los investigadores utilizaron resonancias magnéticas para visualizar la función cerebral de los sujetos, descubrieron que el aumento de actividad en la porción frontal izquierda del cerebro estaba asociado a la realización de multitareas. En un congreso reciente de la Organization for Human Brain Mapping en Toronto (Canadá), los investigadores hipotetizaron que los lóbulos frontales podrían venir a ser una especie de “mastermind”, que dirigiría la actividad cerebral y nos permitiría realizar dos actividades paralamente.
“El conocido fenómeno de la fiesta-cocktail permite incluso al observador casual darse cuenta de que practicamente cualquier persona puede dividir su atención y enterarse de con quién está saliendo Juan (a través de la conversación del vecino), y a la vez sonreir educadamente y oír al jefe del departamento hablar sobre el nuevo presupuesto para el laboratorio”, dice G. Andrew Mickley, catedrático de Psicología y director del programa de neurociencia del Baldwin-Wallace College de Berea, Ohio. “Pero normalmente, la tarea que se está realizando y el estímulo que interfiere con ella, chocan. La atención no deja de ser el mecanismo del que disponemos para consagrar un recurso limitado (nuestro tiempo y nuestra energía) a la información más importante. Nuestra productividad depende, en última instancia, de esta habilidad tan tremendamente básica”. Mickleyañade que todavía nos queda muchísimo por aprender sobre la arquitectura del cerebro, y la vinculación entre éste, la atención y la distractabilidad.
Distracciones llevadas al extremo
“El punto hasta el cual somos capaces de digerir información, o dejarnos distraer por ella, varía enormemente entre individuos; los casos más extremos en ocasiones se diagnostican con un trastorno por déficit de atención con hiperactividad (Attention-Deficit Hyperactivity Disorder o ADHL)”, dice Mickley. “¿Pero cómo de distraible es ser demasiado distraible?”, pregunta.
La respuesta no es sencilla. Los síntomas de los trastornos de atención en adultos se manifiestan, típicamente, en tres áreas: incapacidad para concentrarse, desorganización e impaciencia. Sólo es posible proceder a un diagnóstico tras un cuidadoso historial médico con un profesional clínico formado en el área.
Los trastornos de atención son el resultado de una compleja interacción de factores genéticos, bioquímicos y medioambientales. Yambién se especula una posible reducción de la actividad del lóbulo central en estos individuos. Un artículo reciente que se ganó la portada del U.S. News and World Report informaba que unos 9 millones de adultos estadounidenses (un 5% de la población, aproximadamente) podrían tener un trastorno de déficit de atención o ADHD. Aunque los síntomas se suelen dejar ver en la infancia, sólo uno de cada cuatro individuos afectados es diagnosticado.
Estrategias tecnológicas sencillas para mantener la atención
“A menudo, el que hace varias cosas a la vez no presta atención ni le da el 100% a nada”, dice Marcia Merrill, coach profesional de Baltimore. “Los trabajadores veteranos pueden enseñar a los nuevos reclutas de nuestras respectivas empresas a hacer lo que tienen que hacer, manteniendo niveles de concentración altos”.
Megan Hill, postdoc en el Departamento de Ciencias Biológicas de la Universidad de Buffalo, se auto-disciplina forzándose a leer el email solamente dos veces al día: a primera hora de la mañana, cuando llega al laboratorio, y antes de volver a casa cada tarde. También mantiene su móvil desconectado en el trabajo. “En casos de emergencia, se me puede localizar en el número fijo del laboratorio”, señala. En cuanto a las “tertulias” amistosas, Hall siente que tiene la responsabilidad de interactuar con los estudiantes de licenciatura y los doctorandos. “Pero trato de que sean conversaciones de corte científico y no personales”, dice.
“Lo que me ayuda es prometerle a mi jefe que tendré el trabajo, el experimento o la presentación listas para tal o cual fecha”, dice Laetitia Delmau, investigadora del departamento de ciencias químicas del Oak Ridge National Laboratory (Tennessee, Estados Unidos), dependiente del Ministerio nacional de Energía. “Cuando hablas de hacer algo, el plazo se hace menos y menos imperativo, conforme van surgiendo otras obligaciones; pero cuando te comprometes verbalmente, tiendes a poner tu honor en su cumplimiento”, dice.
Ian Henderson, investigador postdoctoral del Departamento de Biología molecular, celular y de desarrollo de la Universidad de California en Los Ángeles (California, EE.UU.) dice que su trabajo exige “multitareas”. “No todos los experimentos funcionan todo el tiempo, así que para poder generar datos y a la vez no desmoralizarse, es vital realizar varios simultaneamente”, dice. “El número de experimentos que se pueden hacer a la vez variaría de persona en persona”, añade. Henderson utiliza tres listas como herramientas para “reiniciar” su cerebro tras una distracción: una con objetivos de investigación a la rgo plazo; otra con objetivos diarios, y una tercera con tareas / recordatorios para experimentos complicados.
“El mejor consejo es, probablemente, una píldora demasiado grande para los tecnofanáticos. Apague su móvil. Elimine las alertas automáticas de su programa de correo electrónico, y organice su tiempo en torno a los objetivos que se haya fijado para ese día”, dice Mickley. “Cerrando algunas de las compuertas a su cerebro, es posible que se encuentre con que puede abrir otras”.
Recursos:
Preguntas frecuentes sobre el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (ADHD)
El ADHD en adultos: hoja de datos (contiene una sección en español)
NOTA: el equipo editorial de Next Wave desea crear un monográfico sobre “pasiones secretas”.
Incluso aquellos de nosotros que estamos a gusto en nuestro trabajo, a menudo tenemosuna pasión secreta que llena cada una de nuestras horas libres. ¿Hay algo que le guste hacer en su tiempo libre – algo totalmente distinto a su trabajo – que vivifique su espíritu y acaricie su alma? ¿Un interés? ¿Un hobby? ¿Otro tipo de trabajo? Nada obsceno, por favor. Escríbanme, en inglés, a Irene.mindmatters@gmail.com.
Irene S. Levine es periodista freelance y ha colaborado en muchos de los principales periódicos y revistas estadounidenses. Psicóloga de formación, trabaja a tiempo parcial como científica investigadora para el Nathan Kline Institute for Psychiatric Research de Nueva York, y da clases de psiquiatría en el New York University School of Medicine. Vive en Chappaqua, Nueva York. |