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En la trayectoria
de Blasco destaca, de forma recurrente,
la linealidad, la rapidez y la efectividad
de sus sucesivos pasos profesionales.
Se inició en la biología
molecular en 1989, con una licenciatura
de cinco años en la Universidad
Autónoma de Madrid, "la
única universidad española
que tenía esta especialidad",
explica. Prosiguió, a continuación,
con estudios de doctorado, en el Centro
de Biología Molecular Severo Ochoa,
con una tesis sobre la replicación
del ADN, graduándose en 1993.
Post-doc en el Cold
Spring Harbor Laboratory
Ese año 1993
coincidió también con la
época en que se comenzó
a asociar la telomerasa (una enzima relativamente
semejante a la que Blasco estaba analizando)
con el desarrollo del cáncer en
seres humanos. "Esta línea
de investigación me pareció
muy atractiva", recuerda Blasco,
por lo que se dispuso a buscar un laboratorio
que le permitiese realizar un post-doc
sobre el tema. Así es como aterrizó
en el Cold
Spring Harbor Laboratory en Nueva
York, EE.UU. Fue la única carta
que jugó; no exploró ninguna
otra alternativa. "Todo apuntaba
a que esa era la opción ideal.
Ante todo, estaba el tema de la investigación;
y aparte, me atraía la idea de
vivir en EE.UU. y cerca de Nueva York.
También sabía, a través
de algunos amigos, que el laboratorio
de la telomerasa dirigido por Carol Greider
era realmente puntero en lo suyo".
Así que solicitó
el post-doc en cuestión, visitó
el laboratorio y consiguió el puesto
que quería. "Tuve suerte",
afirma Blasco, "hoy por hoy, realmente
creo que es esencial apostar por más
de una opción" a la hora de
considerar destinos post-doctorales. Asimismo,
Blasco recomienda irse "al extranjero,
y especialmente a EE.UU, ya que es allí
donde tiene lugar casi toda la acción".
Aunque añade rápidamente
que en Europa también se está
haciendo una ciencia de gran calidad,
"los laboratorios de EE.UU. trabajan
más rápido y son más
dinámicos; es bueno ver cómo
funcionan". Piensa que el entorno
de trabajo de los EE.UU. ayuda a los post-docs
a ganar confianza en sus habilidades científicas.
"Los post-docs disfrutan de una mayor
libertad de movimientos en sus proyectos
de investigación, y su trabajo
se reconoce más", explica
Blasco.
En los laboratorios
estadounidenses también percibió
una ambición más tangible
y una mayor motivación por la progresión
profesional, algo que Blasco atribuye
al hecho de que en EE.UU., casi todos
los investigadores son post-docs, mientras
que en España la mayoría
son doctorandos. "Esta diferencia
de base deriva en comportamientos diferentes,
porque los post-docs tienen ya vidas más
organizadas y son más ambiciosos.
Cuando se es investigador post-doctoral,
se sigue aprendiendo, pero siempre se
piensa en dar todavía otro paso
más".
Como muchos otros
post-docs españoles expatriados,
Blasco esperaba que su próximo
paso profesional la devolviese a su país:
"No hubiese vuelto si no hubiese
encontrado un trabajo de mi gusto".
La oferta que la convenció fue
un puesto permanente en el Departamento
de Inmunología y Oncología
del Centro
Nacional de Biotecnología en
Madrid, al que se incorporó en
1997. Recibió espacio de laboratorio
y financiación para contratar a
tres doctorandos para así crear
su propio grupo de investigación
sobre la actividad de la telomerasa. Su
salario se lo proporciona el Consejo
Superior de Investigaciones Científicas
(CSIC). "Normalmente, se tienen que
solicitar becas", dice. "Yo
tuve suerte porque no perdí nada
de tiempo en los trámites".
Su aterrizaje en
este puesto ha podido ser fruto, efectivamente,
de la buena fortuna, pero dudo mucho que
se hubiese dado de no ser por la enorme
valía y perspicacia de nuestra
protagonista. "Supe acerca de este
empleo porque mi marido, que por aquel
entonces también trabajaba en Cold
Spring Harbor, fue contactado por el departamento
[de Madrid], que en aquel entonces estaba
buscando jóvenes científicos
que quisiesen formar sus propios grupos",
explica. Decidió ponerse en contacto
con ellos y hablarles de su proyecto -
en un campo que estaba emergiendo en Europa
- y logró despertar su interés.
"El puesto fue mío gracias
a mi tema de investigación, y también
gracias a que tenía buenas publicaciones,
que me permitieron obtener un puesto permanente
en el consejo de investigación",
afirma. A su marido también le
ofrecieron un puesto en el mismo centro
madrileño de biotecnología.
Recuerda que, para la pareja, fue un gran
alivio el que los dos encontrasen trabajo
en la misma institución y además,
al mismo tiempo, "de forma que ninguno
de los dos se vio obligado a sacrificar
nada".
Blasco permaneció
siete años en el Centro Nacional
de Biotecnología. "Mientras
tanto, supe que se estaba construyendo
el Centro Nacional de Investigación
Oncológica (CNIO),
con Mariano Barbacid como director, y
pensé que sería un lugar
de trabajo ideal". Dice que confió
plenamente en la habilidad de Barbacid
para convertirlo en un lugar de excelencia,
y que el modo en que se iba a organizar
el centro prometía una flexibilidad
nunca antes vista en España.
En 2003, Blasco fue
contratada por Barbacid, quien le ofreció
la oportunidad de dirigir el Programa
de Oncología Molecular, que hoy
en día engloba nueve grupos. "La
comunidad científica en España
que investiga sobre el cáncer no
es tan grande, así que Barbacid
conocía a todo el mundo del gremio
y consideró que mi proyecto era
interesante", dice con modestia.
Barbacid, no obstante, señala que
vio en María "uno de los mejores
científicos, no sólo de
Europa, sino de toda la comunidad científica.
Podría ser profesora titular en
cualquiera de las mejores universidades
estadounidenses. También transmite
el tipo de liderazgo que me gusta ver
en la gente joven".
En el CNIO, Blasco
recibió más espacio de laboratorio
y la posibilidad de contratar a más
científicos. La plantilla de su
laboratorio ahora incluye a siete doctorandos,
seis post-docs y dos investigadores senior
con contratos
Ramón y Cajal.
Fue Barbacid quien
nominó a Blasco para la Medalla
de Oro de la EMBO de este año,
siendo ella la primera española
(y español) que obtiene esta distinción.
Ofrecida anualmente a un científico
menor de cuarenta años que trabaje
en Europa, el premio (una medalla de oro
y un premio en metálico de 10,000€)
reconoce contribuciones excepcionales
en el campo de la biología molecular.
"En un país pequeño
[científicamente hablando] como
España, en el que hay muchas personas
compitiendo por el mismo trocito de tarta,
este tipo de reconocimiento internacional
ayuda a colocar a María un paso
por delante de los demás",
señala Barbacid.
No un camino de
rosas
El historial de Blasco
puede ser impresionante, pero esto no
quiere decir que su carrera haya sido
un camino de rosas. "Tuve épocas
de confusión", dice. Cuando
"tienes tu propio laboratorio, puedes
decidir qué quieres estudiar y
cómo quieres hacerlo", añade.
Pero antes de lograr esta libertad, "tienes
que trabajar mucho. Es importante buscar
un proyecto que te guste de verdad; si
no, resulta muy duro seguir adelante".
El encontrar un buen equilibrio entre
la vida laboral y personal también
es esencial: "En ocasiones el trabajo
puede llegar a ser muy frustrante; es
necesario desconectar".
Así que, ¿qué
ingredientes se necesitan para triunfar
en el mundo académico? Blasco nos
da una respuesta característicamente
modesta: "Me limito a dirigir mi
laboratorio y a preocuparme de que los
proyectos de los estudiantes también
funcionen", a la vez que hago trabajo
"de interés para mis compañeros
del gremio". También recomienda
seleccionar un campo de estudio que sea
relativamente innovador e interesante,
en la medida que esto "probablemente
facilite las publicaciones". El trabajar
cerca de la frontera científica
también significa que "a algunos
estudiantes realmente les encanta la disciplina,
y son estos los que llegan más
alto, siempre". Triunfar en la ciencia
también requiere tener una verdadera
pasión por la investigación
("es un trabajo muy particular")
y "capacidad para enfrentarse a situaciones
que pueden ser muy frustrantes".
Blasco desearía
animar a las científicas, en particular,
a solicitar puestos permanentes. "Tienen
que tener confianza en ellas mismas y
nunca pensar que jamás lo lograrán,
si saben que eso es lo que quieren",
señala. La preferencia de género
es algo que nunca vivió en sus
carnes, aparte de la presuposición
ocasional, cuando regresó de los
Estados Unidos, de que trabajaría
para su marido en lugar de dirigir su
propio laboratorio.
Blasco es optimista
en lo que se refiere al futuro de otros
jóvenes científicos españoles.
"Ahora, hay más oportunidades
para regresar del extranjero y crear un
grupo de trabajo propio en España",
dice, "y no sólo en Madrid
y Barcelona. Se puede elegir entre diferentes
centros; lo que se necesita es un buen
CV y un campo de investigación
interesante".
¿Y
usted? ¿Ha pensado en solicitar?
Swiss Bridge Award for Research in Cancer
[Premio Swiss Bridge de investigación
oncológica]. Financiación
para investigación oncológica
básica, genética y epidemiología,
psico-oncología e investigación
sobre prevención. (El total del
apoyo financiero se estima en unos 500.000
Francos suizos). Pueden solicitarlo todos
los científicos de instituciones,
académicas y no académicas,
de investigación oncológica
de toda Europa.
ELSO
Early Career Award [Premio ELSO
para las jóvenes carreras profesionales].
Premio anual abierto a jóvenes
científicos que estén comenzando
su andadura profesional investigadora
en el área de las ciencias moleculares.
Han de trabajar en Europa. Bajo nominación.
Josef Steiner Cancer Research Award
[Premio Joseph Steiner de investigación
oncológica]. Financiación
de hasta 1.000.000 Francos suizos durante
cuatro años para investifación
oncológica, más un premio
personal de 50.000 Francos suizos y la
asistencia a un congreso científico.
Para jóvenes científicos
de todo el mundo, aunque tienen prioridad
aquellos establecidos en instituciones
europeas.
Universalia
Research Award. Premio de 18.000
€, abierto a investigadores que trabajen
en España, con una edad inferior
a los cuarenta años.
Carcinogenesis
Young Investigator Award. El premio,
de 2000$, se le otorga a un investigador
en el campo de la carcinogénesis
menor de cuarenta años. Bajo nominación.
EMBO
Gold medal. Premio anual (medalla
de oro y un premio de 10.000 €),
abierto a jóvenes investigadores
en biología molecular que trabajen
en Europa. Bajo nominación.
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